Galimberti, un ex montonero que murió en un quirófano
ISIDORO GILBERT
La vida es una sola, pero los que fueron sus compañeros de combate en esos años de ideales y terror, como Miguel Bonasso, ponen énfasis en definirlo como «un cínico» que ha querido venderse como un «producto de la derrota» de los tiempos de los grandes sueños, para poner «a todos en la misma bolsa». Como si la frustración haya convertido en sinvergüenzas a quienes levantaron banderas de un mundo mejor y no pudieron cruzarlas por razones que superan esta nota.
Un libro de dos periodistas, Marcelo Larraquy y Rodolfo Caballero, «Galimberti. De Perón a Susana (Giménez). De Montoneros a la CIA», podría decir todo. O describir la parábola de una vida. Decía que la derrota de la guerrilla y los cambios en el mundo y el país lo retrotrajeron a su juventud, a las ideas fascistas «y ya se sabe que un fascista es un conservador», contó Bonasso, que así lo escuchó en 1996 en una entrevista periodística.
Su origen fue la ultranacionalista «Tacuara», fuerza de choque policial de los 60 y de allí, desilusionado, pero manteniendo su fobia anticomunista (hirió a balazos cuando era estudiante secundario a un militante de la Federación Juvenil Comunista) fundó Juventudes Argentinas para la Emancipación Nacional, JAEN. De allí emergió con dotes de caudillo. JAEN finalmente se fundió como Montoneros, que habían creado, entre otros, su amigo y luego enemigo Mario Firmenich.
El hombre que secuestró a los hermanos Born
Fue un hombre del liderazgo de la guerrilla argentina en los 70, interlocutor de Juan Perón cuando el viejo general alentaba a la «juventud maravillosa» para luego apartarla con violencia de su movimiento, dejando instalado el camino, luego incrementado, de la lucha antisubversiva de los militares.
El ex montonero dirigió el resonante secuestro de los hermanos Born. Pero en los 90 se asoció con uno de ellos, Jorge Born, en la empresa «Hard Communication». Aquel secuestro le costó a la mutinacional Bunge & Born 60 millones de dólares cuyo destino sigue siendo un misterio. Seguramente parte del dinero, Montoneros lo usó en su exilio, pero dicen por allí que un fuerte saldo se guardó en el Banco Nacional de Cuba. Nunca La Habana reconoció ese depósito.
Curioso: Galimberti y Jorge Born hicieron buenas migas durante el secuestro del empresario, un pimpollo de amistad que perduró tanto que finalmente se hicieron socios junto al novio de Susana Jiménez, Jorge Rodríguez, y está pendiente un juicio oral y público en una causa por estafas a través de llamados telefónicos en el programa de la diva.
Gamilberti encabezó una escisión contra Firmenich en el exilio, pero luego abandonó a sus aliados en esa cruzada que se opuso a la «contraofensiva» de la organización armada que costó muchas vidas apenas cruzaban la frontera a fines de los 70 y principios de los 80.
Símbolo del deterioro moral
Regresó después de la derrota de Malvinas de manera clandestina, pero se las arregló para sobrevivir y hacer buenas relaciones con el fiscal Juan Manuel Romero Victorica, el perseguidor más persistente de Montoneros en los 80 y que cuando se casó con una aristócrata, lo invitó a su boda.
Estaban en la fiesta torturadores de la ESMA y otros siniestros personajes, amén de su amigo y socio, Born. «Estoy por la reconciliación», proclamó. Con esa idea, Carlos Menem lo indultó de una pila de procesos.
Hombre de acción, había comandado la columna 3 de Montoneros, que tuvo su épica. Pero fue siempre un terrible fanfarrón, un aspecto de su personalidad que agudizó con el tiempo.
En 1973, tras el triunfo electoral de Héctor Cámpora, propuso formar milicias armadas para defenderlo. Perón lo desautorizó y dejó de ser su interlocutor como había ocurrido durante años y que fue el carné de identidad que le permitió ir de la base a la cúpula de Montoneros.
Sus negocios después del blanqueo y su vuelta a los «ideales» juveniles estuvieron relacionados además con la venta de armas, empresas de seguridad asociadas con hombres de la CIA y joyas de esta naturaleza, donde el dinero fluyó a raudales.
Galimberti fue el lunes tarde al Hospital de San Isidro para realizarse un chequeo por un fuerte dolor en el pecho, pero los médicos le dijeron que debía someterse a una intervención quirúrgica por una obstrucción en una arteria.
Ya no salió del quirófano después de casi 10 horas de operación. Por lo que se oyó ayer, se fue de este mundo con el desprecio de sus compañeros y vaya a saber de cuántos argentinos. *
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