Kandahar, el último bastión y centro de poder del líder del régimen religioso de los talibanes

Negocian la rendición

«Sabemos que hay conversaciones entre las fuerzas opositoras y la dirigencia talibán acerca de una capitulación», dijo el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, Peter Pace, en conferencia de prensa.

Pero sobre el terreno, las disputas interétnicas pasaron a ser uno de los ejes por el control de la provincia de Kandahar.

Guerrilleros antitalibanes de las tribus pashtunes prohibieron la intervención de la Alianza del Norte en la batalla por la sureña ciudad de Kandahar.

«No aceptaremos soluciones que permitan una amnistía o retirada de la ciudad (de Kandahar)», dijo a su vez el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld.

Una lluvia de bombas estadounidenses continuó cayendo ayer en el aeropuerto de Kandahar, adonde los talibán, que gobernaron Afganistán desde 1996, se replegaron desde hace dos semanas luego de haber entregado sin resistencia Kabul a la oposición.

Si bien la Alianza del Norte sostiene que ya hay combatientes en la provincia de Kandahar, aunque lejos de la ciudad, no sólo tendrán que vérselas con los talibán, sino también con los milicianos de las tribus pashtunes que pretenden el control de la región.

La disputa étnica en la conferencia de Bonn corre el riesgo, quizás más que nunca, de trasladarse al terreno por el control de Kandahar.

Mientras el más importante representante de los pashtunes, Haji Abdul Qadir, gobernador de Nangarhar, dejaba la reunión de Bonn en protesta por el poco espacio a la etnia mayoritaria, en Kabul, Karim Khalili, jefe de la poderosa milicia de los chiítas se lamentaba de que la comunidad hazara tuviera tan poca participación.

La etnia pashtún –a la que también pertenecen los talibanes– conforma el 40 por ciento de la población afgana, seguida por las hazara, tadjika y uzbeka. Estas tres últimas forman la Alianza del Norte, apoyada tradicionalmente por Rusia e Irán.

En el frente, los jefes tribales pashtunes advirtieron a los comandantes de la Alianza del Norte (en su mayoría tadjikos), los señores de la guerra mal vistos en la parte sur del país, que no intervengan en Kandahar.

«No necesitamos de ellos», dijo un portavoz del líder tribal pashtún Hamid Karzai.

La jornada en Kandahar transcurrió bajo las bombas de los estadounidenses, pero sin combates. Marines se encuentran cerca de Kandahar a la espera de un ataque contra los talibanes.

Las tropas del comandante Gul Agha Shirzai, ex gobernador de Kandahar antes de la llegada del talibán, están detenidas a pocos kilómetros de los muros de la ciudad, en cercanías de la conocida Ruta de la Seda.

Los comandantes tribales pashtunes sostienen que quieren esperar un posible acuerdo de rendición con el molá Omar.

En Quetta, fuentes militares paquistaníes informaron que de hecho nadie tiene la fuerza suficiente en el lugar para conquistar el último bastión talibán. *

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