Huracán abre una ventana en las relaciones entre EEUU y Cuba
Fue necesario el huracán más fuerte en 50 años para que se abriera una ventana en las relaciones cubano–estadounidenses, aún cuando el gobierno del presidente Fidel Castro sigue condenando la guerra encabezada por Washington en Afganistán.
Las necesidades de emergencia de Cuba tras el huracán Michelle pueden conducir a la primera venta directa de productos norteamericanos a Cuba en cuatro décadas, pero esto no implica necesariamente un acercamiento político entre los dos enemigos de la Guerra Fría, advierten analistas.
«Es una jugada inteligente que ha creado una ventanita que puede tener un futuro bueno para ambos lados, pero no es una puerta abierta todavía», dijo un analista local.
El huracán Michelle azotó Cuba el 4 de noviembre, matando a cinco personas, destrozando miles de casas y dañando seriamente numerosas plantaciones.
Enseguida se produjeron ofertas de ayuda de varios países, incluido Estados Unidos, que no tiene relaciones diplomáticas formales con el gobierno de Castro y mantiene desde hace cuatro décadas un embargo económico sobre la isla para tratar de derrocarlo.
Pero La Habana rechazó educadamente la oferta estadounidense y pidió, en cambio, a Washington que le vendiera comida y medicinas para sus reservas de emergencia.
Empresarios norteamericanos, deseosos de promover el comercio con Cuba, están ahora viendo cómo satisfacer la demanda cubana, estimada en unos 10 millones de dólares, y el Departamento de Estado prometió esta semana «agilizar» las ventas «dada la naturaleza humanitaria de la petición».
Esta situación no sólo permitiría la simbólica primera venta desde Estados Unidos a Cuba desde la implantación del embargo, sino que además tiene ventajas políticas para ambos lados.
Por una parte, Washington puede demostrar lo que hace tiempo argumenta: que las ventas de comida y medicinas son posibles gracias a las modificaciones introducidas en la legislación del embargo.
Y La Habana, por su parte, tiene la oportunidad de abrir un resquicio en las sanciones, fortalecer el cabildeo anti-embargo norteamericano y quizás hasta subir el perfil de Cuba en la cargada agenda exterior del presidente George W. Bush.
«Esto abre un nuevo espacio. Es el principio del fin del embargo comercial», dijo Pamela Falk, de la City University de Nueva York, quien se mostró muy optimista sobre las posibilidades de realizar más ventas después de éstas.
Falk dijo que la primera venta de Estados Unidos a Cuba aumentaría el apetito del cabildeo agrícola norteamericano y sentaría un importante precedente para los sectores banquero y portuario, que también participarían en la operación.
Pero lo que es cierto es que las ventas tras Michelle se realizarían de manera excepcional, según las declaraciones públicas de ambos lados, y La Habana y Washington siguen tan opuestos ideológicamente como siempre.
«La gente está viendo esto como una oportunidad única, pero todavía hay muchas minas invisibles.
No es seguro que las transacciones sean realizadas, hay una esperanza», dijo John Kavulich, presidente del Consejo Comercial y Económico Cuba–Estados Unidos, con sede en Nueva York.
«Es un momento significativo, pero no clave. Sin embargo, no se puede desdeñar el potencial impacto político», añadió Kavulich, cuya organización proporciona información sobre Cuba.
Para algunos, la petición de Cuba de comprar a Estados Unidos, cuando podría adquirir productos similares con facilidad de países latinoamericanos, subraya el deseo de comenzar a normalizar las relaciones con Washington en medio de un complicado panorama internacional.
El huracán Michelle fue sólo el último golpe para la economía cubana, que ha sufrido ya el descenso de los precios del azúcar y níquel, la caída del turismo después de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos y que aún no ha recobrado el nivel en que se encontraba antes del colapso soviético.
Además la posición de la isla en contra de la guerra –al mismo tiempo que condena el terrorismo– la ha dejado fuera de la coalición formada tras el 11 de setiembre, y ahora está lejos de ser una prioridad para Bush.
«Creo que Cuba está más interesada en estas compras que Estados Unidos.
La situación internacional está cambiando y Cuba tiene que adaptarse…. Ha habido pocos momentos en la historia que hayan sido buenos para los dos lados, éste puede ser uno de ellos», dijo el analista local. *
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