Vladimir Putin, el "hombre sin rostro"
Rubio, con ojos azules y de frente despejada, este hombre de baja estatura, admirador de De Gaulle, nació en San Petersburgo el 7 de octubre de 1952.
Ya en la escuela secundaria, este hijo de obreros soñaba con trabajar en el KGB, pero una ambición semejante le parecía tan «inaccesible como un vuelo a Marte». Fue un empleado de los servicios secretos quien le aconsejó que estudiara derecho.
Pero antes de obtener su diploma, ya había recibido una oferta del KGB,al que accedió en 1975 en el servicio de contraespionaje tras concluir sus estudios. Luego pasó a los servicios de inteligencia exterior, y en 1985 partió hacia Alemania del Este, donde permaneció cinco años.
Según sus propias confidencias, el único defecto que figura en su expediente es que no mide suficientemente el peligro.
Expertos de inteligencia de Estados Unidos recalcan que el coronel Vladimir Putin tuvo una carrera mediocre.
Los años de Putin en el KGB siguen rodeados de zonas sombrías y cuando habla de ello es para relativizar las actividades de un servicio secreto que, sin embargo, hizo reinar el terror en la época soviética.
Tras regresar de la ex RDA en 1990, Putin se convirtió en asistente del rector de la universidad de Leningrado, a cargo de las relaciones internacionales de la institución.
En agosto de 1991 renunció al KGB, en pleno golpe contra Mijail Gorbachov, sin abandonar, no obstante, el Partido Comunista.
Tras el derrumbamiento de la URSS a fines de 1991, Vladimir Putin desempeñó actividades más acordes con la nueva Rusia, trabajando en el consistorio de San Petersburgo, junto al alcalde de la ciudad, el liberal Anatoli Sobchak.
Allí, como jefe de la comisión de Relaciones Internacionales del ayuntamiento, tenía como misión atraer a los inversores extranjeros a la segunda ciudad de Rusia. Fue en esa época cuando conoció a Anatoli Chubais, artífice controvertido de las privatizaciones. En 1994, Putin logró ser nombrado primer adjunto del alcalde.
Sin embrago, tras la derrota de Sobchak en las municipales de 1996, Putin abandonó San Petersburgo rumbo a la administración presidencial en Moscú, a petición de Pavel Borodin, ex intendente del Kremlin, involucrado hoy día en el escándalo de sobornos de la firma suiza Mabetex.
En julio de 1998, Boris Yeltsin lo nombró jefe del FSB (ex KGB) y en marzo de 1999 le ofreció el cargo de secretario del Consejo de Seguridad. el 9 de agosto se convirtió en primer ministro, tras la remoción de Serguei Stepachin.
Cuando Yeltsin le anunció poco antes del 31 de diciembre del año pasado su intención de renunciar y de confiarle las riendas del país, Putin afirma haberle respondido: «Francamente, no sé si estoy preparado y si lo deseo, pues es un destino pesado».
En todo caso y para darle una imagen menos dura al denominado «halcón» de la guerra en Chechenia, sus consejeros se esforzaron en los últimos meses por mostrar a un Putin más íntimo: jugando con su perro, esquiando o practicando yudo.
Putin afirma que lleva puesta su cruz de bautismo desde 1993 y fue visto asistir a servicios religiosos en numerosas ocasiones. Casado desde 1983 con una filóloga oriunda de San Petersburgo de nombre Liudmila, Putin es padre de dos niñas: Macha, de 14 años, y Katia, de 13.
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