Voluntarios extranjeros también entregan sus armas

Kunduz capitula

KABUL, AFP

 

Cercados, acosados y bombardeados sin tregua por los aviones norteamericanos, enfrentados a un ultimátum, los talibanes cedieron finalmente. Las primeras rendiciones se produjeron el jueves y fueron aumentando progresivamente hasta generalizarse el sábado.

La caída de Kunduz no deja a los milicianos fundamentalistas más que algunas provincias en el sur, en torno a su centro religioso y político de Kandahar, residencia habitual de su jefe supremo, el molá Mohammad Omar.

El general uzbeko Abdul Rashid Dostam salió el sábado por la tarde con dos mil hombres, de las tres facciones principales de la Alianza del Norte (uzbekos, hazaras y tayikos) hacia la provincia de Kunduz, en el noreste, para tomarla oficialmente de manos de los talibanes.

Esa toma debería tener lugar a partir del domingo por la mañana.

Las rendiciones de Kunduz se producen tras un acuerdo entre tres jefes de la Alianza en Mazar-i-Sharif, principal ciudad del norte de Afganistán, que formaron una comisión especial, y los talibanes.

Se trata del comandante Haji Mohammad Muhaqiq, del partido Hezb-e-Whadat, representante de los chiítas hazaras, el general Atta Mohammad del Jamiat-e-Islami y el general uzbeko Abdul Rashid Dostam del movimiento nacional islámico, gobernador de Mazar-i-Sharif en la actualidad.

Unos 600 extranjeros que luchaban en las filas talibanes en Kunduz se rindieron a la Alianza cerca de Mazar-i-Sharif, declaró a la AFP el comandante hazara Muhaqiq.

Esos voluntarios chechenos, paquistaníes y árabes se entregaron a representantes de los tres jefes de la Alianza en la localidad de Dashti-Gori-Mar, también conocida como Qalae-qul-mohammad, a unos 10 km al este de Mazar-i-Sharif.

Mazar-i-Sharif, clave estratégica en la ruta hacia Uzbekistán, fue conquistada a los talibanes el pasado 9 de noviembre.

El destino de esos milicianos extranjeros, que temían ser ejecutados, sigue siendo una cuestión delicada. Según el acuerdo de rendición, serán encarcelados mientras que los talibanes desarmados serán enviados de vuelta a casa, señaló Muhaqiq.

Los extranjeros «serán hechos prisioneros, tratados como seres humanos, según los principios de la charia (ley islámica). «Serán entregados a Estados Unidos, a las Naciones Unidas o a sus respectivos países si son buscados o reclamados», añadió Muhaqiq.

«Estudiaremos todas las peticiones», agregó, al tiempo que precisaba que esa decisión se había tomado «de acuerdo con los talibanes».

Washington teme que esos combatientes desaparezcan o se unan a las filas de Al Qaeda, la organización del presunto autor intelectual de los atentados del pasado 11 de setiembre en Estados Unidos, Osama bin Laden, para continuar la lucha contra ese país.

Durante la rendición de un grupo de talibanes en un centro de la Cruz Roja en Mazar-i-Sharif, uno de ellos hizo explotar un granada. Una periodista británica del canal de televisión ITV-News, Andrea Catherwood, resultó herida en la rodilla por un esquirla.

Los talibanes se entregaron a las tropas de la Alianza en los dos frentes, este y oeste. Se habían producido desacuerdos entre los jefes del frente oeste (Mazar-i-Sharif) y los tayikos del frente este del general Mohammad Daud, que llevaron a cabo negociaciones por separado para obtener la rendición de Kunduz.

A bordo de los tanques, vehículos blindados de transporte de tropas, camiones y jeeps que formaban una larga columna, cruzaron la línea de frente rumbo al este. Recibidos con sonrisas y apretones de manos por sus enemigos tayikos, entregaron sus armas impasibles.

Al expirar el ultimátum que habían dado a los talibanes, las fuerzas tayikas de la Alianza del Norte lanzaron el jueves y el viernes una gran ofensiva militar.

Las tropas del general uzbeko Abdul Rashid Dostam no intervinieron en esa operación.

La aviación norteamericana apoyó el asedio de Kunduz con sus bombardeos.

Un pequeño reducto talibán, que protagonizó violentos combates el jueves y el viernes a las puertas de Kabul, parecía estar el sábado en vías de desaparición.

Los talibanes que mantenían posiciones en Maidan Shar, a 20 km al suroeste de Kabul, se replegaron hacia las montañas, afirmó un comandante local de las fuerzas antitalibanes, Abdulá Qozi.

En el sur del país, en la región de Kandahar, ahora último gran bastión talibán, se registró una serie de combates.

Milicias tribales pashtunes tomaron en distrito de Tajtapul, a unos 45 km al sureste de Kandahar, y la frontera paquistaní, cortando al parecer la principal carretera entre Kandahar y Pakistán, señaló a la AFP el dirigente pashtún antitalibán Hamid Karzai.

No obstante, un portavoz talibán desmintió a través de la agencia Afghan Islamic Press (AIP) la toma de ese distrito.

Paralelamente, los talibanes, citados por la AIP, afirmaron el sábado por la mañana que habían rechazado dos ataques de los antitalibanes en la región de Kandahar, uno a 100 km al este de la ciudad y el otro en la provincia de Helmand, vecina de la de Kandahar.

Esos últimos intentos de los talibanes se producen poco después de que la ONU aplazara de un día el inicio de la conferencia interafgana de reconciliación, prevista en principio para el lunes en los alrededores de Bonn y que comenzará finalmente el martes.

Esa reunión debe iniciar un proceso político que permita poner en marcha una administración ampliamente representativa de todas las etnias afganas para sacar al país del caos en el que lo sumieron más de veinte años de violencia.

Lajdar Brahimi, enviado especial de la ONU para Afganistán, presidirá las conversaciones, en las que participarán entre 20 y 30 representantes afganos.

Para Estados Unidos, que inició sus operaciones militares el pasado 7 de octubre, sigue siendo prioritario eliminar a Osama bin Laden, principal sospechoso de los ataques terroristas del 11 de septiembre contra Nueva York y Washington, que causaron más de 4.000 muertos.

Dos dirigentes egipcios de Al Qaeda murieron en Afganistán, según afirmó este sábado el diario árabe Al Hayat, citando a un militante egipcio residente en Londres, Hani al Sibai.

Esos dos hombres, Tareq Anwar y Nasr Fahmi, figuran en la lista norteamericana de objetivos de la lucha antiterrorista, según el periódico.

El presidente estadounidense, George W. Bush, advirtió una vez más el sábado a sus compatriotas que se preparen para una guerra larga y difícil contra el terrorismo.

«Tenemos por delante tiempos difíciles», declaró.

«Nuestros enemigos se esconden y conspiran en muchos países. Son falsos y brutales. Pero confiamos en la justicia de nuestra causa. Lucharemos durante tanto tiempo como haga falta y venceremos», aseguró. *

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