Cavallo amenaza a la Alianza
Aunque todavía queda mucho por negociar puntualmente ahora es probable que Chile y Bolivia puedan ingresar como miembros plenos, despejando incógnitas sobre la factibilidad de la prioridad internacional de la Alianza. Brasil es un aliado esencial, pero no fácil porque se siente gran potencia, tiene sus tiempos, riñas intestinas políticas condicionantes y un poderoso y agresivo grupo económico industrial-exportador que más veces que menos, impone sus objetivos en el Planalto, la sede presidencial.
La crisis bilateral que desató la devaluación del real, fue profundizada por errores políticos de Carlos Menem que se creyó llamado a imponerle al vecino recetas para su economía o desconocerlo con iniciativas internacionales irritativas, como haber pedido a la OTAN el ingreso de la Argentina. Gran parte del trabajo de De la Rúa y Adalberto Rodríguez Giavarini estos meses ha sido convencer a Fernando Henrique Cardoso que serán previsibles, que jamás lo ofenderían con jugadas para aislarlos internacionalmente. El Presidente y su canciller debieron asumir que el aliado también sería leal.
Con tantas susceptibilidades, exabruptos como los del gobernador bonaerense Carlos Ruckauf, llamando a suspender el Mercosur o denunciar el Tratado de Asunción que le dio vida, son portadores de desconfianza y desconcierto, tanto para la opinión pública que ha sido inducida a creer que gran parte de sus penurias económicas que vive son consecuencia de la relación con Brasil como para los socios de la integración –y no sólo el más grande– que se preguntan si esa puede ser la postura del peronismo si retornan al poder. El gobierno tuvo que resolver su propia interna. En política internacional, si los diagnósticos a largo plazo son acertados, permiten al país estar preparados para las malas contingencias. Prever si Brasil devaluará o no, dividió las aguas entre funcionarios clave. El canciller Rodríguez Giavarini está convencido de que el gran vecino revaluará su moneda, opinión que transmitió a los negociadores y despejó otra traba: Rodolfo Terragno reclamó compensaciones si llega una nueva depreciación.
El jefe de gabinete no estuvo oportuno: habló cuando la negociación pasaba por otro andarivel y sin buscarlo, pudo ser confundido con el planteo de Ruckauf.
Terragno, que sabe mirar lejos, se anticipa a la necesidad de acuerdos monetarios porque no es fácil que conviva un sistema rígido como la convertibilidad con el de libre flotación en un mundo donde las decisiones se toman en otras partes, no en Brasilia ni en Buenos Aires.
Lo cierto es que su impaciencia molestó al canciller y a otros dos ministros, pero no cambia para nada la realidad de que nadie puede firmar garantías sobre como evolucionara la moneda brasileña y si será posible a mediano plazo, avanzar a un Maastrich semejante al que Europa se impuso. Pero el Viejo Mundo pudo llegar al acuerdo monetario porque son potencias productivas.
No hay opción para la producción argentina sin Mercosur. Pero este deberá ampliarse a acuerdos con otros bloques económicos y la diplomacia y los precios argentinos deben abrir nuevos mercados, el chino ya está en marcha, para ayudar a dinamizar la economía que este año tendrá una perfomance más que mediocre y es la madre de todas las angustias que vive la mayoría de los argentinos. De cómo se crece de manera diferente a lo ocurrido en la última década, aún faltan noticias.
Esas angustias están mermando el respaldo al gobierno. De la Rúa conserva su imagen positiva, pero la chatura de la economía resta.
Además el peronismo, hábil indagador en el llano de los humores de la gente, cree que le ha tomado el tiempo a la Alianza y busca pasar a la ofensiva. En este contexto el secretario de la CGT oficialista, Rodolfo Daer, cumplió la profecía: los acuerdos de cúpula son efímeros. Ahora que cambia el viento, desconoce al que había arribado con el gobierno para darle luz a la ley laboral y descoloca al propio Presidente que lo refrendó con un discutido abrazo.
