Temor en Argentina ante una posible devaluación del peso

Cerca de mil millones de dólares se fugaron de los bancos

ISIDORO GILBERT

 

El gobierno casi desbordado por los acontecimientos imaginó urgentes medidas dirigistas para frenar el drenaje como inmovilizar los depósitos, permitir el retiro de sólo mil dólares por mes y obligar a gastar otras necesidades, generalizando el cheque o las tarjetas de crédito. Busca así salvar a muchos bancos de la catástrofe. Para «dar confianza», los ahorros en pesos pasan a ser dólares: aleja el fantasma de la devaluación con dolarización parcial.

Para el oficialismo, la corrida fue inducida por algunos bancos extranjeros para hacer frustrar la reestructuración de la deuda externa. Es probable, pero también hubo un clic que quebró la confianza en el gobierno. Lo ocurrido eclipsó el suceso de haber canjeado bonos por 50.000 millones de dólares, a una tasa del 7%, que permite ahorrar 3 mil millones de dólares y podría mejorar la chance de la operación por lo que resta con los acreedores extranjeros. El canje recibió un fuerte respaldo del Tesoro de los EEUU mentor de este camino.

La crisis posterga incertidumbres políticas, porque abroquela ahora al arco político, empresarial y un sector sindical, apoyando la reestructuración de la deuda y en oposición a la especulación y las presiones de algunos bancos, norteamericanos especialmente. De la Rúa necesitará muchos más: que ese respaldo se consolide en un acuerdo programático. Sin esa fortaleza, le costará sobrevivir a la desconfianza de la gente y las presiones de un sector bancario.

Puerta y la idea del complot

Quedó aventada, por ahora, la idea de que el peronismo busca desestabilizar a Fernando de la Rúa al imponer a Ramón Puerta como titular del Senado Nacional, es decir, el primero en la sucesión presidencial.

Potenció las dudas la debilidad del Presidente y el grave marco económico y social, sin visos de que se revertirá a mediano plazo la constante caída del PBI, el empinamiento de la desocupación y este caminar por el desfiladero del default que enrarece el presente y da espacio a cualquier rumor sobre el sistema financiero, como ocurrió a fin de semana.

En el peronismo no hay voluntad ostensible de tomar las riendas del gobierno, porque se sienten seguros después de los comicios de octubre, que 2003 será el mejor momento para regresar a tomar las riendas del Estado. Y si hay hombres influyentes y ambiciosos que deslizaban que anticipar las presidenciales sería lo mejor antes que la crisis, el viernes negro los disuadió, por ahora.

De la Rúa no entendió bien el mensaje de un sector del peronismo, el que agrupa ahora a los gobernadores y senadores de las provincias más pequeñas, que después del 14 de octubre anunció su decisión de ocupar las posiciones políticas acorde con el resultado electoral. Creyó, no solamente él, que era una de las constantes tretas de amagar por un lado para negociar algo.

Que el Presidente y sus asesores hagan una mala lectura de la realidad, no es novedad: interpretó mal el resultado electoral y a los apurones corrigió la visión adoptando medidas, como reestructurar la deuda externa. También pensó el Presidente que la libertad de Carlos Menem introduciría al peronismo en el desgarramiento. Están divididos, se ve, pero los une volver al poder.

Ahora con los hechos consumados, De la Rúa busca virtud en la mala nueva y quiere hacer creer que este virtual acercamiento del peronismo al Ejecutivo, con su dominio en las dos cámaras, lo obligará a plantearse una política de colaboración más agresiva que en el pasado.

En rigor, el PJ que ya controlaba la cámara alta cuando la Alianza gana las elecciones, no dejó a las buenas de Dios al Presidente, a veces acordando francamente, en otras negociando al viejo estilo de la política criolla, esa del toma y daca a la que se agregaron –se dijo– pagos de «peaje» que en el caso de la ley laboral, destapó el sistema de prebendas en el Parlamento. Consecuencia del affaire fue la renuncia del entonces vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez: en el vacío que dejó está el origen de que ahora la línea de sucesión quede en manos del peronismo. Pero no es ese el principio de la debilidad del gobierno que ahora eleva la postura peronista.

¿Una oportunidad?

