El molá Omar, enigmático jefe supremo de los talibanes

El líder de los talibanes, el molá Mohamad Omar, que parece haber aceptado la rendición de su milicia en Kandahar, su último bastión en el sur de Afganistán, había prometido la «destrucción de Estados Unidos a corto plazo».

Utilizando frecuentemente un discurso de tintes apocalípticos para amenazar a Occidente, el enigmático molá Omar es conocido, además, por su interpretación estricta e implacable de la ley islámica, por su empeño de no entregar a Estados Unidos a Osama bin Laden, «su huésped de honor» y presunto autor intelectual de los atentados de Estados Unidos del 11 de setiembre.

Estas reiteradas negativas a la hora de entregar a Bin Laden, al que le unen vínculos familiares, le valió el apoyo y la admiración de los islamitas más radicales, pero supuso el aislamiento internacional de su país, devastado por la guerra y la sequía.

«Conoceréis terremotos y tornados de Dios, el todopoderoso Alá, y después os sorprenderéis de lo que os pase», advirtió a finales de 1999, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU impuso sanciones a Afganistán por su rechazo a extraditar a Bin Laden.

El molá Omar, comandante de los mujaidines afganos, fue educado en las ‘madrazas’ o escuelas donde se enseña el Corán de Pakistán y se alistó en la Jihad o guerra santa contra las tropas soviéticas en 1979, en la que perdió un ojo.

Diez años más tarde de contribuir a la derrota de los soviéticos, creó un movimiento musulmán radical en su región natal al sur de Afganistán al que los refugiados afganos educados en Pakistán se unieron rápidamente.

Su verdadero poder llegó en 1994, cuando sus «estudiantes de religión» o talibanes conquistaron Kandahar, al sur del país, ante el alivio y la alegría de la población, ya cansada de la guerra civil que hacía pedazos Afganistán desde 1992.

A partir de entonces, el molá se hizo rápidamente una doble reputación: de autoridad religiosa incontestable y de jefe militar temible.

Los combatientes talibanes, apoyados directamente por Pakistán e indirectamente por Estados Unidos, llegaron a Kabul en 1996. Los ciudadanos esperaban que la milicia restableciera el orden pero además impuso una interpretación estricta del Corán, lo cual transformó a las mujeres en esclavas y sumergió a la población en el terror. *

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