El general Martín Balza descree de una salida militar a la crisis
ISIDORO GILBERT
El ex jefe del Ejército, general Martín Balza, afirmó que «la crisis de los valores democráticos» de la Argentina «se soluciona con más democracia» y aseguró que «en los cuarteles van a encontrar hombres consustanciados con los valores democráticos», al desestimar la posibilidad de un golpe cívico-militar.
La imagen de que una asonada puede ocurrir si el gobierno de Eduardo Duhalde es sobrepasado por los acontecimientos, está en los papeles de algunos sectores vinculados al establishment.
La oleada de protestas sociales, que tiene como marco el descontento generalizado y un creciente incremento del costo de vida, tienen como correlato el desprestigio del liderazgo político.
Gran parte de los dirigentes no quieren exhibirse ahora por las calles o lugares públicos y el ex presidente Raúl Alfonsín tuvo un fuerte entrevero con medio centenar de personas que fueron a escracharle el edificio donde vive. Alfonsín, que tiene 75 años, quiso devolver con trompadas un golpe que recibió de espaldas ante la impotencia de sus custodios por impedir que se vaya a las manos con los que lo insultaban por haber sido el impulsor –le reprochaban–de las leyes de obediencia debida y punto final.
El ex presidente no quiso hacer ningún comentario y los radicales están indignados.
El diario La Nación editorializó sobre la actual situación y sostuvo que las Asambleas barriales, foros de discusión inédita que se desarrollan ahora por todo el país, podrían ser un germen del «soviet». El enfoque fue duramente refutado como «macartysta» en una columna del diario Página/12.
Golpear puertas de cuarteles
Ideas de ese tenor reflejan cierto estado de pánico ante el fuerte protagonismo del movimiento de masas, con formas caóticas pero de riqueza del debate, que surgieron a partir de las reacciones espontáneas por medio de los cacerolazos, que fueron los que obligaron a renunciar a Fernando de la Rúa.
Por eso el jefe del Ejército, teniente general Ricardo Brinzoni declaró que «no hay partido militar», a guisa de desaliento para los tibios, por ahora, golpes a las puertas de los cuarteles.
Balza dijo ayer «si golpean o no las puertas de los cuarteles, no lo sé, pero el jefe del Estado Mayor ha sido claro al decir que si golpean no van a encontrar ningún resultado», sostuvo al ser consultado si hay políticos que estén tramando un complot que culmine con un golpe de Estado.
Para el general retirado que formuló en 1995 una histórica autocrítica por el terrorismo de Estado durante la dictadura de los años 70, cree que «esta crisis de los valores democráticos tiene que solucionarse con más democracia, no se va a solucionar con un ‘iluminado’ dictador, porque en última instancia si alguien golpea las puertas de los cuarteles lo que se está buscando es una dictadura y éstas no solucionan esto».
Balza expresó su optimismo en que esta crisis «a mi juicio la más profunda que yo recuerdo haber presenciado como ciudadano es una oportunidad para superarla, pero en ella tenemos que superar todo nuestro pasado de los últimos 25 años o más».
Balza –quien estuvo detenido varios meses en la causa armas, en la que también estuvo preso Carlos Menem– destacó que en los hechos del 19 y 20 de diciembre de 2001, que culminó con la salida del gobierno de De la Rúa, «lo positivo fue la no participación de las Fuerzas Armadas».
«Hemos asistido por primera vez en la historia a lo que yo califico de casi un verdadero golpe de Estado, se depuso un gobierno pero sin ninguna intervención militar, no hubo ningún tanque en la calle, ningún casco portado por un soldado», afirmó el ex militar.
«Un pueblo cansado dijo basta y se expresó de una forma inédita (en referencia a los cacerolazos) y obviamente logró un resultado que antes se lograba con las armas». Destacó que «la ausencia del Ejército en los acontecimientos de diciembre fue un gran progreso para nuestro país porque las Fuerzas Armadas no son más actores políticos».
Ambiente muy agitado, donde el ex ministro de Economía de De la Rúa, Ricardo López Murphy desmintió que haya ido a España a buscar apoyo del gran capital de ese país, para llegar al gobierno y poner en caja a la Argentina. Ayer estaba en Tokio.
Veremos. *
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