Es probable que el oficialismo se tiente con las represalias, llámese desregulación de Obras Sociales Sindicales u otras, pero reiteraría el error: si hay vicios en su manejo, no debería haber dudas para proceder. En definitiva la Alianza se hizo fuerte proclamando transparencia, no la real politik, típica del método menemista: para que no la sorprendan otros desaires, debería ser consecuente con esa línea.
Una ofensa mayúscula al Presidente le infirió el ex «carapintada» y ministro de Seguridad bonaerense, Aldo Rico, al tratar de mostrarlo conviviendo con los represores del pasado, justo en vísperas del 24 aniversario del golpe de marzo de 1976.
Una fotografía que divulgó mostrando a De la Rúa custodiado por un supuesto torturador, fue rápidamente aclarada y abortada la intención del ex golpista. Ruckauf, de visita en los EEUU y retornando el 2 de abril, prepara devolver a San Miguel, donde Rico es alcalde con licencia, a su ministro de Seguridad y un esquema para reemplazarlo. No fue una buena semana para el gobernador bonaerense: además de su ligereza sobre el Mercosur, dos semanarios le dedicaron sus portadas sobre el avance de la Maldita Policía, exhibiéndolo como un neofascista y sin que el delito haya caído.
Exageradas o no esas afirmaciones revelan la preocupación por la buena imagen que el mentor de la política de mano dura tiene en la opinión pública. Ruckauf, que no hace nada sin una encuesta a mano, sabe de todos modos que sus transgresiones tienen límites: voló a Nueva York para encontrarse con la influyente comunidad judía para convencerla de que su nacionalismo no es xenofobia. Lo de Rico le servirá para arrojar lastre pero no cambiará el rumbo.
No es casual que el tema de la seguridad está convirtiéndose en el eje de la campaña electoral porteña. Con ópticas diferentes Aníbal Ibarra y Domingo Cavallo machacarán sobre este tema.
Las elecciones de mayo han encendido luces amarillas en la Alianza donde se entiende que una derrota, que hoy no anticipan los sondeos, sería un golpe demoledor para la coalición donde el Frepaso sería la variable de ajuste.
Cavallo piensa que tendrá votos de un sector conservador que en octubre se lo dio a De la Rúa y así superar el techo que tendría su candidatura, tanto por lo que aporta Gustavo Béliz como por lo que incide un distrito donde tiene más mala imagen que buena y que es no peronista. El apoyo de Carlos Menem podría ser para el ex ministro, el abrazo del oso que de todos modos cree que si se lo da a pesar de los odios, es porque el riojano no quiere quedar descolocado ante el sesgo que toma el peronismo.
El proyecto del peronismo, conducido crecientemente por los gobernadores, aunque Menem se siente tan con futuro que recorrerá pronto todo el país, es semejante al de Cavallo: desplazar a la Alianza del control de un distrito clave, debilitar al Frepaso, a su mentor Carlos «Chacho» Alvarez, padrino de Ibarra, y rodear al Presidente para que deje hacer, prometiéndole que la derrota no lo afectará, pero que tendrá para apoyarse una nueva coalición.
Esta arquitectura alarma a Raúl Alfonsín que caminará barrio por barrio y comenzará esta semana por un baluarte radical de capas medias. Quiere levantar el ánimo del partido, disconforme con el gobierno porque no abrió lugares para la militancia, o porque el desencanto también los alcanza. El ex presidente comprende que está en juego un proyecto de país, del que aún hay solo promesas, pero que no se podrá cumplir si la derrota se abraza a la Alianza la noche del 7 de mayo.
Para Cavallo una victoria, que él quiere demostrar que tiene cerca, lo colocará como cabeza de una nue
va coalición, hará pesar su eventual triunfo para condicionar al Presidente y hasta proponerle reemplazar al Frepaso en un proyecto a largo plazo. O sumarse al peronismo para ir hacia el poder en las condiciones que supone, podrá fijar. Alfonsín, Alvarez, Graciela Fernández Meijide, saben que hay que frenarlo. ¿De la Rúa pondrá todo su prestigio a favor de Ibarra? En la respuesta puede estar la clave. Con esta precisión: una derrota debilitará fenomenalmente al Presidente.-
Compartí tu opinión con toda la comunidad