El apoyo norteamericano a Cavallo no calma los mercados
ISIDORO GILBERT – CORRESPONSAL EN ARGENTINA
Argentina se ha convertido en un caso líder, un «conejillo de Indias» que EEUU utiliza para experimentar cómo abordar a los países emergentes con duros problemas de endeudamiento y crecimiento insuficiente para generar excedentes para pagarlos. Por ello no es extraño que en Ottawa, los hombres que manejan la economía norteamericana, el secretario del Tesoro, Paul O´Neill, su segundo, John Taylor, y el titular de la Reserva Federal, Alan Greenspan, hayan mantenido un largo encuentro con Domingo Cavallo. Conviene recordarlo: la idea de reestructurar la deuda fue de O´Neill cuando el ministro negociaba el megacanje con el FMI lo que introdujo una novedad: anticiparse a la cesación de pagos en lugar de seguir bombeando fondos para que la Argentina pague sus compromisos a tasas usurarias. Hasta el FMI ha pedido que se rebajen las tasas.
La reunión fue precedida por las que De la Rúa mantuvo con George Bush y con el alemán Gerard Schröder y el acuerdo fiscal entre la Nación y las provincias que despegó en parte, no del todo, los problemas de gobernabilidad del país, pero sobre todo los compromete al objetivo del déficit cero para 2002, el eje por donde ronda la idea del nuevo canje de deuda por un bono que no pague más que el 7% y alivie los números del presupuesto argentino. Ya se ha dicho: los EEUU no hacen beneficencia.
Con realismo aborda la cuestión de la deuda, ligada al equilibrio fiscal total y al crecimiento sustentable, capaz de generar divisas para pagar los compromisos, y prevenirse ante el desborde del descontento social. Pero no hay que equivocarse. La titular del Consejo de Seguridad, Condoleezza Rice recordó a De la Rúa que la condición es el déficit cero que está lejano. El de este año ya está desfasado en 1.200 millones de dólares sobre 6.500 millones pactados con el FMI. Para 2002, aun resuelto lo de la deuda y otros arbitrios financieros, cumplir con el objetivo requerirá un recorte no menor a los 7.200 millones de dólares que incluye a las provincias que este año financian el rojo en parte con bonos (Patacones, Lecop).
O´Neill, le dijo al Presidente en palabras suaves pero inequívocas que no debe pedir dinero y, sobre todo, colocarse el traje del liderazgo, la falencia más visible del momento político presente.
Hay un desfasaje entre los propósitos políticos de los norteamericanos y los mercados que votan con el riesgo país en serrucho, pero empinándose. En junio era de 956 puntos y ahora 2.700 lo que revela que la mayoría de los bancos o de tenedores de bonos, ven precarias las garantías que ofrece la Argentina para el nuevo bono, la recaudación fiscal, y demandan otra con respaldo del FMI y organismos internacionales. Además un «club de acreedores», considerado el «chiquitaje» se apresta a litigar judicialmente apenas Argentina formalice su propuesta de reestructuración. Para zafar esa situación, hay legislación norteamericana abundante, pero demandará de que una mayoría de bancos acepte el nuevo trato y la acción directa del gobierno estadounidense. Y está la duda del crecimiento: en el tercer trimestre el PBI cayo un 13,7%, lo que implica descenso de consumo, más desocupación y menor recaudación, la garantía ofrecida para la deuda y se perdieron reservas por 5.860 millones.
Un presidente que desorienta
Como se ve, todo está pegado con hilvanes. El acuerdo, aunque difícil y costoso, que el gobierno cerró con casi todas las provincias gobernadas por el peronismo, hizo descender la tensión con ese sector que amenazó en las dos cámaras votar leyes dinamitando la línea de flotación de la nave económica oficial y a su timonel. La escalada deja pendiente la designación del titular del Senado Nacional a manos de un justicialista, el vicepresidente de hecho ante la renuncia del titular de ese cargo, pero por ahora desinfló la idea de la conspiración para sacar a De la Rúa de la Rosada.
El Presidente desorienta. En Portugal definió la crisis económica como resultante de la porfía al ahorro y el temor a gastar, de los argentinos, hipótesis tan insólita como la simplificación con que leyó el veredicto de las urnas.
