El Movimiento al Socialismo se distanció en enero del oficialismo

Los ex aliados de Chávez dicen que si quiere seguir debe ser menos conflictivo

«El paro es un mecanismo de acción democrático. En ese sentido puede ser útil en la medida en que sea escuchado por el gobierno, que la dura realidad obligue al presidente a dar un viraje hacia el diálogo», declaró Leopoldo Pucchi, dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS).

Elegido en diciembre de 1998, luego reelecto por seis años en julio de 2000 tras una nueva Constitución, el ex teniente coronel Chávez se beneficia todavía de un gran apoyo de las clases desfavorecidas de Venezuela, que cuentan con alrededor de 80% de pobres.

Pero su popularidad acusa un descenso constante, pasando de más de 75% a menos de 55% en los últimos sondeos, mientras que numerosos partidarios tomaron distancia.

El MAS se distanció en enero, tras haber aconsejado al presidente preferir el diálogo a la confrontación sistemática.

«El proceso constituyente, cuyo objetivo principal era desplazar a la vieja clase política y crear un nuevo marco institucional, se llevó a cabo con mucha esperanza popular y con mucho respaldo de todos los sectores de la sociedad», recordó Pucchi.

El MAS proponía entonces «construir una economía productiva para alcanzar un mejor nivel de bienestar social». «Para tales efectos era indispensable utilizar una estrategia distinta a la utilizada hasta el momento, que se caracterizaba por la pugnacidad y la confrontación. Había que dar un viraje hacia una estrategia de diálogo, buscar integrar a los sectores productivos y a las clases medias en un plan económico nacional».

«Pero este planteamiento ha sido rechazado por el presidente de manera sistemática. Y llegamos a la situación actual donde los hechos nos han dado la razón», deploró Pucchi, precisando que «un viraje positivo sería bien visto y contaría con el apoyo del MAS».

Elegido alcalde de Caracas en julio de 2000, Alfredo Peña también se distanció de Chávez. Este periodista integró el gobierno como ministro del secretariado de la presidencia de febrero a marzo de 1999, y luego integró la Asamblea Constituyente.

«Conocí a Chávez dos años después del golpe de Estado frustrado del 4 de febrero de 1992. El militaba por el abstencionismo, no creía en las elecciones», relató.

Luego Chávez llegó a la presidencia con más del 56% de los votos frente a los partidos tradicionales unidos contra él. «Propuso un cambio y todo el país creía en ese cambio», recordó Peña, en referencia al proyecto chavista de «revolución democrática y pacífica».

«Pero tuvimos muchas discusiones por su actitud agresiva frente a los medios, por su política exterior hacia Estados Unidos, nuestro principal cliente petrolero, y hacia Colombia, nuestro vecino», explicó, deplorando la ambigüedad del discurso presidencial sobre el terrorismo y la guerrilla.

Según Peña, el jefe de Estado «debe cambiar, si no va a caer. Tiene que gobernar como un demócrata. Ahora está obligado a buscar consenso».

Francisco Arias, también ex militar, estuvo entre los primeros en romper con el presidente, en enero de 2000. Arias, que estuvo al lado de Chávez durante su intentona golpista, llegó a ser su rival en la carrera presidencial.

«Junto con compañeros que participamos en la acción militar del 4 de febrero le planteamos al presidente solamente una conversación urgente sobre la manera de completar los cambios políticos (…) porque la Constitución tiende a centralizar el poder del presidente.»

«Pero se negó a discutir y prefirió despedirnos públicamente luego de una cantidad de insultos y de agresiones. Fue como descubrir la imposibilidad del diálogo», agregó.

Según Arias, «el paro es como una medición de fuerzas entre un presidente, que lleva un proyecto más anárquico que revolucionario, y una dirigencia empresarial que se ve afectada por ese tipo de gobierno».

«Si el presidente mantiene la confrontación, no podrá concluir su mandato. Frente a esta gran movilización, va a tener que buscar una salida», estimó Arias, descartando sin embargo cualquier intención de golpe, lo cual «sería un error». *

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