Los vínculos financieros de Suiza con la Alemania nazi y la Italia fascista
Creada por el Parlamento suizo en 1996, la Comisión Bergier –que lleva el nombre de su presidente, el historiador Jean-François Bergier– publicó ayer jueves en Berna nueve nuevos estudios sobre el comportamiento de los suizos entre 1939 y 1945.
Uno de esos estudios lleva el título «Suiza, encrucijada de las operaciones ocultas del régimen nazi». En particular, en la segunda mitad de la guerra, cuando la derrota se perfilaba, muchos empresarios alemanes trasladaron sus capitales a países neutrales, como Suiza, en particular constituyendo reservas financieras mediante facturas falsas.
Asimismo, Suiza cubrió ampliamente las necesidades de divisas de la Italia de Mussolini hasta mediados de 1941, señala Benedikt Hauser en otro de los informes. «Altos dirigentes políticos y banqueros suizos siguieron considerando el régimen del Duce como un interlocutor digno de confianza» según el texto, que señala que las autoridades fascistas italianas fueron deudores fiables que pagaban cumplidamente a sus acreedores suizos.
Otros tres expertos elaboraron el informe «Comercio, robo y devolución», en el que señalan que bancos y sociedades financieras suizas revendieron títulos procedentes de expoliaciones perpetradas por la Alemania nazi.
Durante toda la guerra, fuera de la Bolsa, bancos y corredores siguieron tratando títulos extranjeros pertenecientes a extranjeros. En 1940, la Bolsa de Zurich había prevenido del riesgo de importar y negociar títulos de origen dudoso. Posteriormente limitó las transacciones de títulos extranjeros a los que eran propiedad de ciudadanos suizos desde el comienzo de la guerra, antes de flexibilizar nuevamente la reglamentación.
«En 1941, firmas financieras dudosas, empleados de grandes bancos y bancos privados y corredores emitieron gran cantidad de falsas declaraciones de propiedad suiza para títulos, entre ellos robados en los territorios ocupados por Alemania», indica el estudio.
En 1943, los banqueros y financieros suizos organizaron un sistema más riguroso para impedir la venta de bienes robados en los territorios ocupados por Alemania.
Pero, cuando se trató de devolver esos haberes, a partir de 1945, el gobierno suizo promulgó decretos especiales, pero el Tribunal Federal los interpretó de «manera muy restrictiva», señala el informe.
De manera que los haberes robados trasladados a Suiza fueron más altos que los reclamados, en particular porque sus propietarios fueron víctimas de persecución. Pero además, los pedidos de devolución son superiores a los efectivamente devueltos.
Los primeros informes Bergier en 1998 y 1999 traban sobre la aceptación por el Banco Nacional suizo de oro de víctimas de los nazis y sobre la política discriminatoria hacia los refugiados judíos. Otros informes, divulgados en agosto pasado, evocaban los vínculos entre la economía suiza y la del Tercer Reich.
La síntesis de este trabajo será publicada en el primer trimestre de 2002. *
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