Gorbachov y Yeltsin, los dos "sepultureros" de la URSS
El ex presidente soviético Mijail Gorbachov y su sucesor en el Kremlin, el primer presidente de Rusia, Boris Yeltsin, son acusados por muchos de sus compatriotas de haber sido los «sepultureros» de la URSS, diez años después de la disolución de ésta.
Gorbachov y Yeltsin compiten por el primer puesto en la lista de los responsables de la desaparición de la URSS, según los sondeos, muy por delante de los otros dirigentes de la época y de anteriores miembros de la jerarquía soviética.
Según un sondeo realizado este año, cerca del 80% de los rusos lamenta la disolución de la URSS, pronunciada el 8 de diciembre de 1991 por Boris Yeltsin, entonces presidente de la república soviética de Rusia, y sus homólogos de Ucrania y Bielorrusia, tras la cual dimitió Gorbachov, imposibilitado de influir en los acontecimientos.
Los dos ex presidentes, ambos de 70 años de edad, que no se volvieron a reunir desde 1991 y que reconocen públicamente que no se aprecian, se acusan mutuamente también de todos los males políticos.
Yeltsin y sus partidarios, como muchos otros rusos, acusan a Gorbachov de lentitud en la aplicación de la política de democratización y de reestructuración (perestroika) que emprendió en 1985, y su falta de firmeza frente a los conservadores soviéticos, autores del fallido golpe de Estado de agosto de 1991.
El fracaso de éste significó el principio del fin de la Unión Soviética.
Por su parte, Gorbachov acusó a Yeltsin de ser un «neobolchevique» en su manera de querer imponer sus decisiones políticas y de haber hecho deliberadamente todo lo posible para acelerar el hundimiento de la URSS, «creyendo que, al deshacerse de la carga de las otras repúblicas, Rusia terminaría más rápidamente sus propias reformas».
Según Gorbachov, Yeltsin minó todos sus esfuerzos en los últimos meses de 1991 para hacer aceptar a las otras repúblicas soviéticas un nuevo tratado de unión que les otorgaba más prerrogativas pero que mantenía la URSS.
Gorbachov reconoció recientemente que lamentaba no haber podido cambiar a la URSS para impedir su destrucción.
«Si se hubiese reformado la Unión Soviética, creo que la situación hubiera evolucionado de otra manera», dijo. *
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