Alianza del Norte pesimista sobre conferencia interafgana
En Kunduz (nordeste), el otro bastión de la resistencia talibán, la Alianza del Norte dio de plazo hasta el jueves a los fundamentalistas musulmanes y a los «mercenarios» extranjeros para rendirse.
El portavoz del molá Mohamed Omar, jefe supremo de los talibanes, afirmó que éstos ya no tienen ningún contacto con el presunto terrorista Osama bin Laden, que sigue siendo buscado intensamente por las fuerzas especiales norteamericanas.
Según el ministro del Interior de la Alianza del Norte, Yunis Qanuni, el millonario de origen saudita continúa en el sur de Afganistán, y se desplaza a veces a Pakistán, donde dispondría de refugios secretos.
Mientras Afganistán parece estar al borde de la anarquía, las esperanzas suscitadas por la conferencia interafgana sobre el futuro del país de la semana próxima en Alemania, bajo la égida de la ONU, se desvanecieron un tanto con las declaraciones pesimistas del presidente afgano Burhanuddin Rabbani.
A su vez, un portavoz del ministerio alemán de Relaciones Exteriores confirmó el miércoles por la noche que la conferencia se iniciará efectivamente el lunes en las inmediaciones de Bonn. Rabbani, de regreso a Kabul, ciudad de la que fue expulsado por los talibanes en 1996, había estimado que no había que esperar mucho de esa reunión.
«Es importante, pero no se hablará de las cuestiones principales», afirmó Rabbani en una entrevista con el periódico ruso Vremia Novosti.
La reunión en Alemania debe dar paso a la creación de un gobierno que reúna todas las etnias del país y sea capaz de poner fin a 20 años violencia en Afganistán.
«Los problemas vitales deben debatirse en el interior de Afganistán y no fuera de sus fronteras», prosiguió Rabbani, y expresó su deseo de que «sea la última conferencia de ese tipo organizada fuera de Afganistán».
Tanto Rabbani como la Alianza del Norte, que se repartieron los cargos claves tras la caída del régimen talibán, habrían preferido que las facciones afganas se reuniesen en Kabul, sin injerencia extranjera.
Los combatientes de la Alianza del Norte pertenecen a las minorías tayika, uzbeka y hazara, mientras que los talibanes y los partidarios del ex rey, Mohamed Zaher Sha, son en su mayoría pashtunes, la etnia mayoritaria, que representa un 40% de la población afgana. Por su parte, el general Tommy Franks, comandante en jefe de la operación militar norteamericana en Afganistán, se declaró «satisfecho» de la evolución de la campaña, en una rueda de prensa celebrada el miércoles en Tachkent.
El Pentágono anunció que unos 2.300 marines estaban listos para intervenir en Afganistán si fuera necesario.
Sin embargo, los bombardeos norteamericanos y los ataques de los mujaidines de la oposición no han conseguido vencer los últimos focos de resistencia talibanes.
En Kunduz (noreste), donde varios miles de talibanes y de «mercenarios» chechenos, paquistaníes y árabes están atrincherados desde hace una semana, un general de la Alianza del Norte les lanzó un ultimátum.
«Los talibanes tienen hasta el jueves para rendirse. Cuando expire ese plazo, ellos serán responsables de lo que suceda. Podría desencadenarse una ofensiva» el jueves o viernes, declaró el general Nazir Mahmad en el frente de Janabad, unos 20 kilómetros al este de Kunduz.
Los jefes talibanes estarían dispuestos a la rendición, a condición de que se haga a través de la ONU, y no directamente ante los mujaidines de la Alianza del Norte, sospechosos de ejecutar sumariamente a sus prisioneros.
La ONU respondió que no tiene ni los medios ni los hombres en el lugar como para asumir ese papel de intermediario.
En Pakistán, los fundamentalistas islámicos advirtieron el miércoles que, en caso de masacre de los voluntarios paquistaníes que se unieron a los talibanes en Kunduz, se produciría «una fuerte reacción».
Asimismo, en Kandahar (sudeste), no se negocia ninguna solución, y periodistas llegados de Pakistán pudieron comprobar que los fundamentalistas musulmanes controlan aún territorios en el sur del país.
«Actualmente, nuestras fuerzas en Kandahar y en las provincias vecinas bastan para defender las zonas que controlamos», declaró el portavoz del molá Omar en Spin Boldak, en el sudeste de Afganistán, cerca de la frontera paquistaní.
«Las gentes que viven en nuestras provincias son soldados. Están bien entrenados», afirmó.
Si bien la Alianza del Norte controla las grandes ciudades afganas y la capital, Kabul, en las zonas rurales actúan libremente los bandidos, o los talibanes que huyen. *
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