Karzai repitió desesperadamente un llamado para ampliar las fuerzas de paz

Afganistán: combates entre clanes hacen peligrar la paz

Explosiones, disparos de mortero y ráfagas de ametralladoras aterrorizaron a la población de Gardez, capital de Paktia (sudeste de Afganistán), donde se enfrentaron los hombres del nuevo gobernador Padsha Khan y los de la shura (consejo islámico) local, todos ellos de la etnia pashtun.

Testigos refirieron a ANSA que los combatientes pelearon todo el día e incluso 250 guerrilleros de Khan fueron capturados por hombres de la shura.

La historia, como todo en Afganistán, es larga y complicada.

Padsha Khan, hermano del actual ministro de Fronteras, es un viejo jefe tribal, que regresó a Afganistán desde Pakistán después de la caída del régimen talibán, con la intención de retomar el control de su tierra.

Pero la shura, al mando de Saifullah, no lo quiere: el 21 de diciembre, se dice, fue precisamente Padsha Khan quien dio indicaciones deliberadamente equivocadas a los norteamericanos para que atacaran el convoy de notables de Gardez que viajaban para asistir a la asunción de Karzai.

Los aviones norteamericanos convencidos de que atacaban a fugitivos de Al Qaeda provocaron decenas de muertos entre los civiles.

Khan, seguramente por sus buenas relaciones con el consejero del rey en el exilio en Roma, y gracias a su hermano ministro, se impuso al gobernador.

Aún no quedó claro si su autonombramiento fue aprobado por el gobierno central.

Khan acusa a la shura de ser pro talibán y, además, de simpatizar con Al Qaeda.

En Gardez, la shura tenía bajo su protección a las familias de los combatientes de la legión árabe de Osama bin Laden, unas 500 personas, pero según las organizaciones humanitarias internacionales, que hicieron público en diciembre el drama de estas víctimas de la guerra, eran sólo mujeres y niños, no combatientes.

Paktia fue bombardeada por los norteamericanos, en el intento de detener a militantes de Al Qaeda, que tal vez estuvieron refugiados en las montañas del lugar.

Estados Unidos, que tiene decenas de hombres en una fortaleza cerca de Gardez, dijo que no quería intervenir en la disputa. Las imágenes de cuerpos heridos y de cadáveres depositados en el pobre hospital de Gardez, donde faltan medicina y anestesia, devolvieron a la memoria la catástrofe de la guerra civil entre los señores de la guerra de principios de los noventa, que anticipó el ascenso de los talibanes.

Pero más que eso, constituyen la confirmación de la dificultad de crear la paz en un país desde hace 23 años habituado a la guerra.

Karzai, el miércoles en Estados Unidos y ayer en Gran Bretaña, repitió desesperadamente un llamado para una ampliación de las tareas de la fuerza de paz.

Francesc Vendrell, vicerresponsable renunciante de la ONU para Afganistán, dijo que están en servicio por lo menos treinta mil hombres.

La ONU se comprometió con 4.500 hombres que operan sólo en Kabul.

«Solos no podremos volver a la estabilidad, el mundo nos debe ayudar, luego pensaremos nosotros en la reconstrucción», dijo Haji Abdul Khaleq Farahi, ex comandante mujaidín y diplomático hasta la llegada de los talibanes, jefe tribal pashtún y hombre del rey.

La situación hoy es como en 1992, dijo Abdul Jabbar Naeemi, del partido filomonárquico National Islamic Front of Afghanistan (NIFA), cuando en Kabul era presidente Burhanuddin Rabbani y en el resto del país dominaban los señores de la guerra.

«La fuerza de paz sólo en la capital no basta», afirmó Naeemi. *

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