Hubo secuestros y torturas en la represión de Plaza de Mayo
La situación fue denunciada ayer en una nota escrita por el periodista Miguel Bonasso en el diario argentino Página/12. El joven, hijo de desaparecidos durante la dictadura militar, se desempeña como funcionario de la Unión de Empleados Judiciales de la Nación (UEJN) y milita en la agrupación HIJOS. Poco antes de las 11 de la mañana del jueves bajó de un taxi en Diagonal y Florida para entregar unos volantes del sindicato en la Cámara Nacional Electoral. Allí le dijeron que la Policía Federal estaba apaleando a las Madres de Plaza de Mayo, por lo que se dirigió hacia la plaza. Según declaró a Bonasso, «de pronto vimos que la caballería se nos echaba encima y se acercaban peligrosamente unas motos con policías armados con escopetas. Estaba por bajar a la calle, me pareció que me iban a atropellar, alcé la mano en que llevaba el bolso y uno de los policías me lo arrebató».
«Te vamos a matar»
De Pedro se acercó al lugar donde estaban los policías para reclamar su bolso, que estaba tirado en el suelo pero, según Página/12, «lo derribaron de un manotazo y varios se le echaron encima con ferocidad». Posteriormente fue arrestado. Wado se resistió a los golpes y al arresto «hasta que le alzaron la camisa y sintió unas punzadas de fuego en los riñones, el inequívoco hormigueo de la corriente eléctrica».
Golpes y patadas contra el suelo fueron acompañadas con «toques» de la picana «portátil» en los riñones. Un oficial con la chapa L.P.6816, que revista en la Seccional Segunda de la Policía Federal, comandaba el operativo. Mientras lo golpeaba contra el suelo, gritaba: «Â¡Hijo de puta! ¿Te hacés el guapo? ¡Te vamos a matar, hijo de puta!».
Dentro del patrullero, Wado continuó siendo golpeado y picaneado, tanto por los policías que iban atrás como por el chofer, que le daba codazos en la frente. El testimonio brindado por Página/12 especifica que «los tipos de atrás le bajaron la cabeza y empezaron a golpearlo en el cráneo, en la columna, en los riñones, mientras el de la chapa le aseguraba que iba a ser boleta en cuanto llegaran a la comisaría».
Accidente conveniente
En la esquina de México al 300, el chofer se distrajo dándole codazos y chocó contra un taxi. Pese al accidente, el oficial L.P.6816 continuó retorciéndole el brazo al punto de convencerlo que le había «sacado el hombro de lugar». Mientras Wado gritaba, lo amenazaba: «Callate, hijo de puta, porque en cuanto lleguemos te vamos a matar».
En medio del caos, el prisionero tuvo la oportunidad de pedir a gritos una ambulancia porque estaba muy lastimado. Ante la inmensa cantidad de testigos, los policías accedieron a que lo llevaran al hospital Argerich pero se quedaron con su cédula de identidad y lo enviaron con custodia.
El policía que le sacó las esposas aprovechó la oportunidad para decirle en voz baja: «Ojo con lo que decís. No te hagas el pelotudo».
Pese a la insistencia policial para llevarlo a la seccional, los médicos lo dejaron internado constatando traumatismos múltiples, escoriaciones frontales, lesión en el tabique nasal, hematoma en cuero cabelludo, hematoma en miembro inferior izquierdo, en zona glútea y «algunas curiosas y significativas marcas en la espalda». Los golpes dañaron el nervio ciático de Wado, por lo que solicitó que lo revisara un neurólogo.
Responsabilidad médica
El neurólogo Pablo Barbeito constató las heridas y avisó a los compañeros de Wado en el Sindicato de Judiciales. Con la orden de dejarlo en observación, sus agresores no pudieron llevarlo a la seccional.
El secretario general de la UEJN, Julio Piumato, se presentó de inmediato en el hospital Argerich junto con otros compañeros del paciente. Inmediatamente después llegaron un asesor del Defensor del Pueblo y el abogado Pablo Ceriani Cernadas, del CELS, quienes ordenaron a los policías sacarle las esposas para que pudiera pasar en reposo las seis horas recetadas por el médico junto con una medicación a base de analgésicos y antiinflamatorios que le suministraron con suero, por vía intravenosa.
Bonasso informa en su nota que en ese momento se comenzó a trabajar para aplicar el recurso de «hábeas corpus. Como la inmensa mayoría de los detenidos no estaba a disposición de ningún juez y ni siquiera a disposición del Poder Ejecutivo, como lo establece el estado de sitio y, por lo tanto, eran simples secuestrados, la Federal negaba tenerlos presos».
Negación policial
Piumato se contactó en primer lugar con la jueza María Romilda Servini de Cubría para pedirle que ubicara a su empleado. Cuando la jueza llamó a la Comisaría Segunda, le negaron que Wado hubiera sido detenido por sus efectivos. Previamente, Wado había sido reclamado por la abogada de la UEJN, Silvina Güerri, a quien «un principal de apellido Lucero le dijo que no había ningún detenido De Pedro, mientras a su lado un oficial ayudante de apellido Blanco tenía en su mano la cédula de identidad de Wado».
Para ese entonces dos diputadas Irma Parentella y María América González se habían hecho presentes en la comisaría exigiendo revisar a los detenidos. Servini «ordenó a los policías que las dejaran pasar a las celdas. Allí se encontraron nada menos que al defensor adjunto de la Defensoría de la Ciudad, Gustavo Lebergueris, que le dijo a la abogada de Judiciales que diera la pelea por Eduardo de Pedro, porque había visto el bolso del muchacho en el patio de la comisaría».
El proceso para intentar que la policía reconociera la detención motivó la presentación de cinco hábeas corpus. La captura de Wado había sido trasmitida por «Todo Noticias» y fotografiada por Damián Neustadt pero a las 15 horas, casi cuatro horas después de la detención, la seccional segunda de la Policía Federal seguía negándole a la Justicia que Eduardo de Pedro estuviera detenido.
Accidente salvador
El hábeas corpus de Wado cayó bajo la jurisdicción del juez de instrucción Roberto Grispo. Su secretario, el doctor Moras Mom estuvo en la Comisaría Segunda y le comentó a la doctora Servini de Cubría el curioso episodio del choque entre el taxi y el patrullero que llevaba un detenido. A las cinco de la tarde el juez Grispo ordenó la libertad de Wado directamente desde el hospital Argerich, sin necesidad de pasar por la Comisaría Segunda. El magistrado anunció que tomaba esta resolución en atención a las amenazas sufridas por el prisionero. En un escrito donde ordenó la liberación inmediata de otros sesenta detenidos, Grispo manifestó que «no existe para cada caso concreto orden escrita de autoridad competente que justifique la detención de los beneficiados». *
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