En vísperas de la asunción del nuevo gobierno afgano comenzó despliegue de fuerza internacional

Llegaron los marines británicos

Mientras los norteamericanos seguían buscando al líder fundamentalista Osama bin Laden, la capital afgana se preparaba para recibir al nuevo poder, que, respaldado por la comunidad internacional, asumirá la dura tarea de levantar un país destrozado por 23 años de guerra.

Treinta marines británicos entraron el viernes en Kabul y un contingente de otros 53, precursor de la fuerza internacional, tenía previsto el viernes empezar a escoltar a las personalidades llegadas para asistir a la ceremonia de investidura del nuevo gabinete desde la base aérea de Bagram, al norte de Kabul.

El Pentágono anunció este viernes el bombardeo de un convoy en el este de Afganistán, que podría ser un error, según los primeros elementos.

La agencia Afghan Islamic Press (AIP) anunció en efecto que 65 personas de un convoy de notables que viajaban hacia Kabul para asistir a la ceremonia de investidura murieron el jueves por la noche en un bombardeo norteamericano en la misma región del este.

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el jueves por unanimidad una resolución que precisaba el mandato de esa fuerza de seguridad, que se desplegará en Kabul y sus alrededores durante seis meses, bajo mando británico.

Los comandos norteamericanos y las fuerzas locales afganas antitalibanes seguían con sus operaciones de rastreo en los valles y las numerosas cuevas de las montañas de Tora Bora, en el este de Afganistán, en busca de los últimos fugitivos de Al Qaeda y de su jefe, Osama Bin Laden.

Un comandante local, Haji Hazrat Ali, afirmó el viernes que el multimillonario saudita, buscado por los atentados del pasado 11 de septiembre en Estados Unidos, «sigue en las montañas» de Tora Bora (este de Afganistán), aunque no precisó en qué se basaba esa información.

Los primeros integrantes de la fuerza internacional llegaron el jueves a Bagram, una base construida por los soviéticos a 50 km de Kabul y único aeropuerto actualmente practicable de la capital afgana.

Tropas británicas, muy discretamente, y norteamericanas ya estaban presentes en esa base desde hace varias semanas.

En Kabul, parecía que muchas armas habían desaparecido de las calles de la ciudad, donde los mujaidines recibieron orden de entregar sus Kalachnikovs, metralletas y otras armas.

Las nuevas autoridades afganas prohibieron el jueves a la población llevar a armas, salvo algunas excepciones. Reticentes a la presencia de la fuerza internacional, que aceptaron a regañadientes, pretendían demostrar que podrían garantizar por sí mismas el orden.

En la carretera que lleva de la base de Bagram a Kabul había el viernes un soldado afgano cada 500 metros, comprobó la AFP.

Las distintas facciones afganas se enfrentaron en una sangrienta guerra entre 1992 y 1996, que dejó muy malos recuerdos en Kabul. Los señores de la guerra, jefes de clanes y tribus volvieron a ser, tras la caída de los talibanes, los dueños de Afganistán.

La fuerza multinacional contará en total con entre 3.000 y 5.000 hombres.

El gobierno alemán decidió el viernes enviar hasta 1.200 hombres a Afganistán para participar en la fuerza, anunció el ministro de Defensa, Rudolf Scharping.

Esa fuerza, según la resolución de la ONU, tendrá como principal misión «ayudar» al nuevo gobierno a «mantener la seguridad en Kabul y sus alrededores, con el fin de que la autoridad afgana transitoria y el personal de Naciones Unidas puedan actuar en un entorno seguro». *

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