Difícil futuro para Duhalde
ISIDORO GILBERT – CORRESPONSAL EN ARGENTINA
El tiene otra visión. En su primer acto de masas desde que es presidente, en Tucumán, prometió dos millones de subsidios porque la realidad le reveló que todo está peor de lo que imaginaba en cuanto a desamparo social. ¿Cómo lo financiará? Con los dineros de quienes ganaron en estos años de infortunio para la mayoría, como se lo demandaron los obispos alarmados por la extensión de la miseria. Veremos si no queda en promesas; otros recursos extraordinarios, como los provenientes del petróleo, duermen el sueño de los Justos.
De paso, Duhalde quiso exhibir que él también puede dirigirse a los desocupados, no solamente las organizaciones de los piqueteros, y con el mitin iniciar una contraofensiva y ganar la calle. Algunos de los suyos en el Gran Buenos Aires leyeron el santo y seña como ir con palos a agredir a la disidencia de izquierda.
Pero mientras promete empleos, anuncia que los sueldos de los empleados del Estado se pagarán en al menos dos cuotas, dependiendo de la recaudación. «Si no puede pagar sueldos, este gobierno tiene los días contados», señalaron cerca de Duhalde. Tal vez por eso, al primer mensaje tremendista le siguió otro suavizador. ¿Ha querido el gobierno exhibir un estado de cesación de pagos para que las demandas salariales, acicateadas por el costo de vida en trepada, no lleguen en avalancha?
Hay otros destinatarios: los gobernadores. Es que le ponen trabas a sus requerimientos de que cedan parte de los impuestos nacionales para que cumplan el doble cometido de que se reduzcan los déficit de las provincias, así como que se pueda financiar el presupuesto para este año de manera más creíble para el FMI.
Surgen dudas. ¿Hasta dónde influyen las propias angustias del interior para frenarle al presidente una de las iniciativas que más se le reclama desde Washington para abrir la mano e impedir que se derrumbe el frágil programa económico de Jorge Remes Lenicov? ¿Cuánto hay de resquebrajamiento en el frente interno, la siempre presente voracidad de los adversarios históricos de Duhalde que al percibirlo en declive buscan diferenciarse?
Los cercanos a Duhalde lo ven demasiado hablador, acaso improvisando. Estos días ha dicho cosas sobre el dólar o los combustibles de las que debió desdecirse urgentemente. De hecho se convierte en un comunicador más confuso que claro. Se exhibe (y desgasta) demasiado.
No han pasado dos meses, parece un siglo, y ya Duhalde debió negar que se proponga dimitir. Y en más de una ocasión reiteró que no habrá presidenciales anticipadas, como se las reclaman desde adentro de su fuerza Carlos Menem y los gobernadores de Córdoba, José Manuel de la Sota, y el de Santa Cruz, Néstor Kirchner.
Esto sin tomar en cuenta que una consigna favorita que se corea en asambleas barriales o en marchas de piqueteros es «que se vayan todos», una idea a la que la política con relativa mayor credibilidad, Elisa Carrió, le puso sordina: «La nueva casa se construye con los mismos ladrillos con que se destruye».
¿Hay chisporroteos entre el presidente y el canciller Carlos Ruckauf? «Trabaja para Duhalde dentro del propio gabinete», piensan unos. Otros creen que se profundizó un antiguo encono entre ambos.
Es una relación clave. Ruckauf debe operar en un contexto regional agravado por los hechos de Colombia y ya la cancillería recibió señales para que Argentina comience a involucrarse en esa guerra: ahora entrenando militares colombianos.
El ministro no cree que Duhalde lo desautorizará en su comprometido voto contra Cuba en Ginebra. Durante los próximos días, las dos cámaras del Parlamento reclamarán la abstención. ¿Qué voz escuchará el hombre de la Casa Rosada? Ruckauf piensa que no hay retorno en plena negociación con Washington para que el FMI no los deje solos.
Al FMI aunque no guste
Las vacilaciones de Duhalde, sus contradicciones casi cotidianas, serían –para sus allegados– consecuencia de su escaso convencimiento inicial sobre la necesidad ineludible de acordar con el FMI.
Su discurso mantiene la impronta nacionalista del peronismo histórico. El promete trabajo y producción pero al Parlamento le pidió aprobar un presupuesto recesivo. Y luego de remolinear con los reclamos del FMI ahora dice que sí. Pero cada reparo o exigencia que viene desde Washington lo retrotrae a la duda primitiva, es lo que sus aliados le imputan como lentitud.
Para Remes Lenicov «todos los caminos conducen al FMI». Y Raúl Alfonsín, que se dice socialdemócrata, es quien más fuerza pone para llegar antes que después a un entendimiento con el Fondo, como señal de credibilidad para un país aislado.
En Washington siguen pensando que el acuerdo con las provincias es primordial, igual que una reforma impositiva. El presupuesto como ha sido enviado al Parlamento no se pudo aún aprobar por resistencias cruzadas. Es poco creíble en cuanto al déficit real. O la meta de caída del PBI durante el año, el doble del 4,5% pautado, la forma en que se financiará, con una recesión que se profundiza y la imposibilidad de recaudar los gastos necesarios.
De la magnitud del ajuste gritan las cifras. El déficit real del año pasado fue de 13.800 millones de pesos y debe caer a 3.000 millones. Obvio: es de carácter recesivo e impone congelamiento de sueldos y cortes de partidas educacionales y sanitarias, y no puede alcanzar a atender las urgencias sociales que promete aliviar, al menos que arranque mayores recursos.
