Duhalde con escollos: se habla de elecciones y de golpe
Es que debe concluir con los gobernadores la negociación sobre el futuro reparto de los impuestos federales, que está vinculado al fervor que pongan los diputados nacionales tanto del justicialismo como de la Unión Cívica Radical para aprobar otro asunto vital dentro del enfoque económico oficial: el presupuesto.
Si fuera sólo eso podría leerse como la puja natural por el reparto de las gabelas. El FMI pidió que se abandone el envío a las provincias de un piso mínimo mensual y se consiga un reparto menos sólido, casi a suerte y verdad, con lo que se recaude mensualmente, una tarea ímproba porque son cada vez menos los argentinos que pagan impuestos. La fuerte caída en la recaudación de febrero está calculada en cerca de un 25%. Duhalde sostuvo que «tiene relación con que la economía está muy trabada y el destrabe que hacemos es lento».
Hay quien cree que algunos gobernadores no le ven futuro al actual presidente y de allí su reticencia. Ha sido en este sentido muy significativo el reclamo que hizo el diputado peronista por Santa Fe, Jorge Obeid: que se llame a elecciones para todos los cargos dentro de seis meses, para barajar y dar de nuevo previendo una frustrada gestión de Duhalde.
Importa saber que Obeid es el principal operador en el Parlamento del gobernador Carlos Alberto Reutemann. Otros dos, el de Córdoba, José Manuel de la Sota, y el de Santa Cruz, Néstor Kirchner, le reclaman a Duhalde que antes de que sea tarde se llame a elecciones generales.
Aunque su peso es ahora menor, Carlos Menem también se sumó a esos reclamos y criticó duramente el rumbo del gobierno anticipándole un futuro riesgoso: «Duhalde esta desorientado».
Ayer estaba previsto, al menos en la información oficiosa, un encuentro de Duhalde con los gobernadores, pero la falta de consenso frustró la reunión. Duhalde advirtió antes que el acuerdo con los gobernadores por la coparticipación federal «no es tan rápido como se está planteando por allí», al tiempo que ratificó que si no viene ayuda financiera del Fondo Monetario Internacional va a ser «muy difícil» salir de la crisis actual.
Anoche Duhalde buscaba separar la coparticipación federal del presupuesto para 2002, en un encuentro crucial con los diputados nacionales del bloque oficialista. Sin esas dos medidas o leyes, el ministro de Economía no puede pedir iniciar siquiera las negociaciones con el FMI. Este organismo envió señales de gran dureza por la falta de planes «sustentables» para negociar que se destraben créditos concedidos un año atrás.
Pero el secretario del Tesoro, Paul O’Neill, haciendo de «policía bueno», elogió el rumbo emprendido por el gobierno argentino. De todos modos, el alto funcionario norteamericano dejó en el FMI la adopción de las resoluciones.
El FMI reclama, además, que se aclare cómo se renegociará la deuda en manos de acreedores extranjeros, ya que Argentina está en cesación de pagos; cómo se financiará la pesificación de la economía y no le gusta una ley sobre quiebras aprobada por el Parlamento: quiere que se derogue porque «discrimina» contra los bancos, dice.
El presidente está en un brete, ya que reiteró que sin ayuda del FMI «será difícil» salir de la crisis. «Si no hay un acuerdo (con el FMI), si no nos dan una mano, va a ser muy difícil salir, es cierto, pero todos los países igualmente salen de crisis profundas, aunque si nos ayudan, mucho mejor», afirmó.
Duhalde coincidió con su par brasileño, Fernando Henrique Cardoso, quien dijo que el sistema financiero argentino es como la circulación de la sangre y que el corazón es el FMI. Remarcó el presidente: «Si no nos dan una mano, va a ser muy difícil salir». Cardoso dijo algo más, según la publicación brasileña «Valor»: si no encauza la crisis, el sistema democrático entraría en peligro.
Esas palabras y versiones sobre reuniones entre banqueros con militares pusieron cierta pizca de realidad sobre malestar en las FFAA. «No hay ningún golpe», dijo ayer el ministro de Defensa, Horacio Jaunarena. Pero lo novedoso es que se habla de ello cada vez más.
Un hombre de la derecha extrema, el alcalde de Escobar, Luis Patti, anticipó que «la democracia se termina». El caos, con que define la movilización popular, «lleva a la anarquía y de allí a la suma del poder. Espero que no caiga en manos de un loco».
Duhalde busca apoyo de sus partidarios
El viernes se inauguran las sesiones ordinarias del Parlamento y los duhaldistas se ha propuesto poner en la plaza adyacente a ese Palacio a miles de peronistas como muestra de respaldo a su máximo dirigente.
La movilización es tanto una señal a los que creen que el presidente está debilitado, como, y esto es lo fundamental, una manera de gritar que el peronismo no ha perdido la calle en manos de los movimientos populares que surgen desde el corazón de los barrios, como el de los desocupados organizados, los piqueteros.
El coordinador general de la Presidencia, José Pampuro, que es algo así como el sístole del corazón presidencial, no descartó convocar a un plebiscito para legitimar el mandato del jefe de Estado, lo que sería una manera de responder a las presiones por elecciones.
Pampuro fue claro: señaló que hay «gobernadores, algunos con razones políticas y otros con razones provinciales» que debilitan la legitimidad del gobierno. Señaló al santacruceño, Kirchner, como uno de los que «vienen planteando una necesidad de elecciones», al igual que el cordobés, De la Sota, «un hombre que debe estar evaluando su propia estrategia política». «Si la situación así lo requiere, el plebiscito se hará», enfatizó.
Y para que no queden dudas sobre quién está detrás de la movilización del viernes, Pampuro ratificó su realización. Se hará el rótulo de la «Plaza de la Esperanza». Los promotores del plebiscito consideran que su instrumentación dependerá, en gran medida, de la definición que tengan esta semana la firma del acuerdo con los gobernadores por la nueva coparticipación y la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto de ley de presupuesto.
De todos modos, el lunes Duhalde viajará a Tierra del Fuego para desde allí inaugurar el ciclo lectivo. Hay gran tensión. *
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