Vuelven a organizarse peleas de gallos y de codornices
Las peleas de gallos y codornices, prohibidas durante el régimen talibán, que son objeto de apuestas y que apasionan a los afganos, se reanudaron en Kabul hace quince días, casi inmediatamente después de la toma de la ciudad por los combatientes de la Alianza del Norte.
En el viejo mercado de cereales de Kah Froshi se celebra la mayor feria ornitológica de Kabul.
Una verdadera pasión, tradicional en Afganistán. Los afganos no dudan en pagar el precio de cuatro pollos para comprar un ave en su pequeña jaula ricamente trabajada, por unos 20 dólares.
Se pueden encontrar codornices, perdices, pichones blancos y rojos, gorriones grises, y sobre todo canarios, con todos los matices del amarillo.
Por una pequeña abertura del tamaño de una ventana, practicada en una antigua puerta de madera, entrenadores y apostantes entran en el recinto de peleas, abandonado por sus propietarios, que huyeron al extranjero.
En el patio, algunos taburetes y bidones de metal blanco delimitan la pista de las peleas de gallos. En el primer piso de la casa de adobe, a la que se accede por una frágil escalera de tierra apisonada, una roída moqueta cubre lo que debió ser el comedor. Abierta a los cuatro vientos, la estancia es casi oscura. Unas 25 barbas blancas se agolpan al borde de la pista, que se lanzan desafíos los unos a los otros, y sacan febrilmente su codorniz de pelea, que agarran con la mano.
En el período de los talibanes, el pasatiempo de estos hombres arrugados y desdentados que bromean junto a la pista estaba estrictamente prohibido.
Tras algunos conciliábulos, dos manos cerradas, cada una con una codorniz, se acercan hasta tocarse. Como para desafiar al enemigo, las pequeñas aves, del tamaño de un polluelo, empiezan a pelear. No hay peligro de que se escapen volando por las ventanas abiertas, porque les han cortado las alas con tijeras. *
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