El "Gran Hermano" se instaló en Washington D.C

Washington, la capital de Estados Unidos, está continuamente controlada por una vasta red de cámaras, luego de los atentados del 11 de setiembre, una medida que preocupa a los defensores de las libertades individuales. El funcionamiento de la red, que incluye unas 200 cámaras que filman todos los rincones de la ciudad, tiene un costo de siete millones de dólares. Todas las imágenes convergen hacia un centro de comando ultramoderno, en la sede de la Policía local.

Allí, una pared cubierta por 22 pantallas permite a la Policía controlar numerosos lugares, tales como el Congreso, el monumento erigido en memoria de Abraham Lincoln y el distrito financiero. Las autoridades pueden también conectarse a otras redes de control por video, en los trenes subterráneos, escuelas y parques.

El objetivo del sistema, concebido antes de los atentados del 11 de setiembre, era ayudar a la Policía a garantizar la seguridad durante grandes eventos locales, como la asunción de un nuevo presidente, reuniones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional y las manifestaciones en torno a ellas. Pero luego de los atentados funciona permanentemente. «Es una manera eficaz de usar nuestros recursos al máximo», explica Terry Gainer, subjefe de la Policía de Washington. Rechazando las críticas contra la obsesión sobre la seguridad, el funcionario afirma que las cámaras normalmente no graban las imágenes, aunque un simple «clic» es suficiente para activar esta función. El sistema, señala el oficial, no se basa en la biometría –parámetros que permiten identificar a alguien por la estructura de su rostro– para eventualmente comparar las personas filmadas en bases de datos policiales. *

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