Todavía no asumió el gobierno provisional y ya comenzaron las divergencias

Rencillas entre los jefes afganos por cargos y poder

El general uzbeko, ambicioso señor de la guerra cuyas fuerzas reconquistaron el norte de Afganistán y la estratégica ciudad de la que fue «dueño» indiscutido, Mazar-i-Sharif, dijo que estaba «descontento» con el acuerdo que no tiene en debida cuenta a su facción, la Uzbek Junbish-i-Milli.

«Boicotearemos este acuerdo y no iremos a Kabul hasta que no esté instalado un gobierno adecuado», anunció en una entrevista satelital a medios de prensa desde el norte del país.

El histórico acuerdo fijó como jefe del gobierno provisorio del país a Hamid Karzai, de la etnia pashtun.

En Islamabad, en conferencia de prensa, también el líder espiritual pashtun Sayed Ahmad Gailani definió como «injusto» el acuerdo.

Hubo «injusticia en la asignación de los ministerios, no estuvieron representados quienes tuvieron algún rol importante en la guerra contra el ocupante soviético», afirmó.

Gailani, líder del frente islámico nacional y fiel del ex rey Zahir Shah, no amenazó sin embargo con un boicot declarándose confiado en que la ONU forme una comisión que represente al pueblo en la Loya Jirga –asamblea de dirigentes tribales– «de modo de ajustar las cosas».

En Bonn, estaba su hijo, Sayed Hamid Gailani, liderando a los delegados del Grupo de Peshawar.

Desde su exilio iraní también el líder integrista afgano Gulbuddin Hekmatyar –que después de la iniciación de los bombardeos norteamericanos se declaró dispuesto a luchar junto a sus ex enemigos talibán– rechazó el acuerdo de Bonn porque, habría dicho, lleva la firma de los norteamericanos.

El acuerdo alcanzado después de nueve días de extenuantes negociaciones en Bonn prevé un gobierno de transición de seis meses compuesto por 30 miembros (el premier Hamid Karzai, cinco vicepremieres y 24 ministros), que deberían instalarse el 22 de diciembre en Kabul.

Además está prevista la creación de una corte suprema y de una comisión con la tarea de convocar a la Loya Jirga.

Esta a su vez deberá nombrar un gobierno transitorio durante 18 meses para redactar la constitución y llamar a elecciones.

Dostum se declaró muy triste y explicó que, en Bonn, había pedido el ministerio de Relaciones Exteriores para su grupo (uno de los más poderosos en la Alianza del Norte), y en cambio tuvo agricultura, minería e industria.

«Esta es para nosotros una humillación», dijo anunciando que impediría al nuevo gobierno el acceso al norte, la parte más rica de Afganistán, donde hay recursos petrolíferos y gas.

El general precisó que su negativa al acuerdo no se debe a que le fueron negados puestos clave a los uzbekos, sino a que su partido, que incluye otros grupos étnicos, debe estar mejor representado habiendo tenido un rol crucial en la persecución de los talibanes desde el norte. «Sin la lucha y sacrificios de los intelectuales del Junbish, los norteamericanos no habrían podido derrotar a los talibanes y al terrorismo».

«En realidad, somos nosotros los que provocamos la caída de los talibanes», subrayó.

Dostum agregó que hay «otros amigos» como el líder chiíta hazaro Karim Khalili, que «tienen reservas sobre este gobierno». pero subrayó que ello no quiere decir que «somos contrarios al proceso de paz de la ONU». *

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