El peronismo contra las cacerolas
Es probable que la concentración se corra para mañana o tal vez para el domingo, algo que se discutía anoche en el Partido Justicialista bonaerense. Un sector, como el canciller, en viaje, Carlos Ruckauf, teme que la movilización junte a Duhalde con la fama que tiene el venezolano Hugo Chávez en Washington. A otros, como al senador nacional Antonio Cafiero, los angustia que las calles se conviertan en un factor de desunión.
Días atrás, cuando Duhalde entregó a la mesa directiva peronista provincial su renuncia como titular y lo reemplazó el veterano dirigente Manuel Quindimil, intendente de Lanús, se había quedado en organizar un mitin para el 24 de febrero, el día que en 1946, el entonces coronel Juan Perón, venció en las elecciones clave para medio siglo de vida de este país.
Pero el ala dura, es decir los intendentes de distritos poblados y pobres del Gran Buenos Aires, hombres con prácticas clientelistas y mucho dinero para movilizar miles de seguidores, ideológicamente corridos hacia la derecha, están furiosos por el peso de los «cacerolazos» y la inédita convergencia entre los piqueteros que el lunes último protagonizaron una marcha estremecedora con las capas medias. Es un espacio, de hecho, de tinte opositor, no por ahora contra el Presidente sino por las medidas financieras heredadas que golpean a millones de argentinos.
La «Plaza del Sí» pretende darle marco a los anuncios oficiales sobre las nuevas medidas económicas que se consensuan aquí con una misión del FMI. Nadie aguarda sorpresas espectaculares: los ahorristas serán los más castigados, al igual que los endeudados en dólares que no tienen respaldo exógeno en divisas. De hecho, la pesificación, al fijársela a una paridad con el dólar de 1,40, daña a los depositantes pero beneficia a los grandes deudores, porque tienen dólares en el exterior, y con las medidas a anunciarse (y otras) licuan sus pasivos. Duhalde aseguró que «no van a sentirse todos contentos y felices» con las nuevas medidas que anunciará mañana, pero señaló que «los que más deben pagar son los que se beneficiaron con el modelo anterior, que fue enriqueciendo a pocos y así beneficiar a muchos». Es lo que no parece.
Como no parece que se concreten con hechos aquello que dijo días atrás, y repitió ayer, de que si no fuera presidente sería piquetero. Eso sí: ve «con simpatía» las manifestaciones espontáneas de la gente que consideró expresan «movimientos de esta Argentina que está viva y no se resigna a morir». Entonces, ¿por qué alentar una movilización hoy, coincidentemente con la que están llamando hace días las Asambleas de barrios? «Es una provocación» dijo el líder «piquetero» Luis D’Elía, luego de entrevistarse –junto con varios de sus compañeros de combate– con el presidente en la Casa Rosada.
Era un encuentro que debió realizarse el miércoles como resultado de la quilométrica manifestación del lunes. Allí se volvió a reclamar el millón de empleos prometidos por el Presidente y se le pidió el desprocesamiento o el indulto de miles de luchadores sociales.
Duhalde prometió ampliar el papel de las entidades de los desempleados en las distribuciones de subsidios para el trabajo, pero la mayoría de las inquietudes recibirán respuesta en los próximos días. «Entonces veremos qué hacemos», señaló D’Elía. Un asunto clave será el formato del presupuesto, aclaró el dirigente.
El gobierno acaba de recibir 2.000 millones de dólares en préstamo para planes sociales por parte del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. La manera cómo se implementará el auxilio a los más desamparados es lo que aún no está definido. El gobierno tiene su propio programa que conduce la mujer del Presidente.
Atentos a los movimientos del peronismo bonaerense, crecía ayer la idea en las coordinadoras barriales de dispersar los cacerolazos de protesta por toda la ciudad y estar atentos a la realización o no de la tradicional concentración en Plaza de Mayo. Viernes fuerte, nuevamente, el de hoy. Al atardecer de ayer, el ruido ensordecedor de los utensilios de cocina se hicieron sentir, otro jueves más, en las narices de la sede de la Suprema Corte de Justicia, cuya remoción se pide por juicio político. Los nueve miembros del más alto tribunal hicieron saber, pese a este hostigamiento popular que crece, que no están dispuestos a irse. La presión obliga al gobierno a rever su apatía en el asunto. En la Cámara Baja se dieron las primeras señales al integrarse ayer, después de meses de anomia, la comisión de juicio político. Hay decenas de pedidos de enjuiciamiento a la Corte que ya no pueden, en algunos casos, obviarse. Se formaron subcomisiones para analizar caso por caso.
El reclamo contra la Corte no es un berretín porteño: lo adoptó como objetivo el movimiento de desocupados y resuena en cuanta manifestación hay en todos los rincones del país, que se suceden sin solución de continuidad.
En tanto, el equipo económico hizo saber que sus trabajos con una comisión técnica del FMI le hace palpitar de alegría sus corazones. De sus resultados dependerán los anuncios económicos que haría, en principio mañana, Duhalde o el gobierno por medio de alguna información.
La idea oficial es si se reciben luces más claras desde la central del Fondo, poder anunciar que el peso dejará el cambio fijo actual para comenzar a flotar. De manera «sucia» por ahora, cosa que no le gusta mucho al FMI pero, en fin, tampoco todo es posible. Ellos quieren que flote de modo limpio, sin intervención del Banco Central para evitar fluctuaciones bravas.
Anticipándose a reclamos crecientes en la calle, en sectores del centro izquierda e izquierda pero también del menemismo, Duhalde descartó la posibilidad de convocar a elecciones «en noventa días» para obtener «otro gobierno de transición», al sostener que apoyará un proceso electoral pero «de una manera ordenada, evitando el caos, sin sobresaltos ni efusión de sangre» porque, aseguró, «el orden no se logra con tanques, bayonetas y bombas molotov».
Para ir hacia un proceso electoral deberán surgir «nuevos liderazgos» pero aguardando el tiempo de «maduración» necesario, dijo.
El movimiento de multitudes en estas semanas va generando nuevos liderazgos que obligarían a dar un paso al costado a la actual dirigencia política. *
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