"Estos proyectiles pueden hundirse diez metros bajo tierra"

Bombas para enterrar vivos a enemigos

Los estadounidenses disponen de «bombas de 250, 500 kilos y una tonelada, guiadas» para destruir «las cuevas y sus entradas», subrayó el jueves el general Peter Pace, jefe del Estado Mayor adjunto para las operaciones en el Estado Mayor interarmado estadounidense. La guía de estos proyectiles corresponde en primer lugar a las fuerzas especiales estadounidenses desplazadas en el terreno, especialmente en las inmediaciones de Tora Bora, cerca de Jalalabad (este), precisó. En el transcurso de los últimos días, las fuerzas estadounidenses tuvieron que recurrir por primera vez a misiles de una tonelada y media AGM-142 Have Nap para destruir cuevas, según un responsable del Pentágono que pidió el anonimato.

El Have Nap es un misil dotado de una cámara utilizada para guiarse, fabricada conjuntamente entre Estados Unidos e Israel. Puede ser lanzado a más de 800 kilómetros del objetivo.

Las fuerzas estadounidenses tienen también bombas de una tonelada y de dos toneladas y media, guiadas por láser o satélite, ya utilizadas para destruir puestos de comando subterráneos de los talibanes. Sus ojivas están preparadas para penetrar profundamente en la tierra o los búnkers antes de explotar. Según expertos, no serán sin embargo capaces de penetrar suficientemente una montaña para alcanzar una cueva profundamente enterrada. «Algunos de estos proyectiles pueden hundirse diez metros pero no más de eso», estimó Dan Goure, un experto del Instituto de Lexington en Washington. «Eso será por lo tanto muy difícil, sobre todo si tienen la montaña entera arriba de ellos», agregó. Las bombas de fuerte penetración podrían también ser utilizadas para provocar un efecto de soplo en las entradas de los túneles y otras cuevas, según John Pike, un especialista de los asuntos militares de GlobalSecurity.org, que ironizó por otra parte sobre las ideas de atacar las cavernas. Estas ideas vienen de las películas de Superman y no están inspiradas en las reales condiciones de combate, subrayó, al evocar la amplia gama de efectos especiales a disposición de los cineastas para hacer sus largometrajes.

El problema de las instalaciones subterráneas no es algo nuevo y fue un tema recurrente a lo largo de la guerra fría. A mediados de los años 90, los servicios de investigación estadounidenses se centraron sobre este asunto después del descubrimiento de una fábrica química en Libia en construcción en una montaña en Tarhuna. Si los libios culminaron su proyecto, la única solución para destruir esta fábrica era recurrir al arma nuclear o reclutar comandos para neutralizar desde el interior.

Las instalaciones subterráneas en Corea del Norte, en Irak y en otros países enemigos de Estados Unidos contribuyeron a la necesidad de definir una solución al problema.

Una minibomba nuclear, la cual algunos expertos estiman que ya existe en el seno del arsenal estadounidense, podría representar esta solución. Pero, para especialistas, ésta implica un reinicio de los ensayos nucleares de Estados Unidos para asegurar su desarrollo y su industrialización.*

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