Las CGT apoyan al presidente
ISIDORO GILBERT
En un gesto que rememora los días de Juan Perón, el Presidente fue hasta la histórica sede de la CGT y allí subrayó que con las movilizaciones de masas de la semana pasada donde «murieron 29 argentinos que son nuestros héroes» se abrió una nueva etapa en defensa de la soberanía y de los derechos de los más humildes.
El Presidente prometió colocar en primer lugar la agenda social, con medidas concretas contra la desocupación, el hambre, la pobreza y la exclusión, que aunque no fue preciso sobre cómo se logrará semejante objetivo, reiteró su plan de crear un millón de empleos en poco tiempo.
Se trata de un proyecto donde participan por ahora básicamente las provincias y las comunas, basándose en un vasto programa de forestación con trabajo pago seguramente en la nueva moneda, el «argentino», y no como subsidio. «Mejor que decir, es hacer, mejor que prometer es realizar», gritó eufórico un apotegma de la liturgia que inauguró en los 40 Juan Domingo Perón.
No fueron escasos los anuncios. En primer lugar, el lanzamiento del argentino, para quebrar la dicotomía dolarización vs. devaluación. A la primera, defendida por Carlos Menem, el Presidente la calificó como instrumento de pérdida de la soberanía nacional. La devaluación, podría tener ventajas para la competitividad, pero habría que bajar los salarios y por eso se opuso a tomar ese sendero reclamado por un sector de industriales.
Prometió una emisión responsable de la tercera moneda, que ya ha recibido fuertes críticas por parte de los sectores financieros concentrados. Pero –indicó– «las cosas en la Argentina han cambiado», reconociendo que tropieza con dificultades. De ellas sólo dio lugar a las de carácter técnico para imprimir el argentino, la moneda que al ser lanzada desde la CGT abre la posibilidad que una porción de los salarios, y no sólo de la administración pública y provincial, sean abonados en esa moneda, que muchos creen que no tardaría en depreciarse.
Enfrentando esa posibilidad, Rodríguez Saá, puso como respaldo al Argentino, las tierras fiscales, las propiedades del Estado, incluso las embajadas, todos los muebles e inmuebles no privados, como el Parlamento y la Casa de Gobierno.
Otros anuncios fácticos fueron: pedirá la derogación de la ley laboral, donde estalló el escándalo de los sobornos a senadores de su partido y radicales y aunque no dijo nada sobre investigar, reivindicó al senador peronista Antonio Cafiero por haber colocado el asunto en la arena pública.
Dijo también que se reintegrará a los trabajadores estatales y jubilados, el 13% cortado por el gobierno anterior, dentro de su política de ajuste y prometió convocar al Consejo del Salario para elevar el salario vital mínimo y móvil. «Los salarios no son el factor que hace no competitiva la producción local», subrayó, cambiando el eje del debate en esta materia.
Antes que hablara el Presidente, uno de los líderes de la CGT, el camionero Hugo Moyano, señaló que las movilizaciones populares, fueron las que han enterrado en la Argentina «el pensamiento único»: el «neoliberalismo ha muerto», sentenció el camionero que con sus movilizaciones desbrozó algo el camino para que el peronismo regrese al gobierno.
Previamente «al compañero presidente», el secretario de la CGT oficial, Rodolfo Daer, le dijo que los trabajadores quieren trabajo, poner en funcionamiento el aparato productivo, terminar con los ajustes, el retorno de los convenios colectivos de trabajo, el mantenimiento de la obra social de los jubilados, el PAMI, instaurar «un nuevo proyecto de país».
Moyano no fue menos enfático con el visitante y como Rodríguez Saá, enfatizó sobre el movimiento popular como factor clave en la política argentina.
Con esta música, el primer mandatario, sintetizó al movimiento popular como la convergencia del yrigoyenismo (por Hipólito Yrigoyen, el primer presidente radical que sintetizó la incorporación de las capas medias a la política nacional); el 17 de octubre de 1945, donde con Perón rescatado ese día de la cárcel por un movimiento obrero con respaldo militar, se definió el curso argentino por decenios, y finalmente los sucesos del 20 de diciembre, es decir, la pueblada de los marginados y de las capas medias porteñas, especialmente.
Sugestivamente no habló del período peronista en el gobierno con Menem, ni de éste como referente, excepto para castigarlo con aquello de la dolarización. Tampoco mencionó que el 3 de marzo deben realizar las elecciones. Curiosamente dos hombres importantes del gobierno, el jefe de asesores, Carlos Grosso, y el ministro de Trabajo, Oraldo Britos, pidieron que Rodríguez Saá se quede hasta cumplir el mandato de Fernando de la Rúa. ¿Sin comicios? No lo dijeron. Por si las moscas, Eduardo Duhalde, titular del Congreso del Partido Justicialista, reiteró que las elecciones deben realizarse.
En tanto la Justicia rechazó la solicitud de Domingo Cavallo para poder salir del país; tiene varios procesos, entre otros, un reclamo de varios diputados de centro-izquierda por el llamado mecacanje, por considerarlo un negociado.
El gobierno en otro paso de gran repercusión, derogó la ley que otorgó a De la Rúa y Cavallo poderes especiales para remontar la crisis. De mismo modo, el Presidente aseguró que nadie, del Estado, incluso jubilados de privilegio, podrán cobrar más de 3.000 dólares en el futuro.
Pero en esta constante puja de intereses, el nuevo secretario de Defensa, Hugo Franco, indicó que no está resuelto dictar un decreto por el cual se podrán extraditar a violadores de derechos humanos que aquí no puedan o no se quieran juzgarlos, como lo anticipó el secretario de Justicia.
Muchas novedades que anticipan un serio forcejeo y realineamientos. Está visto que Rodríguez Saá trata de consolidar su liderazgo y crear la idea de que hay un nuevo camino. Ya anunció que no se pagará por ahora la deuda externa.
El país por ahora está virtualmente detenido. La bronca de las capas medias que salieron la calle también porque le inmovilizaron sus depósitos, comienza a dar señales de impaciencia.
El ministro de Economía, Rodolfo Frigeri, anticipó que los depósitos a plazo fijo seguirían en el freezer, salvo que se puedan devolver en argentinos.
¿Qué le dirá el Presidente a ese sector clave en los sucesos de la semana pasada? Tiempo al tiempo, sostienen sus adláteres.
Por ahora, logró alinear a las dos CGT tras de sí y creó una expectativa en el movimiento de los desocupados. Pero el movimiento obrero actual es más vasto. *
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