EEUU busca un pretexto para atacar a Saddam Hussein
Alternando retórica marcial y prudencia, la administración estadounidense se halla en pleno debate acerca de cómo hacer para que un país identificado como posible objetivo después de Afganistán se sume a la lucha contra el terrorismo y las armas de destrucción masiva.
El presidente George W. Bush será «prudente y paciente» en el caso iraquí, aseguró el jueves su consejera para la seguridad nacional, Condoleezza Rice, quien subrayó que «no descarta ninguna opción».
La determinación de Washington se refleja igualmente en las declaraciones del secretario de Estado, Colin Powell, quien se sumó al discurso firme y a las veladas amenazas, cuando durante mucho tiempo se lo consideró partidario de la cautela en este asunto.
«Tras varios debates en el seno de la administración, numerosos indicios muestran que hay preparativos en curso para una operación militar», dijo Mary-Jane Deeb, especialista en Medio Oriente en la American University de Washington.
El primer objetivo es obligar a Saddam Hussein a aceptar el retorno de los inspectores internacionales encargados de verificar su desarme, quienes debieron abandonar el país en 1998.
«Si los inspectores retornan a Irak, será más difícil justificar un ataque. Si, por el contrario, Bagdad continúa negándose, parecerá que tiene algo para esconder» y ofrecerá una justificación inmejorable a los partidarios de un ataque en nombre del derecho internacional o de la seguridad mundial, estimó Deeb.
Los expertos militares han considerado, según diversos medios, hipótesis que prevén el despliegue de entre 50.000 y 200.000 hombres, con proyectos de invasión desde Kuwait, Turquía o Arabia Saudita.
«Esto implicará probablemente que las fuerzas especiales trabajen con el Congreso Nacional Iraquí (oposición interna o en el exilio), además del envío de una fuerza militar estadounidense de unos 50.000 hombres y de bombardeos sobre sitios estratégicos», afirmó por su lado Lawrence Korb, del Consejo de Relaciones Exteriores, un centro de investigación estadounidense.
A pesar de que Washington evita cuidadosamente fijar plazos, tres fechas aparecen en el calendario, según los analistas:
1/ Mediados de marzo: el vicepresidente Dick Cheney viajará a Medio Oriente y a dos países aliados clave, Turquía y Gran Bretaña, en una visita que podría estar destinada a buscar el apoyo para los ataques contra Irak.
2/ Mayo: Washington espera que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas apruebe una modificación del régimen de sanciones contra Irak, centrada en los equipos militares y no en los productos de uso civil. Un acuerdo de este tipo podría privar a Saddam Hussein del argumento de que la población iraquí es la víctima de las actuales sanciones.
3/ Noviembre: En Estados Unidos se celebrarán elecciones parlamentarias a mediados del mandato presidencial de Bush, quien podría verse tentado a fortalecer su imagen de jefe de guerra, que le ha otorgado una fuerte popularidad. Sin embargo, Bush podría dudar de involucrar un número significativo de efectivos en un conflicto bélico en medio de un contexto electoral y económico difícil.
En el terreno diplomático también se presentan obstáculos para Estados Unidos. La perspectiva de un ataque militar contra Irak es condenada por el mundo árabe, que teme la desestabilización de la región.
Varios países europeos también expresaron sus reservas al respecto, y Rusia llamó la atención de Washington. *
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