Todos se resignaron en Rusia al triunfo de Putin

Campaña electoral gris y muy aburrida

Anatoly Verbin

Los medios de comunicación y sus adversarios parecen estar resignados o rendidos a la esperada victoria del presidente interino Vladimir Putin, y estuvieron más ocupados en encontrar sus nichos bajo su gobierno que en enfrentar la campaña. «Nadie esperaba una campaña electoral tan gris, aburrida e impersonal», escribió el analista político Dmitry Pinsker en la revista semanal Itogi.

«No merece comparación con la reciente y tumultuosa elección parlamentaria y, si recordamos las pasiones de hace cuatro años, la insensibilidad de la actual campaña es impresionante», agregó. No sucedía algo semejante desde que Mijail Gorbachov permitió elecciones relativamente libres en la Unión Soviética.

En 1991, Boris Yeltsin se convirtió en el primer presidente electo en Rusia, que era entonces parte de la Unión Soviética, opacando la fiera resistencia de los gobernantes comunistas del Kremlin.

Su carácter dominante determinó el colapso de la Unión Soviética y los altibajos de Rusia desde entonces.

En 1996, Yeltsin ganó nuevamente, derrotando al líder comunista de la oposición, Gennady Zyuganov, en una enconada batalla definida por la personalidad de Yeltsin, enormes finanzas y el respaldo de los medios junto a una inteligente campaña de relaciones públicas mostrando el temor al retorno comunista. Su consigna fue de «Vote con su corazón» y pagó la victoria con su propio corazón, al caer enfermo sin poder recuperarse hasta su intempestiva renuncia el 31 de diciembre de 1999.

La frenética búsqueda de Yeltsin por un sucesor en los últimos dos años de su gobierno finalmente tuvo en Putin un resultado, primero como primer ministro en agosto y luego como presidente interino la víspera de año nuevo.

La carrera del ex espía de 47 años ha logrado desde entonces lo que parecía inimaginable hace apenas nueve meses. Virtualmente ha ganado la elección mucho antes de que los electores depositen sus votos el domingo, según los sondeos de opinión, despojando a la campaña del necesario toque de pimienta y emoción.

Y la interrogante que queda es sólo qué hará Putin después de las elecciones, aunque ello ha tenido poco impacto en la campaña. Tal parece que Putin aseguró su victoria en las elecciones parlamentarias de diciembre, cuando poco más que el asentir de varias cabezas en favor de un nuevo grupo político, Unidad, fue suficiente para alcanzar la mayor segunda fuerza en el Parlamento.

Desde entonces ha dominado totalmente la política rusa y es difícil describir la campaña por la presidencia, el premio mayor en el mayor país del mundo, como una carrera hacia el trono.

Putin oficialmente no ha hecho campaña y no puso en vigencia ninguna actividad de publicidad. Declinó también ir a debates con sus adversarios en la televisión.

Tiene tanta confianza en la victoria que tomó el último domingo antes de los comicios libre para descansar en la localidad turística de Sochi, en el Mar Negro.

Pero su presencia diaria en todos los canales de la televisión y los medios informando de sus viajes de «negocios», como su visita a la rebelde Chechenia el lunes en un avión de combate, parecen ser más que suficientes para asegurarle el triunfo, con bastante probabilidad en la primera vuelta.

Mientras, los otros contendores parecen conformarse con la sola pretensión de luchar. En variados grados, todos admiten que Putin ganará y algunos destacan sus deseos de trabajar con el futuro líder. Nadie lo ha atacado personalmente.

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