Tras la caída del régimen Talibán, las mujeres comienzan a vivir los cambios

Las afganas volvieron al colegio tras cinco años de vacaciones forzosas

Muchas afganas pisaron este domingo por primera vez una escuela y otras tantas volvieron a las clases tras un paréntesis de cinco años impuesto por el régimen de los talibanes, que prohibió la educación a las mujeres.

Las escuelas de invierno de Kabul, que sirven para preparar el curso que empieza en marzo, iniciaron sus cursos el domingo –el día festivo en Afganistán es el viernes– y miles de niñas y mujeres acudieron por primera vez a un aula.

Una de estas escuelas, Alfat-Ha, en el centro de Kabul, recibió a 850 alumnos, de los cuales 750 eran niñas, pese a que los cursos están abiertos a todo el mundo, explicó el director Subhanulá Nassrat.

Las profesoras y las niñas de la escuela llevaban la burqa alzada y recogida en forma de velo, los rostros descubiertos, se oían a menudo risas y se percibía un ambiente de felicidad inédito para el extranjero que visita Kabul.

«Nuestra tarea principal con estas niñas será enseñarles las normas de la escuela. Algunas nunca habían estado en una clase, otras hace más de cinco años que no las pisaban», explicó Nargess Marege, profesora en el centro Alfat-Ha, en el distrito noveno de la capital.

Es el caso de Malalai Hamid, de 16 años, que fue a la escuela durante dos cursos cuando su familia se refugió en Peshawar (noroeste de Pakistán).

Su familia regresó a Afganistán hace dos años y desde entonces no ha recibido formación alguna.

Malalai se siente «realmente, realmente muy feliz» de volver a la escuela.

Sus compañeras de clase tienen hasta 20 años y no hay ningún varón entre ellas.

«Estoy tan contenta de volver a clase, de conocer chicas, de hablar con usted (con el periodista), estoy contenta», aseguró con una gran sonrisa Sereshk Reha, de 17 años, compañera de clase de Malalai.

«Durante los talibanes estuve dos años aprendiendo en casas particulares en las que organizaron escuelas clandestinas para niñas. Luego, mi padre me enseñó a diario durante un año y medio. Y ahora, por fin, volvemos a los colegios», explicó Sereshk.

Sin embargo, el centro se encuentra en un estado lamentable y la mención de los problemas ensombrece el rostro de las profesoras, que hace cinco meses que no ven sus salarios, eso en el caso de que trabajasen durante el régimen de los talibanes, que condenó al paro a muchas de ellas.

«No hay cristales en las ventanas, las paredes están agrietadas, no hay calefacción, no hay lavabos, hay goteras, algunas chicas no tienen casi ropa, son refugiadas que acaban de regresar, no tenemos cuadernos, no tenemos libros de texto, no tenemos lápices, sólo la pizarra y tizas. A pesar de eso estamos contentas, pero ¿qué pasará?», declaró Saleha Yadgar, una profesora de 38 años que salió de su clase al oír al director hablar con un extranjero.

Yaagdra olvidó que en muchas aulas, como en la de Malalai y Sereshk, tampoco hay sillas. El horario de las clases, de 8 a 12, cuando el sol calienta, sirve para paliar la carencia de calefacción, pero allí donde no alcanza el sol, la escuela es una heladera.

Un representante del Fondo para la Infancia de Naciones Unidas (Unicef), Peter Medway, responsable del proyecto de emergencia en Afganistán, dijo a la AFP que se habían preparado lotes de material de primera necesidad para estas escuelas de invierno, y que sería «distribuido en los próximos días». *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje