Socialdemócratas buscan a ex nazis dentro del partido
Patrick Rahir
Los socialdemócratas austríacos hicieron ejercicio de autocrítica el martes por haber acogido entre sus filas a nazis tras la guerra, y estar así en disposición de criticar con más fuerza la entrada de la extrema derecha en el gobierno. «Quiero proponer a la dirección del partido socialdemócrata (SPO) una declaración (…) revisando y tomando claras distancias con el pasado nacionalsocialista», declaró el jefe del SPO, Alfred Gusenbauer.
Añadió que este ejercicio de autocrítica de su formación, por su actitud tras la guerra, permitirá acentuar la presión sobre el gobierno de coalición entre conservadores y extrema derecha (FPO).
Austria es objeto de sanciones en Europa y de la atenta mirada de la comunidad internacional tras la llegada de la FPO de Haider al ejecutivo, el 4 de febrero.
El historiador Wolfgang Neugebauer instó a los otros partidos a seguir el ejemplo, en un país que no conoció la revisión del pasado llevada a cabo por los alemanes después de 1945.
El partido de Guesenbauer, empujado a la oposición por la polémica coalición, denuncia en voz alta la participación de la FPO en el gobierno, y no condena las presiones del exterior. El semanario Format pedía al SPO, en su editorial del lunes, un examen a fondo de su partido para ganar credibilidad.
Adversarios a muerte de los nazis, antes y durante el III Reich, los socialistas austríacos, hoy socialdemócratas, aceptaron entre sus filas a muchos de sus enemigos arrepentidos al acabar la guerra.
En 1970, el canciller socialista Bruno Kreisky designó cuatro ministros con pasado nazi, incluyendo un SS. Kreisky dirigía un gobierno minoritario con el apoyo del FPO, entonces presidido por un ex SS, Peter Friederich.
El pasado turbulento del partido salió a flote recientemente con el escándalo del proceso a un médico nazi.
Heinrich Gross, de 84 años, perseguido por complicidad en el asesinato de niños discapacitados, entró en el partido socialista tras la guerra y desarrolló una carrera de éxito como experto judicial.
Condenado en 1950 a dos años de prisión por incitación al asesinato, se benefició un año más tarde de un «no ha lugar» por defecto formal, y no fue inquietado nuevamente hasta la reapertura del caso en 1997. El nuevo proceso a Gross fue aplazado el 21 de marzo en su primera audiencia, a causa del estado de salud del acusado.
El historiador Neugebauer es uno de los muchos austríacos que considera que la impunidad de Gross se debió en su momento a su relación con el partido socialista, del que fue expulsado hace veinte años.
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