Para abrir un camino de entendimiento con el sindicalismo peronista tradicional sacrificó del ministerio de Trabajo a Patricia Bullrich porque los descolocaba frente a la opinión pública cuando les reclamó que declararan sus riquezas. Para desvincularla de esa cartera, inventó otra, la de Seguridad Social si desactivar la de Desarrollo Social, cubierto según las pautas de la interna partidaria, pero duplicando gastos y tareas. Conclusión, Bullrich se fue dando un portazo y con banderas de transparencia y firmeza a las que le saca lustre.
Sus propios correligionarios del radicalismo quedaron pasmados cuando le entregaron un documento muy crítico con su gestión porque les dijo que compartía lo que ahí se decía. «Fernando, ¿entonces por qué crees que venimos a verte?», se atrevió uno de los redactores del escrito. De hecho, Raúl Alfonsín, que no ahorró palabras duras contra Cavallo y medidas oficiales, ha impedido que la Unión Cívica Radical abandonara al Presidente, como un sector no despreciable lo reclama. No ocurrirá tal cosa en la reunión de la Convención Nacional que debe elegir esta semana un flamante Comité Nacional: vence el mandato de Alfonsín como su presidente.
Parece seguro que lo remplazará el gobernador del Chaco, Angel Rozas, pero quiere acordar con su competidor, el embajador en Uruguay, «Cachi» Casella: sería vicepresidente primero. Sin embargo lo importante pasará de largo. No habrá examen de la derrota electoral, ni balance de dos años de gestión del gobierno nacional, lo que hace difícil entender cómo podrán ajustar al menos, la línea partidaria. «Alfonsín solo quiere mirar hacia el futuro; ese será el signo de su discurso de clausura», comentan. Además, «reivindicará la Alianza como objetivo estratégico» añade la fuente, que no desconoce que la coalición es ahora una ficción desde que el Frepaso rompió con la UCR en el Parlamento. Eliminarla del léxico, sería retroceder, piensan.
Aprestos peronistas y de Menem
La interna dentro del peronismo ya comenzó. Eduardo Duhalde, quien mejor performance tuvo en octubre, se creyó con fuerzas para convocar al Congreso partidario, formalmente para cumplir con disposiciones legales, pero con la intención de desplazar a Carlos Menem de la jefatura nominal del Consejo Superior del Partido Justicialista. Los gobernadores más influyentes, excepto el bonaerense Carlos Ruckauf, que no puede independizarse de Duhalde, se mantuvieron al margen, con mayor o menor enojo: a ninguno le importa que Menem entre a tallar cuando se deban definir las candidaturas. Pero de la misma manera, el santafesino Carlos Reutemann y en mayor medida al cordobés José Manuel de la Sota, se oponen a que el senador electo quiera arrearlos desde su bastión de la provincia de Buenos Aires.
El Congreso quiso ser una respuesta a la inminente libertad de Menem, apoyada en una resolución de la Suprema Corte de Justicia, que dará por inexistente la asociación ilícita en el caso de la venta de armas a Croacia y Ecuador y que determinó, entre otras, la prisión preventiva y detención del ex mandatario, que transcurre en una mansión en Don Torcuato.
Técnicamente, la Corte se pronunciará ante una queja de otro detenido acusado de ser organizador de la asociación ilícita, Emir Yoma, que por extensión amparará a Menem. Pero a nadie se le escapa su alcance político.
El ministro de Justicia, Jorge de la Rúa, no impugnó a dos integrantes de la Corte que o han sido socios del ex mandatario o se declararon
amigos de alma, lo que ha levantado polvareda.
Queda la duda si el ministro hizo un sondeo secreto y fracasó. Pero la suspicacia de complicidad para la impunidad, se instaló. Una fuente confía: «Un magistrado de la Corte hizo una consulta a Alfonsín y la respuesta fue: no hay opinión». Pero el ex presidente la dio en el momento en que Menem fue detenido: «La asociación ilícita no tiene fundamento» proclamó.
Es cierto que los penalistas están divididos sobre el tema, pero nadie puede dudar del peso que tienen las palabras de Alfonsín, que cubre políticamente al alto tribunal. Y al gobierno, que aunque nunca consigue armar durante más de un mes el ejército propio, apuesta a devaluar al peronismo porque cree que con la salida de Menem puede jugar un factor de conmoción con relación a los presidenciables del PJ. Sabe de la inquina que el ex tiene a Duhalde y a Ruckauf.
Pero puede equivocarse en sus cálculos. La historia peronista exhibe una constante: después de pelearse duro, una vez definido el liderazgo, todos se alinean. El poder los seduce, aunque ahora no saben que hacer con él. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad