Castro anunció posible ruptura con Praga
«Si va a haber relaciones para cosas como ésta, es preferible que no las haya», dijo Castro el fin de semana sobre una resolución de condena a Cuba promovida por la República Checa en la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas.
El mandatario de 73 años calificó al país europeo de «aliado» de Estados Unidos, y exhortó a más de 1.000 jóvenes reunidos en un congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) a una «marcha contra la mentira» frente a la embajada checa en La Habana.
La FEU, única organización que agrupa a los estudiantes de la educación superior, es una entre los principales organizadores de las marchas, tribunas abiertas y mesas redondas que se suceden en Cuba desde los primeros días de diciembre.
Las protestas están dirigidas en primer término contra «la mafia cubana de Miami» que, según el gobierno de Cuba, mantiene secuestrado» al niño náufrago cubano Elián González desde su rescate del mar el 25 de noviembre.
A las demandas por el regreso del niño de seis años a Cuba con su padre, Juan Miguel González, se sumaron las manifestaciones contra la Ley de Ajuste Cubano de Estados Unidos, que otorga el derecho de asilo a todos los nacionales de la isla que llegan a ese país.
Ahora, la ofensiva ideológica podría sumar el diferendo con la República Checa, que año tras año acompaña a Washington como patrocinadora o con su voto a favor, en la resolución que presenta en Ginebra sobre las violaciones de los derechos humanos en la isla.
La Habana había logrado salir de la lista negra de los países que violan los derechos humanos en el mundo, en 1998.
El «perdón» fue atribuido entonces a la repercusión mundial que tuvo la visita a la isla del papa Juan Pablo II, en enero de ese año, y su llamado para que Cuba se abriera al mundo y el mundo se abriera a Cuba.
Pero el pasado año, la condena promovida por la República Checa y Polonia fue aprobada con 21 votos a favor, 20 en contra y 12 abstenciones.
Para acusar a Cuba deberán probar la existencia aquí de escuadrones de la muerte, de un solo asesinato político, un desaparecido o un torturado, dijo Castro.
De acuerdo con el presidente, si alguien llega a demostrar «que algún dirigente del Partido (Comunista de Cuba) sabe y ha permitido» violaciones a los derechos humanos de este tipo, «daremos lo que sea necesario». «La cabeza la damos», apostó.
La posición de Praga tiene sus más lejanos antecedentes en 1990, cuando la entonces Checoslovaquia y Polonia, ambos socios comerciales de Cuba dentro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), auspiciaron la condena a La Habana en Ginebra.
En febrero de ese año, el gobierno de Castro expulsó a un periodista checoslovaco de la isla y, por su parte, Checoslovaquia anunció que no seguiría prestando sus instalaciones en Washington para la Oficina de Intereses (representación cubana en Estados Unidos).
En 1991 las relaciones bilaterales parecían mantenerse a la espera de un golpe definitivo por las abiertas críticas del país europeo al régimen cubano y la exigencia de que la isla le pagara una deuda estimada en más de 300 millones de dólares.
Pero a pesar de las contradicciones, las relaciones se mantuvieron hasta que, en diciembre de 1992, el gobierno de Fidel Castro reconoció a la República Checa y a Eslovaquia como estados independientes.
Praga heredó los compromisos de la antigua unión y también la posición hacia la isla. En los últimos años, las relaciones diplomáticas entre los dos países se han mantenido sin nombramiento de embajadores.
Los diplomáticos checos en La Habana son conocidos por sus fuertes vínculos con la oposición interna, no reconocida por el gobierno de Castro. Elizardo Sánchez, líder de la ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, fue recibido y condecorado por el presidente, Vaclav Havel.
«A una época nueva corresponde también una diplomacia nueva y la exposición de la verdad», advirtió Castro el sábado, en el primero de dos discursos pronunciado ante los estudiantes universitarios reunidos en la capital cubana.
El presidente calificó de «títeres» a los que en representación de la República Checa acusan a la isla. Cuba quiere «desarrollar las relaciones con los checos», pero si ellos «no quieren, tengan la seguridad que no nos moriremos de tristeza», dijo.
Castro asumió «toda la responsabilidad» por la convocatoria a la «marcha contra la mentira» frente a la embajada checa en Cuba, pues, dijo, en ese país más de 50 por ciento de la gente está echando de menos el socialismo.
Quienes condenan a Cuba en materia de derechos humanos jamás tuvieron más garantías en ese sentido que esta nación caribeña.
El capitalismo no lo permite», dijo el presidente cubano.
Añadió que, a diferencia de lo que pasa en la isla, en esos países capitalistas «hay gente durmiendo en la calle, debajo de los puentes y tapados con periódicos».
Cuba se considera un baluarte de defensa de los derechos humanos a partir de la garantía a todos sus ciudadanos por igual de servicios de salud pública, educación, seguridad y asistencia social y protección estatal en caso de desamparo.
En tanto, las principales críticas contra el gobierno de Castro están dirigidas a la restricción de determinados derechos civiles como la libertad de expresión, asociación y reunión.
En este país la oposición política al sistema socialista está prohibida por la Constitución de 1974, reformada en 1992.
Fuentes de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional aseguran que entre noviembre y febrero 352 opositores fueron detenidos en la isla y a otros 240 se les restringió la posibilidad de movimiento.
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