"Es el principio del fin del embargo comercial", afirman expertos

La Habana y Washington viven una "luna de miel"

La ofensiva cubana combina la compra en Estados Unidos de alimentos por unos 35 millones de dólares, con promesas de hacer nuevas adquisiciones este mismo año, mientras mantiene la vista fija en las sesiones del Congreso de Washington en espera de algún cambio en el embargo económico que mantiene su vecino sobre la isla.

La acción implica además mantener puertas abiertas a crecientes visitas de estadounidenses a la isla, en busca de negocios unos, para promover cambios políticos otros, y algunos para conocer de primera mano qué ocurre en la isla.

«Enero creo que ha batido» todas las marcas anteriores de visitantes estadounidenses, dijo el presidente del Parlamento de la isla, Ricardo Alarcón, en la despedida del gobernador del estado de Illinois, George Ryan.

Ryan, quien visitó Cuba por primera vez en 1999 acompañado por empresarios agroalimentarios algunos de los cuales ahora han vendido sus productos al régimen cubano, viajó esta vez en compañía de ejecutivos farmacéuticos, oportunidad en la que dialogó largo y tendido con Fidel Castro.

Esta segunda visita de Ryan se registró en momentos en que se hacen «más evidentes las posibilidades de una relación normal con Estados Unidos a la que llegaremos en algún momento», dijo Alarcón.

El gobernador desembarcó en la isla, el mismo día en que el presidente del consorcio estadounidense Cargill, Warren Staley, anunciaba en La Habana la venta de 25.000 toneladas de maíz y proclamaba que «la larga espera ha terminado» para que los norteamericanos exporten sus productos al mercado cubano.

Previamente había llegado a la isla una delegación de legisladores republicanos y demócratas con decenas de jóvenes empresarios norteamericanos, quienes fueron recibidos oficialmente por el gobierno y agasajados con una gran fiesta en La Habana Vieja.

En octubre de 2000, la administración del ex presidente Bill Clinton promulgó una ley que permite a firmas estadounidenses la venta de productos alimentarios y medicamentos, condicionada a un permiso previo del Departamento de Comercio y a que las eventuales transacciones se efectúen con pago al contado.

Castro dijo entonces que «en esas condiciones» no compraría «ni una aspirina», pero en noviembre pasado, luego de que el huracán Michelle afectara a más del 40% del territorio nacional y dejara pérdidas multimillonarias al país, se registró un cambio sin precedentes.

Cuba sufrió también una abrupta caída del turismo y una significativa disminución de las remesas familiares enviadas desde Estados Unidos, estimadas en unos 800 millones de dólares anuales, después de los ataques terroristas del 11 de setiembre, a lo que se sumó la decisión de Rusia de cerrar la base de espionaje electrónico de Lourdes, que proporcionaba a Cuba unos 200 millones de dólares al año.

Washington ofreció ayuda humanitaria a Cuba, autorizó después a solicitud cubana la venta «por una sola vez» de alimentos y medicinas, pagadas al contado, y Castro afirmó que «a cada gesto amable y respetuoso» de su adversario respondería de igual forma.

Ambos gobiernos mantienen sin variación sus respectivas y opuestas posiciones políticas. Pero al mismo tiempo los gestos de distensión se multiplican. Washington lo evidencia con menos retórica anticastrista, más autorizaciones de viajes a la isla, al tiempo que La Habana responde con propuestas de todo tipo.

El segundo al mando de la jerarquía cubana, general Raúl Castro, ha hablado de «un ambiente de cooperación, de respeto mutuo y de colaboración» entre militares cubanos y estadounidenses en Guantánamo, donde los norteamericanos mantienen una base naval desde 1903, que ha sido punto de fricción y es tema de litigio.

Incluso el gobierno cubano no se sumó a las críticas contra Washington sobre las condiciones en que se encuentran los presos talibanes, mientras que el presidente Bush no criticó al gobierno cubano en su mensaje sobre el estado de la Unión al Congreso.

Raúl Castro, también designado sucesor de su hermano Fidel, agregó que «se puede colaborar mucho más todavía» y propuso cooperación en la lucha contra las drogas, la emigración desordenada y el terrorismo.

Recientemente, se informó que Interpol y el FBI van a colaborar con la policía cubana en distintos casos.

El ministro de las fuerzas armadas de Cuba invitó a todos los gobernadores de Estados Unidos a visitar la isla, «siempre y cuando se lo permita el Departamento del Tesoro» de ese país, reportó la prensa, mientras que su hermano Fidel hablaba con estudiantes norteamericanos en La Habana.

En el ámbito comercial, el presidente de la empresa cubana Alimport, Pedro Alvarez, dejó entrever que después de recibir –probablemente en febrero– las 228.000 toneladas de alimentos compradas en Estados Unidos la isla estaría dispuesta a comprar, quizás «este mismo año, por varios cientos de millones de dólares», incluso con «financiamiento de terceros países».

Cuba tiene una deuda externa calculada en diez mil millones de dólares, y casi todas las oportunidades de crédito cerradas, por lo que estos negocios con Estados Unidos podrían abrirle mercados y perspectivas financieras.

Todos estas iniciativas, sugerencias, propuestas y mensajes de todo tipo se hacen mientras aumenta un lobby pro cubano en el Congreso en Washington, que debe pronunciarse sobre las restricciones al financiamiento norteamericano de compras cubanas y la apertura del turismo hacia a la isla.

Hasta ahora casi todo es simbólico entre los dos países. Las compras de alimentos representan el 4% anual de las importaciones cubanas.

«Es impensable por ahora en un diálogo entre Washington y Castro», dicen diplomáticos, pero los gestos siguen y los canales de comunicación aumentan.

El ministro de comercio exterior de Cuba, Raúl de la Nuez, se reunió en el balneario de Cancún con empresarios estadounidenses, para evaluar la marcha de las relaciones.

El encuentro fue organizado por entidades que agrupan a los agricultores de Illinois, Iowa, Michigan, Montana, Nebraska y Dakota del Norte, y por organismos que apoyan el levantamiento del embargo, y algunos congresistas partidarios de la normalización de las relaciones.

«Esto abre un nuevo espacio. Es el principio del fin del embargo comercial», dijo Pamela Falk, de la City University de Nueva York, quien dijo sentirse optimista por las consecuencias de esta transacción.

Falk dijo que la primera venta de Estados Unidos a Cuba aumentaría el lobby agrícola norteamericano y sentaría un importante precedente para los banqueros y el sector portuario, que también participan en la operación. *

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