Por eso será insoslayable imponer retenciones a todas las exportaciones, excluyendo las industriales con alto contenido de insumos importados. Serán resistidas por los exportadores de cereales y carnes. ¿Las aplacará?: la experiencia de las retenciones a las ventas externas de hidrocarburos, votada hace más de 45 días y aún no reglamentada, revela que el lobby petrolero es más fuerte que las propuestas y deseos oficiales. Y que contra la palabra presidencial, impuso un incremento a los combustibles.
Para emparejar las presiones, Duhalde se respalda en un sector de la Iglesia Católica que le ha demandado que busque recursos entre los grandes ganadores del modelo de acumulación y distribución que afianzó Carlos Menem. Los prelados tienen razones de peso. Las cifras de la proliferación de pobres los ha espantado y necesitan fondos para paliar a corto plazo a hambrientos en masa, antes que éstos vayan por las suyas a buscar los alimentos donde están o se sumen a los piqueteros.
También necesita calmar a las capas medias afectadas por el corralito. La idea de flexibilizarlo y generar recursos para inversiones está atada a la capacidad de control del valor del dólar.
La demanda potencial de dólares no sólo puede surgir del circulante en poder del público (10.700 millones de pesos), sino del dinero que se puede mover libremente dentro del corralito (31.000 millones de pesos). Lo ideal sería hacer atractiva la inversión en pesos en el sistema financiero y evitar así su transferencia al dólar.
Con quién hay que contar
Desde que la gente salió a las calles en diciembre y derrumbó al gobierno de De la Rúa, emergió un actor político del que no se podrá prescindir. Por lo pronto puso en las puertas del ocaso a la plana mayor del radicalismo y del peronismo, aunque todavía parte de ella cuente con resortes institucionales y se resista al olvido.
Nadie se atreve a indicar cómo surgirá la generación de relevo, ya no sólo de las dos fuerzas políticas que han sido clave en la historia, sino la que debería surgir de este fenómeno de masas de las asambleas barriales que se ha ido conjugando con el de los desocupados organizados.
Los partidos
de izquierda histórica han ganado espacio, pero a costas de que las asambleas se vayan vaciando de concurrentes o manifestantes.
En el movimiento piquetero, la izquierda, la histórica y la nueva, juega un papel relevante. Le disputa la base habitual del peronismo, sobre todo en zonas de profunda marginalidad, lo que irrita al viejo caudillaje que no entiende por qué el presidente negocia con piqueteros cómo se distribuirán los subsidios para los desocupados, cuando ellos, los pequeños caciques, tenían hasta hace poco el monopolio de esos planes.
Como las organizaciones piqueteras distribuyen los subsidios con honradez –no quedan en el camino sumas, al menos importantes–, sus dirigentes ganan credibilidad y respeto. La pregunta es si todos ellos leen bien lo que ocurre. En cierto modo, gran parte de la masa que movilizan lo consiguen porque conquistaron el poder de distribución de planes sociales. Han elevado el nivel de conciencia y lucha de los pobres, pero es un interrogante saber si quieren acompañar la toma del cielo por asalto que pregona un sector de la izquierda.
La efervescencia que le añadió al piqueterismo, con años de acumulación en la lucha, el despertar de las capas medias, acicateadas en un principio por el despojo de sus ahorros, crea en algunos cuadros, los trosquistas en especial, la idea de que Argentina entró en pleno proceso revolucionario y las consignas por la toma del poder se escuchan con frecuencia, lo que no quiere decir con éxito.
No se lo creen, al menos por ahora, los trabajadores, desocupados o no, pese a su rebeldía creciente. Pero sí sectores conservadores que toman a pie juntillas cada una de esas consignas radicalizadas. Algunas capas acomodadas han entrado en estado de pánico y los grandes bancos, que en rigor sufren las iras de sus ahorristas, escasamente atraídos por el marxismo en cualquiera de sus versiones, adoptan posiciones a favor de salidas autoritarias.
Alfonsín hizo un llamado al orden desde su banca, en una escasamente feliz arenga, advirtiendo que el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes. Es una expresión de temor tanto a las masas en movimiento como a que la derecha apele a una salida autoritaria.
¿Salida por derecha?
El ex presidente ha advertido que si Duhalde fracasa, el país puede entrar en un callejón sin salida. Hay quienes lo leyeron como una apelación al miedo, para que el viento de las movilizaciones no tire el árbol de la coalición.
No hay que desoírlo a Alfonsín, pero si el actual gobierno no domina la crisis y no da salida a los graves problemas, será por su insistencia en caminar por el sendero marcado por el FMI, que ya deglutió a la Alianza y envió al basural de la historia al menemismo.
«De las crisis se sale solamente por derecha», se oye. ¿Sólo hay un abismo después de Duhalde? No hay respuestas sólidas, pero no es una fatalidad que el futuro sea un gobierno autoritario. «Lo pedirá la clase media hastiada por tanta movilización y griterío, cansada de cortes de ruta y marchas que trastocan el tránsito», insisten en el oficialismo, que desearía una tregua o, mejor, el silencio.
Son momentos clave, apasionantes y delicados. Va de suyo que la derecha no entregará dócilmente privilegios, pero no es la revolución lo que atraería a grandes mayorías.
Un eventual fracaso de Duhalde obligaría a llamar a elecciones anticipadas, acaso antes a una asamblea constituyente. Nadie sabe qué pasaría en ese escenario. El presidente prometió que en 60 días se verá la luz.
El futuro no se lee en la borra del café. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad