La disputa por la entrada a Kunduz

Frágiles alianzas en la guerra de Afganistán

En las dos semanas de sitio a la ciudad de Kunduz, el único bastión talibán en la mitad norte del país, la Alianza había informado en múltiples ocasiones que negociaba la rendición de la milicia integrista.

Unas negociaciones conducidas por el general de etnia uzbeka, Abdul Radshid Dostam, cuyas tropas integran la Alianza del Norte.

Sin embargo, el jueves por la noche, las fuerzas del máximo dirigente de la Alianza, el presidente Burhanuddin Rabbani, lanzaba por separado la ofensiva sobre la ciudad del noroeste.

«Alcanzamos un acuerdo con el general Dostam, pero las fuerzas leales al profesor Rabbani nos atacaron», dijo este viernes a la agencia Afghan Islamic Press (AIP) un portavoz de los talibanes.

Al parecer, los hombres de Rabbani no querían que los de Dostam entrasen primero en Kunduz tras alcanzar un acuerdo con los líderes pashtunes locales, pese a combatir ambos bajo la misma bandera.

El reparto apresurado del vacío dejado por los talibanes y la necesidad de llegar en posición de fuerza a los tratos sobre el futuro afgano, han generado otras escenas similares.

En una montaña cercana a Kabul, un grupo pashtún, ex aliado de los talibanes, mantenía este viernes en jaque a las tropas de la Alianza por segundo día consecutivo.

El escenario de los combates es Maidán Shar, a tan solo unos 20 kilómetros al sudoeste de la capital, y el jefe de los soldados que resisten es Gol Mohamad, explicó Hodji Sher Alam, el comandante de la Alianza que dirigió la ofensiva.

Este explicó que la Alianza había ofrecido a Gol 300.000 dólares hace dos años para sumarse a sus filas. Al parecer, Gol Mohamad tomó el dinero pero permaneció bajo la autoridad de los talibanes.

«Contactamos con él tras la toma de Kabul (el 13 de noviembre). Nos indicó que pensaba sumarse a nosotros y anteayer se comprometió a pasarse a nuestro bando. Como desde entonces no ha hecho nada, atacamos», explicó el jueves Hodji Sher Alam. La conquista de Kabul por la Alianza, que no esperó a la formación de una autoridad multiétnica, también levantó polémica, sobre todo entre los partidarios del ex rey en el exilio, Mohamed Zahir Sha. El responsable de Interior de la Alianza, Yunis Qanuni, tuvo entonces que salir al paso de las acusaciones de los monárquicos de no haber respetado los acuerdos de Roma, firmados en octubre, afirmando que «seguían vinculados» a ellos, mientras Rabbani, a su llegada a Kabul, cinco años después, afirmaba que el triunfo sobre los talibanes era «de todos».

Las declaraciones no tranquilizaron a los partidarios del rey, que tienen su base en Peshawar (noroeste de Pakistán), y que aún no han querido volver al país.

La Alianza del Norte es «una gente en la que no se puede confiar y que no mantiene sus promesas», dijo entonces Sayed Ishaq Gailani, sobrino de Pir Gailani, el líder del movimiento. *

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