Análisis internacional

La real amenaza de un nuevo fascismo en Europa

por Guillermo Israel

Los acontecimientos en la pequeña Austria deben ser interpretados como una seria advertencia al mundo, por el estímulo que pueda irradiar a otras fuerzas en otros países, donde se desarrollan procesos económicos y sociales que abonan el terreno ideológico y político para las fuerzas de derecha.

Remember a Alemania de los años treinta

Recordemos que en la Alemania de los años treinta surgió el partido nazi luego del desastre y la impotencia reinante en la posguerra y se fortaleció después de la crisis económica de 1929-33. La banca y la gran industria alemana y no alemana proporcionaron abundante ayuda financiera y política a Hitler y no pocos intelectuales cayeron en las trampas demagógicas del partido nazi.

Pero, si bien hay coincidencias formales con las actuales tendencias fascistoides con el fascismo alemán o italiano, existen también diferencias esenciales. Ayer como hoy se trataba de una lucha por el poder político; entonces contra las consecuencias del Tratado de Versalles, impuesto a los vencidos por los vencedores; hoy por el mantenimiento del status de posguerra y el afincamiento de la hegemonía económica, especialmente alemana.

Hay cierto parecido en la esencia del fascismo clásico con la presente ideología neoliberal del capitalismo bárbaro. Si bien la historia no se repite, suele volver de otra manera, cuando la gente es sometida a condiciones emparentadas con las de antes.

Nadie que analiza objetivamente la situación actual, puede ignorar una creciente violación de los valores morales básicos de la convivencia humana, como la corrupción, expresada recientemente en el caso de la Unión Demócrata-Cristiana de Alemania. O la creciente falta de puestos de trabajo en casi todos los países, que suman decenas de millones de trabajadores sin ocupación, especialmente entre la joven generación, que llevan a situaciones explosivas, que son aprovechadas por los demagogos fascistoides, como sucede en Austria, pero no sólo en este país.

Aún no son asaltados los hogares de los adversarios por la Gestapo, ni son formulados programas de ocupación, como hiciera Hitler en su momento para engatusar a las masas populares. Es necesario, recordar esta tremenda manipulación de la gente, que terminó en hornos de cremación y en una guerra con millones de muertes.

El fascismo del siglo XX nació en medio del caos luego de la primera guerra mundial y la crisis económica mundial, convirtiéndose en un movimiento de masas empobrecidas y encandiladas. El fascismo del siglo XXI, surge sobre la base del derrumbe del socialismo real, que obligó durante 50 años a occidente a hacer concesiones tanto políticas como sociales. Hay en muchos países europeos, y no europeos, una generación que se siente objetivamente no necesaria. Y son estos jóvenes, en muchos casos, destinatarios y objetivos fáciles para consignas totalitarias. Hoy no son obligatoriamente necesarios los grupos de asalto organizados y terroristas, de las tristes épocas del ascenso de Mussolini y Hitler. Alcanza que haya un partido político populista, capaz de aprovechar para sus fines los temores de estos jóvenes, sin trabajo, y lo que es más grave, sin perspectiva de obtener ocupación.

El papel de la globalización neoliberal

Un papel «nuevo» le corresponde a la globalización neoliberal, que le quita poder al Estado nacional auténtico, fomentando un nuevo nacionalismo y regionalismo, donde predomina ya en muchos casos, Austria es un ejemplo, donde el racismo y la xenofobia, es artificialmente promovido por la gente de Haider. También juegan un papel cada vez más gravitante la OTAN con su nueva doctrina, puesta a prueba en la guerra de Yugoslavia como complemento de la política económica del FMI.

Obviamente saltan a la vista las diferencias con el fascismo clásico de los años treinta. En consecuencia las fuerzas democráticas y antifascistas han de prestarle especial atención a los manejos de los financistas cada día más fuertes, como demuestran las fusiones de enormes consorcios internacionales, a los apologistas del neoliberalismo que dominan los medios masivos y usan las cátedras universitarias para promover y recomendar la globalización y los dogmas neoliberales.

El fascismo del siglo XXI, se presenta con una forma autoritaria, más o menos fascistoide, surgido del dominio capitalista, que quiere someter todo a la ganancia, pero sólo puede imponer su dominio con medidas antidemocráticas.

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