El ex rey Zahir Sha, un regreso simbólico
El ex rey de Afganistán, Mohammed Zahir Sha, de 87 años, regresará dentro de seis meses a Afganistán, tras 29 años de exilio, para protagonizar un papel simbólico: abrir la Loya Jirga, la gran asamblea tradicional afgana que nombrará a un gobierno de transición.
El ex monarca, depuesto en 1973 y desde entonces exiliado en Roma, tendrá la misión de abrir la Loya Jirga, que nombrará a un gobierno de transición que tomará el relevo del interino, cuya creación fue acordada este miércoles al concluir la conferencia de Bonn.
Zahir Sha tendrá un papel esencialmente simbólico y federador, como lo señalaron reiteradas veces los delegados y la ONU durante los nueve días de negociaciones en Alemania.
El ex rey descartó, sin embargo, liderar el gobierno interino, como lo precisó el acuerdo adoptado por la conferencia.
Nacido el 15 de octubre de 1914, Zahir Sha salió del olvido tras los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos y el lanzamiento de la campaña internacional contra la milicia islamita de los talibanes, erigiéndose en una de las pocas personalidades capaces de unir a las divididas facciones afganas. Su juventud la vivió en Francia, donde su padre, el futuro rey Nadir Sha, era ministro plenipotenciario. Apasionado de la cultura francesa, lector de Michelet, Gide y Proust, en 1930 regresó a su país, cuando su padre subió al trono, llegando a ser asesor del ministro de Defensa.
El 8 de noviembre de 1933, a los 19 años, Zahir Sha fue coronado rey tras el asesinato de su padre. El joven monarca gobernó con prudencia y logró tener lejos a su país de la Segunda Guerra Mundial.
En los años 50 se presentaba como el campeón del reformismo y en la década de los 60 lanzó un plan de modernización de Afganistán, que incluía la elección de un Parlamento y la separación de poderes, instaurando una monarquía constitucional.
El 17 de julio de 1973, mientras el soberano estaba de vacaciones en Italia, un golpe de Estado, liderado por su primo Mohammed Daud, derrocó a la monarquía y proclamó la República. Un mes después, Mohammed Zahir Sha abdicó y se instaló en las afueras de Roma, en un barrio residencial, apartándose de la vida política, sin mezclarse en las luchas internas contra el régimen pro soviético de Kabul y participando tan sólo en iniciativas a favor de la paz en su país, que le quitó la nacionalidad en 1978 y se la devolvió en 1991.*
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