La Virgen de la Caridad del Cobre, reina y orixá

Creciente fervor religioso en Cuba

MARIA SANZ, EL COBRE, CUBA, AFP

 

Con su vestido ricamente bordado, coronado de oro, engalanado con perlas, rodeada de flores, la Virgen, llevando en sus brazos al niño Jesús, está entronizada en esta única basílica de la isla, 16 kilómetros al oeste de Santiago de Cuba (este) en el pueblo de El Cobre, que toma su nombre de las minas de cobre de sus alrededores, que datan del siglo XVI.

Durante su histórico viaje a Cuba en 1998, Juan Pablo II calificó a la pequeña virgen mulata como «el corazón mismo de la nación», su «reina, madre y patrona», celebrando una misa en su nombre donde la imagen de la Virgen, retirada de su santuario por primera vez desde la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, fue conducida ante la presencia del Papa, quien la coronó solemnemente con joyas traídas especialmente desde Roma.

Cuarenta años de socialismo no han alterado para nada la devoción y las peregrinaciones que ella inspira, además de haber sido transferida al panteón de la santería afrocubana como Oshun, uno de las orixás más veneradas, diosa del amor, los ríos y el oro, cuya flor emblemática, el girasol, se encuentra omnipresente en la basílica.

Desde los más pobres hasta los más poderosos, todos son recibidos en los largos pliegues de su manto tendido en forma de abanico. Desde los recién nacidos a los enfermos, desde los exiliados a los presos políticos, desde los católicos respetuosos de los dogmas romanos a los babalaos (sacerdotes) del culto afrocubano.

En la sala de las ofrendas, ante un altar de plata, se observan los objetos más heterogéneos –desde diplomas universitarios a un cálculo renal expuesto en una pequeña caja–. Cartas y fotografías reposan sobre mesas. En las vitrinas y en las paredes se alinean charreteras militares, medallas castrenses, pequeños objetos de plata, brazos y piernas en miniatura, símbolos de milagros producidos.

En una fotografía en colores, una madre radiante posa con su pequeño hijo: «Para ti, que con tanta fe te pedí esto que hoy tengo, mi hijo y tu hijo», dice una carta que acompaña la imagen. Sobre un simple y pequeño papel blanco, unas palabras fueron garabateadas junto a un par de medias blancas «sin usar para pagar una promesa» que hizo por su salud, precisa su autor.

Una placa de bronce rinde tributo a la Virgen por haberle permitido a una persona salir de Cuba. La medalla de oro de los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1999 y la medalla de plata de las Olimpíadas de Sydney 2000 del legendario atleta cubano Javier Sotomayor también se encuentran allí, al lado de zapatillas de las estrellas del Ballet Nacional de Cuba y algunos guantes de boxeo.

«Mientras tenga vida, quiero venir en peregrinación una vez por año», dijo Esmeralda Sánchez a la AFP, una residente de La Habana que afirma que la Virgen le ha dado «una casa y ayuda» para salvar a su hija. «Para mí, ella es la reina, la esperanza de este país y una de las orixás más amadas del panteón yoruba», precisó esta mujer de 50 años, devota de la santería.

Según una pequeña historia de la basílica, la propia madre de Fidel Castro dio en ofrenda una figurita en oro para agradecer a la Virgen haber protegido a su hijo. El escritor estadounidense Ernest Hemingway, quien residió durante 22 años en la isla, le entregó en ofrenda la medalla de su Premio Nobel de Literatura.

La Virgen es también una imagen de la patria: ella es conocida además como la «Virgen Mambisa», nombre de los soldados voluntarios por la independencia cubana. Esos combatientes pidieron que la Virgen de la Caridad del Cobre fuera proclamada Patrona de Cuba en 1936 por el arzobispo de Santiago.

Es una imagen de esta Virgen Mambisa implorante, exhibida en un gran afiche en blanco y negro, donde con decenas de firmas se exige «la libertad de los presos políticos», una súplica pública inaudita en Cuba, que nadie se ha atrevido a retirar de ese lugar. *

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