ENTREVISTA: Alejandro Toledo

Toledo pedirá que Cumbre Iberoamericana presione por apertura de países ricos

La Cumbre Iberoamericana que sesionará el viernes y sábado en Lima debe desgajar un «consenso» para urgir a los países industrializados a abrir sus mercados y simbolizar el «nuevo amanecer democrático» de Perú tras la crisis que condujo al desmoronamiento del régimen de Alberto Fujimori, afirmó el presidente Alejandro Toledo.

El cónclave también abordará la cuestión del terrorismo internacional, en la cual Perú preconizará un decidido apoyo a la coalición internacional encabezada por Estados Unidos para atacar Afganistán, indicó Toledo en una entrevista concedida a la AFP el jueves por la noche en el Palacio de Gobierno.

«El mundo entró a un punto de quiebre no planificado» tras los atentados de 11 de setiembre en Estados Unidos. «Las condiciones económicas del mundo eran de contracción», pero «con los acontecimientos del 11 de setiembre ese cuadro internacional se exacerbó», analizó el jefe de Estado.

Según Toledo, «el mundo y la región de América Latina no han experimentado crisis tan severa desde los años 30 del siglo pasado», y una de las claves para superarla consiste en la revigorización de los intercambios comerciales mediante una apertura de los mercados de los países ricos.

Los participantes en la Cumbre de Lima «entraremos a tocar el tema, buscaremos consensos, porque hay un problema: los europeos nos piden que abramos nuestros mercados en esta economía de mercado, y que seamos competitivos en calidad y precio, y yo estoy de acuerdo con eso. Pero esto tiene que ser una pista de doble vía», subrayó.

«Europa subsidia su agricultura, los Estados Unidos subsidian su agricultura, nos piden un libre mercado y ellos ponen barreras a ciertos productos. No nos regalen leche: dejen que entren nuestros productos», prosiguió.

La Cumbre Iberoamericana –a la cual asistiran los gobernantes de 19 países latinoamericanos así como los jefes de Estado y de Gobierno de España y Portugal– tiene previsto adoptar dos declaraciones, una de temas comerciales y otra de condena al terrorismo. Esta última, afirmó Toledo, no debe dejar «espacio para las medias curvas».

La lucha antiterrorista «no puede ser una carta blanca para una lucha contra religiones o etnicidades», pero tampoco debe dejar lugar a «ambigüedades».

Por lo tanto, Perú preconizará «un apoyo» a la ofensiva liderada por Washington contra el régimen talibán y contra el fundamentalista islámico Osama bin Laden, considerado como el principal responsable de los atentados de Nueva York y Washington.

«En el caso peruano, la posición es clara y contundente. La posición de la cumbre emergerá de la hora en que nos sentemos a discutir el borrador», comentó Toledo.

Los países latinoamericanos condenaron los atentados del 11 de setiembre, pero algunos de ellos, como Cuba y Venezuela, expresaron reticencias respecto a la opción militar escogida por Washington para combatir el terrorismo o por las víctimas civiles de la misma.

Toledo preconizará no obstante una reorientación de gastos militares para combatir la pobreza, por considerar que «los aviones F-16 o los B-52 no pueden combatir el terrorismo, ese terrorismo que puede aparecer en una iglesia o en una sinagoga, con una bomba en Madrid, en París, en Bonn o en Argentina». «No vengo a sostener una relación de causalidad entre terrorismo y pobreza, pero no hay duda alguna de que las evidencias empíricas son contundentes al indicar que el terrorismo encuentra un terreno fértil en condiciones de extrema pobreza», argumentó. Además, los nuevos conflictos requieren de «nuevas técnicas de defensa que están más concentradas en inteligencia que en el uso de armas sofisticadas. Es mucho más barato utilizar la cibernética, la informática», afirmó.

Las declaraciones terminarán de discutirse en una reunión de cuatro horas que los mandatarios celebrarán el sábado a puertas cerradas, sin sus ministros ni asesores.

Por otro lado, Toledo dijo que en la Cumbre Iberoamericana se sentirá «el respiro de un nuevo amanecer democrático después de diez años de oscuridad», en referencia a la presidencia de Alberto Fujimori (1990–2000).

Toledo, que llegó al poder el 28 de julio, achacó al legado del fujimorismo parte de la responsabilidad en la rápida erosión de su propia popularidad.

«Cuando salió (el gobierno de Fujimori) desmanteló todo, para no dejar rastro alguno. Dejaron menos cero en el servicio de inteligencia, dejaron minados y proyectos como por ejemplo restituir a todos los trabajadores que salieron de las privatizaciones y que ya recibieron sus indemnizaciones. Y entonces obviamente tienen toda la gente ahí, 170.000 trabajadores», explicó.

También aseguró que Vladimiro Montesinos, el ex jefe de los servicios secretos de Fujimori, sigue moviendo hilos desde la cárcel donde espera que se lo juzgue por acusaciones de corrupción, violación de los derechos humanos, tráfico de drogas y tráfico de armas.

«Me dejaron un terreno minado de altas expectativas sociales y un Montesinos que todavía está vivito y coleando y maneja mucho dinero y mucha influencia, incluso desde (la prisión) de El Callao, triangulando con muchos otros lugares», afirmó Toledo. *

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