El cuádruple fraude de Fujimori
por Niko Schvarz
Fuerzas opositoras al continuismo y organismos internacionales como la OEA y el Centro Carter detectaron cuatro tipos de fraude preelectoral perpetrados mediante uso y abuso del aparato del poder.
Una correspondencia desde Lima señala que la misión especial de la Organización de Estados Americanos, presidida por el guatemalteco Eduardo Stein, no ha podido disimular su desazón ante las groseras transgresiones a las leyes efectuadas desde el propio gobierno. Según voceros del Centro Carter de EEUU y de ONGs de Derechos Humanos, el proceso electoral está manchado de vicios en favor de Fujimori y su cuestionada alianza Perú 2000 a un extremo que justificaría un pedido de suspensión o prórroga. Uno de ellos, Luis Núñez, habló de «funeral electoral».
Una re-reelección trucha
Fujimori es el candidato oficialista a una tercera elección a pesar de que la Constitución del Estado establece que un presidente sólo puede ser reelecto una vez por un período de 5 años. Ganó la presidencia en 1990, disolvió el Parlamento en 1992, volvió a ganar en 1995 y está ahora completando su segundo mandato, que debiera ser el último. Pero logró que un Congreso de mayoría gubernista votara una retorcida «interpretación auténtica» de la Constitución de 1993, la cual contradice lo establecido a texto expreso por la Carta. Mediante este artilugio aspira a batir el récord nacional, gobernando durante 15 años consecutivos.
A lo largo de la campaña electoral se vienen sucediendo manifestaciones populares, de la central obrera CGTP, de estudiantes, jubilados, maestros, médicos y otros sectores, reclamando que Fujimori decline su candidatura y uniendo a ello sus aspiraciones reivindicativas. Las demostraciones se han sucedido en Lima, en grandes ciudades como Arequipa y Cuzco, y en las provincias, organizadas por frentes regionales. Pero «el chino» se ha mantenido inconmovible.
Más de un millón de firmas falsificadas
Se denunció y se comprobó que uno de los cuatro grupos que conforman la alianza oficialista –llamado Frente Independiente Perú 2000– falsificó más de un millón de firmas de electores para lograr su registro. (Leyó bien: más de un millón de firmas fueron falsificadas por truhanes especializados en estas maniobras). Pero el chanchullo se descubrió. El diario El Comercio, decano de la prensa limeña, publicó las pruebas documentales. Presentó además testigos que relataron el método utilizado por dos candidatos al Congreso en las listas oficialistas para fraguar esta descomunal matufia.
Interrogado el presidente al respecto, se limitó a decir que las denuncias eran falsas. Sus voceros se hicieron los ofendidos y alegaron que se buscaba «empañar el proceso electoral». Pero ante las evidencias presentadas, el Jurado Nacional de Elecciones no tuvo más remedio que cancelar la inscripción del grupo involucrado. Dos de los candidatos que participaron directamente en la falsificación de las firmas, de apellidos Chuan y Medelius, debieron presentar renuncia formal. La lista oficial de Fujimori quedó con dos lugares en blanco en la lista de los aspirantes a cubrir los 120 escaños del Congreso Nacional, que se votan simultáneamente con la presidencia. Son testigos mudos de la maniobra abortada, del mismo modo que los espacios en blanco en los diarios eran la señal inequívoca de la censura de prensa en épocas dictatoriales.
A esto se añade que incluso funcionarios de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), así como magistrados encargados de dar fe en las distintas sedes electorales, están coludidos con el régimen. Al punto que Luis Castañeda, candidato de Solidaridad, que comparte el tercer lugar de las preferencias con Alberto Andrade (de Somos Perú y actual alcalde de Lima) ha reclamado una drástica limpieza del sistema electoral.
La manipulación de los medios
La cuarta pata del proceso fraudulento es la manipulación de los medios informativos, que por cierto no empezó en la actual coyuntura. Hace ya tiempo que el gobierno despojó del canal 2 de televisión a su legítimo propietario, Baruch Ivecher, que sostenía posiciones independientes y se negaba a someterse al poder dominante. Para salvar su vida debió tomar el camino del exilio.
Los candidatos opositores no tienen la menor posibilidad de acceder para su campaña a los canales de televisión abierta, monopolizados por el gobierno. Por añadidura, éste desencadenó una brutal ofensiva contra sus oponentes, en el estilo clásico de la propaganda sucia. Utilizó para esos menesteres a los ejemplares más rastreros de la prensa amarilla, que se dedicaron a denigrar soezmente al alcalde de Lima, Andrade, que aparecía entonces como la más firme alternativa, y luego a Castañeda, hasta provocar el descenso de ambos en las encuestas. Ahora la campaña dirige todo su filo contra Alejandro Toledo, de Perú Posible, que surge como quien puede desbancar a Fujimori si hay segundo turno. Ocupa en la escena el lugar de la izquierda, que carece de candidato propio, a pesar de que en 1982 Izquierda Unida –que posteriormente se desflecó– ganaba la alcaldía de Lima para su líder Alfonso Barrantes.
Con todos estos elementos a la vista, la misión de observadores de la OEA, el Centro Carter y el Instituto Nacional Democrático concluían unos días atrás que la situación de Perú «se ha agravado» en relación con las denuncias de fraudes, y que «el proceso electoral adolece de la necesaria transparencia, legalidad y limpieza».
El desafío de Toledo
La situación se ha puesto al rojo vivo porque las últimas encuestas aportan una novedad importante: aunque Fujimori es favorito a ganar en la primera vuelta, si hay un segundo turno la victoria le correspondería a Toledo. Este economista nacido en la provincia andina, de rasgos indígenas (un auténtico «cholo», cuyo apellido es transmutado popularmente en «Choledo»), con una maestría de economía en Harvard, ha venido creciendo en la preferencia ciudadana hasta desafiar al continuismo de Fujimori y a su eminencia gris de los servicios de inteligencia, Vladimiro Montesinos.
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