Censo en Argentina develará el país que dejó Carlos Menem
ISIDORO GILBERT
El Estado fue desafiado por comerciantes y algunos gobernadores, como el bonaerense Carlos Ruckauf, quien pese a que la ley prohíbe que los negocios no unipersonales abrieran, él lo autorizó y un recurso judicial dejó de par en par las puertas de todos lo que quisieron en los grandes centros urbanos.
Ha habido críticas con la organización de los maestros por su actitud de negarse a cumplir con las tareas de censistas, nadie como ellos tienen el respeto de la gente y la idoneidad para hacerlo, como réplica a lo que entienden agresiones contra los docentes con sueldos atrasados y amenazas sobre sus derechos adquiridos. Pero como se ha visto, la gente distingue lo bueno de lo malo, más allá de quien lo proclame y muchos maestros se sumaron al Censo.
Su importancia es obvia, pero después de una década menemista, el rastreo exhibirá las lacras que ha dejado que anticipan las encuestas permanentes. Con los datos recogidos, habrá un conocimiento más acabado sobre la desocupación, marginalidad, situación habitacional y sanitaria, cuya difusión permitirá a los argentinos entender mejor que es lo que ha pasado en los últimos años.
La referencia al Censo como un hecho político no es arbitrario habida cuenta que Carlos Menem que marcó gran parte de la época que ahora podrá estudiarse más objetivamente, está retornando a la visa política como resultado del inminente fallo de la Corte Suprema de Justicia anulando la calificación de «asociación ilícita» con que el Juzgado Federal, a cargo de Jorge Urso, entendió como necesaria para consumar el tráfico ilegal de armas a Croacia y a Ecuador. Aunque otras acusaciones en esta causa (violación a los deberes de funcionario público, coimas, enriquecimiento ilícito, etc.) seguirán su curso en manos de Urso, la opinión es que irá a otro Juzgado, pero no federal, sino en lo Penal Económico, donde su titular, Jorge Speroni y el tribunal de alzada correspondiente está en manos confiables para el menemismo, como lo señaló ayer Página/12.
Una encuesta de Analogías revela que el 63% de los consultados rechaza la decisión que dará la Corte «por adicta al menemismo y esto es un favor político»; es con el casi 50%, la mayor razón al rechazo.
Para los politicólogos Menem no tiene chances como candidato presidencial y su imagen es la peor de todos los políticos, pero dentro del justicialismo es otra cosa. El gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann dijo que «si Menem sale habrá que ponerle la Muralla China para frenarlo», exhibiendo con crudeza las ansias de poder del ex mandatario que en ese sentido es respetado por sus compañeros partidarios. Gobernadores de fuste como Carlos Ruckauf, el propio Reutemann o el cordobés José Manuel de la Sota proclaman que «a Menem hay que ganarle en una interna, así se deja de joder».
El fantasma de Don Torcuato se apresta a dar su batalla. El gobierno apuesta a que el ex mandatario juegue su influencia menor, pero influencia al fin, para evitar una crisis institucional, apoyado en la necesidad objetiva que tiene Menem de tiempo para cumplir sus aspiraciones. Se verificó en octubre que el gobierno no tiene respaldo y que el peronismo aun como ganador debió digerir la cicuta de millones de votos en blanco o de protesta más explícita.
Con la radiografía que dejará el Censo, ¿podrá Menem reivindicarse? ¿Nada le dirá a los peronistas (o a los argentinos) el hecho de que su libertad es transparentemente una maniobra para dejar impunes delitos pesados? Se verá. *
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