Israel criticó la prohibición de Sharon contra Arafat de ir a Belén en Navidad
Las presiones internacionales, especialmente la del Vaticano, la Unión Europea y Estados Unidos, no lograron que el primer ministro israelí, Ariel Sharon, cambiara su decisión de condicionar el paso de Arafat a Belén (Cisjordania) al arresto de los asesinos del ministro israelí de Turismo, muerto el 17 de octubre en Jerusalén.
La respuesta del presidente palestino apareció en las pantallas de todas las televisiones mundiales: una silla vacía con un tocado negro y blanco, signo de reconocimiento de Arafat, en la primera fila de la iglesia Santa Catalina de Belén, donde se celebró la misa de Navidad.
Las críticas no tardaron en surgir en Israel, trascendiendo las divergencias políticas.
«Arafat, el musulmán, se ha convertido en un héroe cristiano», acusó el líder de la oposición de izquierda, Yossi Sarid, encarnizado detractor de la política de Sharon.
Líderes de derecha formularon reproches del mismo tipo. El diputado del Partido Nacional religioso, emanación política de los colonos, Shaul Yaalom, opinó que el primer ministro cometió un «error llevando al mundo cristiano a ponerse contra Israel».
Algunos, como el ministro de Medio Ambiente, Tsahi Hanegbi, del partido Likud de Sharon, justificaron esta decisión, tomándola como «una prueba de firmeza».
Pero para el gran rabino ashkenazi (de rito occidental) Israel Meir Lau, «no basta con tener razón, hay que mostrar además inteligencia».
En la guerra mediática que mantienen israelíes y palestinos, Arafat marcó puntos, después de que los sangrientos atentados de principios de diciembre habían mermado su imagen.
«¿Quién recuerda ahora que hace una semana el mundo entero denunciaba a Arafat, incluidos sus partidarios europeos?», se preguntan los altos responsables del ministerio israelí de Relaciones Exteriores, citados por el diario Yediot Aharonot.
«Hemos perdido toda la credibilidad que habíamos logrado ganar en el frente mediático. Arafat no podía esperar un regalo de Navidad mejor», añadieron.
Durante esta crisis, los palestinos insistieron en el hecho de que Israel violaba el principio de acceso a los lugares santos.
Ese tema es uno de los más sensibles, porque Israel siempre se presentó como una potencia que garantizaba ese acceso, en particular en el sector oriental de Jerusalén, que ocupa desde 1967 y donde se hallan los lugares sagrados de las tres grandes religiones monoteístas.
Para el analista político Daniel Bensimon, esta guerra de nervios en torno a la presencia o no de Arafat en Belén «es un arreglo de cuentas personal que trasciende la pura cuestión política».
«Todo el mundo estaba contra esta decisión, los ministros dijeron que nunca vieron una determinación parecida. Para Ariel Sharon es un asunto personal basado en la hostilidad visceral que siente por Arafat desde hace años», afirmó. *
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