Irak otra vez en la mira de los bombarderos
Condoleezza Rice apuntó todas las baterías contra Saddam Hussein el domingo pasado en el programa «Meet the press» de la cadena NBC. De inmediato comenzó en la prensa norteamericana una campaña concentrada indicando que Irak sería el objetivo de la segunda fase de la guerra «contra el terrorismo» apenas consumada la ocupación de Afganistán (o antes aún). Lo que dicen hoy los medios norteamericanos es lo que les dicta el Pentágono y la CIA. Han pasado a ser «la voz del amo», como en los registros fonográficos de las viejas vitrolas.
El bloqueo y el petrolero hundido
Pero no son sólo palabras. Cuando la señora Rice ocupaba las pantallas, el destructor estadounidense Petersen interceptaba el buque petrolero Samra (que transportaba crudo irakí, navegando con bandera de los Emiratos) en las aguas del Golfo Pérsico. Se lanzaron al abordaje. El petrolero se hundió y cuatro marinos murieron. También desaparecieron dos tripulantes del destructor.
Con una conducta piratesca, la flota yanqui actúa en el Golfo Pérsico como si fuera el «mare nostrum». Viola la soberanía de varios estados, aplica sanciones a su antojo (conjuntamente con Gran Bretaña, su cómplice mayor en los bombardeos a Afganistán e Irak). EEUU mantiene el bloqueo sobre Irak, como hace con Cuba desde hace 40 años. Impide la llegada de alimentos y medicinas, es el culpable de la muerte de millares de niños irakíes. También quiere impedir por la fuerza la exportación de petróleo irakí. Esta provocación para lanzar la guerra abierta contra Irak se parece a la de Golfo de Tonkín en 1965 previo a la guerra contra Vietnam. La consejera de seguridad lo negó, dijo que todo fue muy pacífico, que la culpa fue del clima y de que el buque estaba sobrecargado. El subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz (halcón de pura cepa que reclama la eliminación de Saddam) exhibió la arrogancia de los yanquis y la certeza de su impunidad: «Este es uno de los muchos buques que interceptamos y confiscamos, estaba muy herrumbroso y comenzó a hundirse», dijo.
La muerte en el aire
El día 20 se publicó en The Guardian de Londres la nota de George Galloway «Heraldos de la muerte en el Golfo» que comienza así: «El miércoles 14 un avión civil irakí Boeing 727 levantaba vuelo desde Basora, puerto del sur de Irak, cuando el éter vibró a 121.5 megaherzios con una inconfundible voz norteamericana:
‘Este es el comando de la zona de exclusión aérea de las Naciones Unidas (sic). Les advertimos que corren el riesgo de ser derribados. Ustedes siguen volando a su propio riesgo’. Se invocaba falsamente un mandato de la ONU, porque la zona de exclusión aérea ha sido impuesta unilateralmente por EEUU y Gran Bretaña. Se estaba amenazando de muerte a 180 pasajeros civiles». El redactor aclara que él estaba en la cabina del piloto, capitán Akram, junto a un parlamentario laborista.
Aquí también, no se trata sólo de palabras. En 1991 EEUU desencadenó una guerra mortífera contra Irak. Hasta hoy le reprochan a Bush padre no haber avanzado sobre Bagdad y liquidado a Hussein.
En la prensa se pregona que el hijo puede vengar «el fracaso de su padre». EEUU y Gran Bretaña han seguido bombardeando a Irak, en el norte y en el sur, violando descaradamente la ley internacional.
Ahora se llama a pasar de inmediato a la segunda fase, contra Irak. Este es el «gran momento» (The Big Mo), escribe William Safire en The New York Times citando incluso a Shakespeare «para la gran tarea pendiente de eliminar la amenaza de armamento nuclear y biológico de Irak. Bagdad es ahora el centro mundial del terrorismo de Estado. Sólo Saddam tiene a la vez la capacidad y la voluntad manifiesta de destruir ciudades enteras y de desencadenar epidemias por el mundo». En la misma onda se ubica al vicepresidente Dick Cheney, secretario de Defensa con Bush padre.
El pretexto biológico
The Washington Times publica el 20 una extensa crónica de la conferencia internacional que se celebra en Ginebra sobre modificaciones al tratado de 1973 sobre armas biológicas. El delegado yanqui John Bolton dijo que «EEUU tiene la fuerte sospecha de que Irak se aprovechó de que desde hace tres años no se verifican inspecciones de la ONU para implementar una ofensiva con armas biológicas», lo que reproduce palabra por palabra los dichos de Condoleezza Rice. El diario afirma que esto «haría de Irak el próximo frente de guerra» y que «las declaraciones de representantes de alto nivel del gobierno apuntan a Saddam y a Irak».
Los hechos invocados son falsos. Las inspecciones se hicieron en Irak y no encontraron nada, en cambio se demostró que los inspectores jefes actuaban por cuenta y orden de la CIA. Antes y después, EEUU siguió bloqueando y bombardeando Irak.
De paso sea dicho, en Ginebra se trata de reforzar el tratado sobre armas biológicas firmado por 144 naciones, y EEUU se opone, lo mismo que rechaza todas las iniciativas referidas a normas internacionales, como el Tribunal Penal de Roma. Y si se quiere sacar partido de los casos de ántrax, todo parece indicar que a los terroristas los cobija EEUU en su propio seno. *
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