Otra claudicación del gobierno chileno

por Niko Schvarz

La coalición gubernamental, conformada por el Partido Demócrata Cristiano, el Partido Socialista, el Partido Radical Socialdemócrata (Anselmo Sule) y el Partido por la Democracia, tiene mayoría en la Cámara de Diputados sobre la bancada derechista de la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional, sustentadoras ambas de la candidatura de Lavín. En el Senado, ausente Pinochet e incorporado Frei, el gobierno también alcanza la mayoría. Las reformas constitucionales se tratan en el Congreso Pleno, reunión de ambos cuerpos legislativos, equivalente a nuestra Asamblea General.

Marcando el paso ante la derecha

El resultado apabullante de la votación no deja lugar a dudas. La totalidad de las bancadas de la derecha (UDI más RN) fueron acompañadas por legisladores de los sectores integrantes de la gobernante Concertación de Partidos por la Democracia arriba enumerados.

Vimos al senador democristiano Andrés Zaldívar fundamentar desde la presidencia en forma vergonzante su voto afirmativo, que marca una continuidad con la actitud mayoritaria de la DC que de hecho, con Frei padre a la cabeza, abrió camino al golpe del 11 de setiembre. vimos también, en el plano opuesto, al diputado socialista Ricardo Núñez expresar su oposición a la reforma planteada, pero este partido, al que pertenece el presidente Lagos, cuenta con más de 27 legisladores en ambas Cámaras.

El vocero socialista sostuvo que la presunción de que Pinochet renunciaría en caso de aprobarse la enmienda (pretexto esgrimido por quienes apoyaban el proyecto desde distintos ángulos) era un error, porque no renunciará a su condición de senador vitalicio, dotado de los fueros correspondientes, y que en cualquier circunstancia, la enmienda votada le permitirá evadirse de los procesamientos por los crímenes cometidos durante el régimen dictatorial entre 1973 y 1990.

Un doble reaseguro de impunidad Ese es el quid de la cuestión.

La disposición aprobada crea una nueva figura jurídica que exime de eventuales procesos judiciales a todos los ex presidentes (Pinochet incluido, desde luego: el proyecto venía con nombre y apellido). Evita su comparecencia ante la justicia, que es lo que ahora está sobre el tapete, reclamada con vigor por los defensores de los derechos humanos. El verdugo mantiene sus fueros a perpetuidad por su condición de ex presidente, aunque renuncie a su cargo de senador vitalicio. Y tampoco va a renunciar. En suma, detenta ahora un doble reaseguro de impunidad.

Ahora la vigencia del fuero con que cuenta Pinochet como senador vitalicio puede ser revocada por la Corte Suprema de Justicia en casos de demandas judiciales con pruebas que ameriten su procesamiento. En cambio –como afirman comentaristas idóneos– el estatuto especial para ex presidentes aprobado por el Congreso no contempla mecanismos expresos para proceder a un desafuero que facilite la prosecución de las causas en los tribunales.

Una burla a los defensores de DDHH

Los organismos defensores de Derechos Humanos, con constancia y pasión elogiables, están reclamando precisamente, dentro y fuera de Chile, que se recorran los caminos que desemboquen en la justicia. Así acaba de declararlo en Santiago la presidenta de dicha institución. Al condenar el proyecto votado, reiteró que la Corte de Apelaciones debía otorgar el desafuero de Pinochet, para pasar luego al juicio ante los tribunales. En tal sentido ya hay entabladas 77 querellas en Chile, por parte de familiares de víctimas de crímenes abominables perpetrados por la dictadura, en particular durante la «caravana de la muerte». Se ha reabierto incluso la posibilidad de que el Departamento de Justicia de EEUU reabra la investigación del Gran Jurado que procura enjuiciar a Pinochet por el asesinato en Washington, el 21 de setiembre de 1976, del ex canciller chileno Orlando Letelier y su secretaria Ronny Moffitt, que ya ha llevado a la cárcel al jefe de la DINA, general Contreras, y a quien fuera su brazo derecho, el brigadier Espinosa.

Esto se frustra ahora, ya que la solución pactada en el Congreso entre gallos y medianoche, por parte de cúpulas partidarias y a espaldas de la opinión pública, procura que salgan de escena los tribunales de justicia que están esperando al dictador.

La indignación que la maniobra ha provocado en Chile se refleja también en el ámbito internacional y entre los sectores que siguieron paso a paso y movilizados el proceso de extradición. La presidenta del Parlamento Europeo, la diputada francesa Nicole Fontaine, acaba de declarar que «la enmienda a la Constitución chilena que otorga una nueva inmunidad al ex dictador Augusto Pinochet es un engaño en lo que se refiere a las supuestas intenciones de juzgarlo de manera equitativa en Chile». Agrega que se trata de «una provocación con respecto a los países que promovieron proceso por violación de los derechos fundamentales de las personas».

La triple claudicación

Estamos ante una triple claudicación del gobierno chileno. La primera consistió en oponerse a la extradición de Pinochet a España para ser juzgado, aduciendo que sería juzgado en Chile. Esto fue una gran mentira. Como lo fueron los informes sobre el Estado de salud de Pinochet, con los cuales el ministro Jack Straw fue engañado o se dejó engañar. Cuando Lagos pronunció su primer discurso ante La Moneda, apenas proclamado vencedor, el clamor de la multitud le reclamó: «Â¡Juicio a Pinochet¡», y prometió que haría todo para abrir el camino de la justicia. Ahora, con el voto de parlamentarios del gobierno, se saca el tema de la órbita del Poder Judicial.

La segunda claudicación estuvo a cargo del presidente Frei en los últimos días de su mandato, cuando permitió que el ejército, armado a guerra, pasara por encima de su investidura y realizara un homenaje por todo lo alto a Pinochet a su regreso a Chile.

La tercera claudicación, al inicio del gobierno de Lagos, está destinada a satisfacer a la derecha, que se muestra exultante. Sus voceros declaran que el «gran acuerdo nacional» pactado es definitivo y «cierra la transición». Pero no se ha hecho otra cosa que revivir frente a los genocidas el camino munichista, de triste memoria.

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