Proponen crear un Foro partidario internacional de izquierdas
El elemento detonante de la reunión fue la propuesta de crear un Foro de partidos políticos de carácter internacional, que reuniría a todos lo que ya integran el Foro de São Paulo en la América Latina y caribeña con las tres grandes corrientes de la izquierda europea. Esta iniciativa fue planteada por Aloyzio Mercadante, un economista y diputado del PT que ocupa actualmente la secretaría de Relaciones Internacionales de dicho partido en sustitución de Marco Aurelio García, veterano en esas lides desde la fundación del Foro de São Paulo y que pasó a responsable del área de la cultura en el gobierno de Martha Suplicy en São Paulo, precisamente. En la apertura de la sesión, Mercadante historió la trayectoria del organismo creado en la ciudad bandeirante en julio de 1990 hasta su X Encuentro de diciembre pasado en La Habana. Su idea central fue mostrar cómo en estos once años largos se ha ido conformando una cultura de discusión en la izquierda, que ha ido madurando en el debate interno y en la búsqueda de propuestas y de acciones de lucha conjuntas. El objetivo es encontrar una base de acuerdo en la izquierda para lograr derrotar a las fuerzas de la derecha. Aludió también al Foro parlamentario desarrollado como parte del Foro Social Mundial, a los esfuerzos por elaborar consensos entre 1.155 legisladores de todo el mundo en torno a los candentes problemas actuales.
1, 2, 3: un nuevo foro partidario internacional
En esos marcos, insistiendo en que el objetivo es construir la unidad política de la izquierda, lanzó la propuesta de crear un Foro que reuniera todos los partidos y sectores que ya se han agrupado en nuestro continente en el Foro de São Paulo, con los partidos integrantes de las tres grandes corrientes de la izquierda europea. Sería un foro partidario internacional. Podría llamarse, tentativamente, Foro de Porto Alegre. El tema sería debatido en la tercera edición del Foro Social Mundial, que también se realizará en Porto Alegre en 2003, precedido de encuentros regionales y continentales.
Para muchos, el planteo resultó sorpresivo. Quizá no lo sea tanto si se consideran sus antecedentes. Desde hace algunos años, movido por el afán de aumentar los contactos, intercambiar experiencias y debatir grandes temas internacionales, el Foro de São Paulo se ha esforzado por reunirse con la izquierda europea en sus diversas expresiones. Hasta ahora, ello ha fructificado en débil medida. Se ha procurado, por ende, encontrar una fórmula organizativa que contenga ambos grandes conglomerados de las izquierdas, con la posibilidad de su eventual ampliación ulterior.
Obviamente, el debate ya está lanzado. En la misma reunión se formularon las primeras valoraciones. Con la particularidad de que la discusión se insertó en el tema madre del seminario, la relación entre partidos políticos y movimientos sociales. Veamos las principales ideas de las 36 intervenciones registradas al respecto.
La dicotomía a superar
Dos de ellas se reiteraron como un leitmotiv: una es la autonomía, independencia y respeto recíprocos entre los movimientos sociales y los partidos políticos. Como cantaba Zitarrosa: una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Cada cual en lo suyo, en lo propio y específico, con su programa y sus objetivos, sus normas de funcionamiento, de organización, de relación entre sus miembros, de disciplina interna. Varias intervenciones condenaron a texto expreso la concepción del movimiento social como correa de transmisión del partido político. Establecido esto, es altamente conveniente (para unos y otros) que los movimientos sociales y los partidos de izquierda establezcan vínculos, intercambien puntos de vista y experiencias, y coordinen acciones de lucha en pos de objetivos compartidos. Este proceso puede iniciarse en ámbitos locales hasta alcanzar proyección internacional. Ya se ha ido acumulando una experiencia muy rica al respecto, en la que hay para todos los gustos.
En tal sentido –y no es por camisetismo– las experiencias vertidas por los delegados uruguayos fueron muy claras al aludir al plebiscito de 1992, auspiciado por el movimiento sindical y acompañado por los partidos de izquierda (y algún otro que se subió al carro), que triunfó con 72% de los votos a escala nacional.
En este caso, la convergencia entre el movimiento social y los partidos se verificó en la lucha. Varios oradores hablaron de la importancia de impulsar plebiscitos o consultas nacionales en relación con grandes temas, en los cuales podrían actuar conjuntamente partidos y movimientos. Otros (como un delegado de la CUT brasileña) puntualizaron que autonomía no significa indiferencia, y defendieron el derecho de los trabajadores a gravitar en las decisiones políticas y elecciones presidenciales.
