Las consecuencias del caso del náufrago cubano que llegó a Miami

Viejas fantasías independentistas

Washington, ANSA

Además, decenas de militantes anticastristas montaron una suerte de «cordón sanitario» en torno a la casa en la que vive por ahora el pequeño Elián, en el barrio conocido como «Little Habana» (Pequeña Habana), con su tío Lázaro, quien lo cobijó después de que a fines de noviembre fuera encontrado flotando sobre un neumático tras el naufragio de la balsa en la que su madre pretendía ingresar a Estados Unidos.

La madre y su entonces pareja –estaba divorciada del padre de Elián– murieron como consecuencia del naufragio.

El clima hostil que manifiestan los exiliados cubanos es palpable y ejerce tal influencia que el propio alcalde de Miami, Alex Panelas, anunció que no ayudará a los funcionarios federales que –una ver resuelta la última apelación judicial– acudan a buscar a Elián para restituirlo a su padre.

Panelas fue más allá aún: anunció que en el caso de que se produzcan disturbios o episodios de violencia, «la única responsable» será la secretaria de Justicia del gobierno de Bill Clinton, Janet Reno.

«Ahora tenemos una política exterior autónoma», dijo el director del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Florida International University, Lisandro Pérez.

«De los 2,1 millones de habitantes de La Florida, 800.000 son exiliados cubanos», agregó, al justificar su virtual declaración independentista.

Un exiliado que se identificó ante las cámaras de TV como José Ramos, anunció: «para que Elián pierda la posibilidad de un futuro dorado en Estados Unidos y vaya a vivir al infierno del socialismo, deberán pasar sobre mi cadáver».

La animosidad hacia Washington está alimentada, también, por noticias provenientes de La Habana, donde el padre de Elián, Miguel González, declaró –según fuentes de los exiliados– que está preparado para viajar a La Florida, acompañado por compañeros de estudios de su hijo, docentes, médicos y funcionarios cubanos.

«Esta es una cuestión humanitaria. ¿Por qué el padre de Elián la quiere convertir en una cuestión política?», se preguntan –y replican– los exiliados.

La conflictiva situación abrió, incluso, una grieta interna en la Casa Blanca, ya que el vicepresidente y postulante presidencial demócrata, Al Gore, tomó distancia de la postura oficial del gobierno, abiertamente proclive a restituir a Elián a su padre.

Gore, necesitado de votos para llegar a la presidencia, se mostró abierto a las reivindicaciones de los parientes «estadounidenses» de Elián e incluso deslizó la posibilidad de concederle al niño la ciudadanía norteamericana.

A esa virtual desautorización de Gore a las decisiones del gobierno de Clinton, siguieron informaciones originadas en fuentes muy cercanas a la Casa Blanca, que sugirieron que aun cuando la última apelación judicial confirme que Elián debe volver a Cuba con su padre, «podría pasar bastante tiempo» antes de que se produzca la restitución.

El vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, se convirtió en centro de una tormenta política al respaldar los esfuerzos por conceder al niño náufrago cubano Elián González la residencia permanente en este país.

Mientras que la Casa Blanca dijo que el presidente Bill Clinton no estaba enojado por las declaraciones de Gore, quien se alejó de la posición del mandatario estadounidense en el caso del niño de seis años, demócratas y republicanos lo acusaron de estar más motivado por sus propios intereses que por los de Elián.

«Estoy decepcionado. En mi opinión, la posición del vicepresidente es puramente política», dijo el legislador demócrata de la Cámara de Representantes Charles Rangel, de Nueva York. La legisladora demócrata de California Maxine Waters, que quiere que Gore se retracte, sostuvo una conversación privada con el vicepresidente un día después de amenazar con retirarle su respaldo en la candidatura presidencial.

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