El moderno "Libertador" de Venezuela pierde su brillo
Pero como el héroe del siglo XIX, el militar retirado de discurso izquierdista parece estar sufriendo dolorosos reveses en su fortuna política luego de casi tres años de lucha para implantar una «revolución bolivariana» en Venezuela.
Ya se han ido las multitudes que festejaron su arrollador triunfo en las elecciones de 1998, seis años después de que saltó a la fama al encabezar un fallido golpe de Estado.
Ahora enfrenta una lluvia de críticas de empresarios, la Iglesia Católica, los medios de comunicación, los sindicatos hostiles, Estados Unidos y de los cada vez más unidos opositores.
Aclamado al principio, al igual que Bolívar, como el potencial «Libertador» de las empobrecidas masas de Venezuela, el gobernante de 47 años ahora es acusado por sus críticos desde ser un «dictador» hasta de sufrir de insanidad.
Bolívar, quien soñó con la unión de la Gran Colombia, murió en la miseria en 1830, abandonado por muchos de sus antiguos colaboradores y declarando con amargura: «quien sirve a la revolución ara en el mar».
Pero Chávez, que se autocalifica como un optimista, no muestra signos de abandonar su intento de implantar una «revolución pacífica y democrática» en la nación sudamericana que combina fabulosas riquezas minerales y petroleras con una atroz miseria.
«Yo me siento muy seguro de lo que estamos haciendo y siento el afecto y el cariño popular por donde quiera que voy», dijo Chávez el mes pasado.
Pero incluso los observadores imparciales describen su programa político como estancado e ineficaz, mientras críticos lo califican como una «revolución de saliva», privada de acción real y que sólo existe en los interminables discursos laberínticos de Chávez.
Analistas políticos ahora sitúan el barómetro de la popularidad del presidente en su más bajo nivel desde 1998, aunque reconocen que todavía acapara un apoyo importante entre la mayoría de pobres del país de 24 millones de habitantes.
Opositores unen sus fuerzas
Analistas citan recientes encuestas de opinión que muestran una baja de un tercio o más en la popularidad de Chávez con respecto a los elevados niveles de hace tres años. El gobierno desestimó dichos sondeos por considerarlos sesgados.
En una señal aún más tangible del descontento, los discursos del gobernante de las últimas semanas fueron rechazados en algunas partes de Caracas con un «cacerolazo».
Observadores argumentan que la amplia base electoral que una vez respaldó a Chávez se ha encogido, mientras sus opositores unen fuerzas para tratar de sacarlo del poder.
Teodoro Petkoff, un ex guerrillero y ex ministro que ahora dirige un periódico, responsabiliza el estilo de Chávez de enfrentar tanto a sus seguidores como a sus potenciales aliados.
Esa táctica de «carrito chocón (chocador)», como la llama Petkoff, le ha impedido a Chávez forjar un consenso nacional para que, a través de sus políticas «revolucionarias», poder cerrar la brecha entre ricos y pobres y diversificar y desarrollar la economía dependiente del petróleo de Venezuela.
Petkoff, que dirige el diario opositor TalCual, observa a Chávez como un «un trapecista que no tiene red de seguridad»
«Si su popularidad se cae, él llega al piso», agregó.
La aparente incapacidad del gobierno de Chávez de materializar sus promesas electorales para combatir la delincuencia, la marginalidad y el desempleo en Venezuela está frustrando las esperanzas y decepcionando a muchos de sus habitantes.
«El (Chávez) lo que ha venido perdiendo es el beneficio de la duda… La población pide empleo y seguridad. Obviamente, evalúan muy mal al gobierno en ambos aspectos», dijo Luis Vicente León de la compañía encuestadora privada Datanálisis.
¿Buscará el consenso o el conflicto?
Los analistas están a la espera de ver si el gobernante decide cambiar de dirección y busca el consenso nacional o si responde con tácticas aún más radicales.
«No estoy totalmente seguro de que esté dispuesto a negociar», dijo León.
Ignorando objeciones de los líderes empresariales, Chávez promulgó este mes radicales reformas en los sectores agrario y petrolero que, dice, impulsarán el desarrollo económico y «profundizarán la revolución».
Críticos de esas normas, dirigidas a redistribuir entre campesinos las tierras ociosas y maximizar para el Estado las ganancias petroleras, dicen que dañarán la economía, alejarán las inversiones extranjeras e incitarán al conflicto social.
La próxima elección general no está prevista sino hasta el 2006, pero los opositores políticos de Chávez, a quienes él llama «escuálidos», han propuesto un conjunto de medidas constitucionales para tratar de sacarlo del poder.
Dichas propuestas van desde un referendo, que para concretarse requiere del apoyo del 10 por ciento del electorado, hasta una iniciativa del partido Acción Democrática (AD) para inhabilitarlo por incapacidad mental.
Directivos de AD han citado el caso del excéntrico ex presidente de Ecuador, Abdalá Bucaram, quien fue removido en 1997 por el Congreso de ese país después de ser declarado «incompetente mental».
Como Bucaram, Chávez disfruta cantar en actos públicos. Y en sus apariciones televisadas comenta a la nación sus recuerdos de adolescente, y cuando quiere hacer énfasis en algún punto golpea con una especie de batuta las teclas de metal de un xilófono que le regaló su hija menor Rosainés.
Mientras los críticos dicen que su mandato puede derivar en una crisis política, Chávez acostumbra afirmar que la democracia de Venezuela es la más sólida de América Latina. *
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