Un diputado europeo retomó ese concepto casi a la letra y agregó que el movimiento social debe fecundar al movimiento político y que, a la vez, necesita encontrar apoyo en el plano de los partidos para concretar sus aspiraciones; por su parte, un gobierno de la izquierda que pierde sus vínculos con el movimiento social queda separado del pueblo y se reduce a la tecnocracia en el ejercicio del poder. Un coterráneo suyo se refirió a las conquistas que los trabajadores pueden alcanzar con su lucha (ley de 35 horas) y agregó que aún bajo gobiernos de izquierda deben proseguir su lucha independiente para mantener sus conquistas y lograr otras. En el mismo sentido, una dirigente del sindicato de los educadores colombianos, a la vez que alertó sobre los alcances funestos del Plan Colombia señaló que la autonomía del movimiento sindical no significa neutralidad, y que los sindicatos deben emprender no sólo la lucha reivindicativa sino pronunciarse sobre los grandes temas nacionales (y mundiales).
Hubo varias exposiciones de apoyo expreso a la propuesta de creación del foro partidario internacional. Una delegada chilena opinó que éste debería permanecer en el marco del Foro Social Mundial. Otros se refirieron a la formación del gran bloque social para lograr los cambios, de sus impedimentos subjetivos (motivados a veces por la forma de hacer política por parte de la izquierda), del valor del ejemplo y de las realizaciones concretas desde los gobiernos locales (con ejemplos paradigmáticos como el presupuesto participativo en varios gobiernos del PT en Brasil).
Un destacado economista francés examinó también las fuentes de la desconfianza entre partidos y movimientos, y señaló que la llegada de la izquierda al gobierno, por ejemplo en su país, se había producido manteniendo las mismas instituciones estatales, lo que obstaba a la puesta en marcha de políticas diferentes.
Un delegado de la Unión Nacional de Estudiantes de Brasil opinó que no se debe caer en la dicotomía entre partidos y movimientos sociales, que la relación dialéctica entre ambos se construye en la lucha (lo mismo habían señalado los uruguayos) y que las cuestiones específicas debían llevar al tema general del gobierno y de la disputa del poder político. Una compatriota suya del movimiento negro subrayó que la articulación de los partidos con el movimiento social es imprescindible, que la dicotomía «é ruim» (mala, malsana, vil) y que «es fundamental que los partidos actúen con nuestra agenda», en particular para revertir la situación dramática de la población negra (70% del diez por ciento más pobre de la población). Un delegado del partido de los comunistas italianos fue categórico: no sólo no debe haber dicotomía, sino que debe imperar una contaminación recíproca, para construir consensos con pleno respeto mutuo hasta encontrar posiciones comunes, marchando siempre en busca de la unidad.
Para la representante de la Unió
n de Mujeres Brasileñas, «sin un proyecto político acorde las reivindicaciones no se concretan».
Expuso los preconceptos que existían en el organismo respecto a la actuación de los partidos, y la necesidad de la lucha conjunta para derrotar el proyecto neoliberal de exclusión social y discriminación, para lo cual es fundamental la participación de las mujeres.
El embrión de un nuevo poder mundial
Si unimos este debate fermental con las expresiones recogidas en nuestra nota de ayer, podemos irnos haciendo una idea del debate actual sobre la conformación de un gran frente social y político de carácter mundial para enfrentar al neoliberalismo, tanto desde el punto de vista ideológico como organizativo, en la coordinación de las luchas y en las conciencias. El Foro Social Mundial II de Porto Alegre nos permitió una aproximación al estado actual de la cuestión, compartiendo durante seis días las visiones de sus protagonistas de carne y hueso.
Este es el problema fundamental de la humanidad. Lo que hasta ahora se ha venido gestando alberga en su seno posibilidades ciertas de superación, de ampliación y desarrollo, prácticamente sin techo, a escala mundial.
A ello aludía Lula al formular el siguiente voto: «Que el proceso de mundialización del Foro, basado incluso en muchos foros regionales y continentes, continúe fortaleciéndose y constituyendo, en la práctica y en las formulaciones políticas, el embrión de un nuevo y democrático poder mundial de la sociedad civil organizada». Puede preguntarse, legítimamente: ¿hay razones para tanto optimismo? Yo creo que sí. *
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