Es probable que el Presidente piense que la ocasión es propicia para conformar un sistema de gobernabilidad con el peronismo que a la postre la fortalezca. Por lo pronto esta semana se reunirá con Puerta. Desde que la Alianza entre la UCR y el Frepaso entró en crisis, De la Rúa no ha sido insensible a los consejos de su entorno de avanzar hacia un entendimiento con el Partido Justicialista, o una de sus alas, oscilando si sería con Menem o con Eduardo Duhalde, que le permitiría despegarse de los progresistas de su propio partido y del Frepaso como ha ocurrido.

Cuando la profundización de la crisis económica puso a Domingo Cavallo otra vez en la cartera de economía, la idea pareció encontrar su momento. La fragmentación peronista hizo difícil siempre un entendimiento franco para que algún justicialista llegara al gabinete, incluso como jefe del mismo, hipótesis que algunos no descartan para el futuro.

Angel Rozas, nuevo titular radical, es pesimista y cree que el peronismo ha dado un «golpe institucional» en su primera fase. De no ser así piensa, habría aceptado que un hombre del gobierno presidiera la cámara alta, como en general marca la tradición, incluso el antecedente tan cercano de 1999 cuando el cargo quedó en manos del oficialismo.

Todo dependería de la suerte de la economía, que no se desborde por falta de credibilidad y que el viernes negro no se repita cuando el «estado de emergencia» financiera deba concluir en 90 días, el plazo que se estima para canjear con los bancos extranjeros el resto de la deuda. Nunca como en el pasado estuvo abierto el camino para una devaluación o dolarización, alternativas por la que presionan intereses contrapuestos o especuladores. Los «mercados», no el peronismo, se llevarían al ministro de economía y acaso, al Presidente.

Hay datos que apuntan al pesimismo y otros que lo morigeran. El anuncio de Cavallo que ya ha canjeado a un interés del 7% bonos por 50 mil millones de dólares, es un avance. La debe completar con el resto de la deuda en manos de acreedores externos, tarea no fácil porque toca intereses y a pesar de los apoyos políticos del Tesoro de EEUU y España.

Más contenciosa vino a ser la renegociación a esa tasa de la deuda que las provincias tienen con los bancos y de la que el gobierno se ha hecho garante. Es probable que este canje provoque pérdidas contables en algunos grandes bancos. Aunque han sido favorecidos por otras medidas, alguno de capital nacional puede quebrar.

Tareas titánicas

Con todo, aun cumpliendo con éxito toda la fase relacionada con la deuda, sólo posterga la crisis. El gobierno no sabe cómo enfrentar la depresión y lograr la reactivación, y un juego de presiones de agrupamientos empresariales, buscan orientar la economía por la profundización del ajuste, criterio del grupo más poderoso del establishment, el nucleado en el Consejo Empresario, o el que a tientas buscan los del Grupo productivo, proclives a medidas dirigistas que van desde mejorar el tipo de cambio por medios arancelarios a impulsar la demanda.

No es todo. La negociación con el FMI para que gire créditos resueltos en agosto ha tropezado con que el déficit cero no se cumple. Son 1.260 millones de dólares necesarios para pagar vencimientos: en caso contrario, la Argentina reconocería que está en cesación de pagos. Pero el Tesoro norteamericano le ha pedido al Fondo que además del déficit cero, tenga en cuenta el éxito de la reestructuración de la deuda, apoyo para d
estrabar el crédito.

Y todavía el gobierno tiene que conseguir aprobar el presupuesto sin déficit para 2002 y no alcanzarán los cinco mil millones de dólares que en teoría se ahorraría con el canje total de la deuda. Requieren otros ingresos como mejorar la recaudación. No parece factible: sea por la recesión, porque que Cavallo bajó impuestos para mejorar la competitividad de empresas o por emisión de bonos canjeables por gabelas.

Con la designación de Puerta hay una nueva realidad política en el peor escenario económico. Pero el justicialismo necesita tiempo para unir a sus diversas fracciones, donde según Duhalde, lo que está en juego es el perfil ideológico del peronismo. La irrupción de Menem se sentirá aunque el grueso de la nueva camada de dirigentes, gobernadores y legisladores de peso, quisieran que el ex presidente dejara el campo libre.

No aman transferirle el liderazgo a Duhalde aunque éste al resignar, al menos de palabra, aspiraciones presidenciales, puede armar un sistema de coincidencias para bloquear a Menem y su proyecto neoliberal.

De la Rúa está ante su última oportunidad para recuperar la confianza perdida. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje