Análisis internacional

Kosovo y la mentira planetaria

Decíamos ayer que un general de la OTAN no había tenido empacho en revelar (ex post facto, desde luego) una de las técnicas utilizadas para «trabajar» a la opinión pública internacional. Con respecto a los presuntos «errores» de la OTAN, por ejemplo, se alegaba que se estaba investigando y se reconocía el «error» mucho después, en tono menor, cuando el hecho había sido desaparecido de la atención pública.

La otanización de la información

Los grandes medios de información se limitaron a reproducir los comunicados de los comandos yanquis de la OTAN. Su portavoz Jamie Shea declaraba el 15 de junio pasado, apenas terminada esa fase de la masacre: «Muchos periodistas vinieron a decirme que apreciaban los esfuerzos que habíamos hecho para mantenerlos informados». Los diarios se batían el parche recíprocamente a este respecto. Le Nouvel Observateur escribía en medio de la guerra. «El trabajo de los medios audiovisuales en este conflicto hasta ahora ha sido ejemplar». Claro está, el fantasma de lo acontecido durante la guerra del Golfo estaba presente, y algunos se atajaban por anticipado. Así, el corresponsal de la cadena France Inter ante la OTAN en Bruselas decía. «Creo no haber sido nunca manipulado; o lo estaba tan bien que no me daba cuenta».

Le Monde Diplomatique califica estas expresiones como dotadas de «una candidez casi emocionante». Otros órganos independientes como el semanario satírico Marianne hablaron de la otanización de la información. Le Figaro magazine opinó que se asistía a un lavado de cerebro otaniano (en francés, «bourrage de crane», equivalente a llenar o pudrir la cabeza). Se dijo también que, como en el caso de la guerra del Golfo, los grandes medios habían utilizado periodistas en uniforme.

En síntesis: los grandes medios o bien se engañaban, o bien querían dejarse engañar. En cualquier caso, contribuían a engañar a la opinión pública. Cumplían el mismo papel que en la guerra de 1991, ahora en mayor escala.

La filmación acelerada del tren bombardeado

Ello es tanto más vituperable desde que en la guerra de Kosovo los mandos de la OTAN usaron la técnica más sofisticada para disfrazar sus crímenes contra la población civil.

Un ejemplo insuperable es el bombardeo por aviones de la OTAN de un ferrocarril a la entrada de un puente, que provocó la muerte de la mayor parte de los pasajeros. Era un atentado inaudito, para el cual resultaba muy difícil inventar un pretexto.

En realidad, formaba parte de una estrategia del terror, consistente en aterrorizar a la población serbia con el objetivo de que se levantara contra el gobierno y lo forzara a capitular en Kosovo. Así lo reconoció el general de aviación norteamericano Michael Short en una entrevista en el Washington Post del 24 de mayo pasado, en plena guerra. La filmación del ataque aéreo demostraba su carácter alevoso.

Entonces, como escriben Serge Halimi y Dominique Vidal en Le Monde Diplomatique de marzo, «la OTAN aceleró la filmación de las imágenes del tren cuando ingresaba al puente para poder pretextar que se había cometido un error».

Esta es hoy un verdad adquirida, que se ha difundido por el mundo. Es la técnica al servicio de una coartada para el crimen sin atenuantes. Es un buen tema de reflexión acerca de la utilización de la tecnología de punta en los medios de difusión masiva.

El reverso de la medalla

En la parte inicial del valioso trabajo citado, se brinda una información muy detallada acerca de la real situación imperante en Kosovo antes de los bombardeos. En la campaña previa de maceración de la opinión pública mundial, se alegó que la guerra era la única solución para detener la depuración étnica albano-kosovar practicada por el gobierno de Milosevic, y se adujeron datos de elevada magnitud sobre las víctimas de esta represión.

La acuciosa investigación publicada por «Le Diplo» desmitifica esta campaña. Al principio se habló de 350 mil muertos (New York Times, 4 de abril), que el Departamento de Estado elevó ipso facto a 500 mil. El secretario de la Defensa William Cohen habló de 100 mil desaparecidos. Esos datos se reprodujeron en los medios europeos. Terminada la guerra, los números bajan de seis a cinco cifras. Clinton menciona «10 mil desaparecidos. Esos datos se reprodujeron en los medios europeos. Terminada la guerra, los números bajan de seis a cinco cifras. Clinton menciona «10 mil kosovares muertos por los serbios» y Bernard Kouchner, enviado de la ONU, refiere «11 mil kosovares exhumados de las fosas comunes». Esos datos no se comprobaron. El 23 de setiembre, El País de Madrid publicaba un artículo titulado: «Policías y juristas españoles no encuentran pruebas de genocidio en el norte de Kosovo» (la zona considerada peor).

No había ninguna fosa común. Encontraron 187 cadáveres aislados. El 20 de noviembre John Laughland escribía en The Spectator de Londres: «Aunque se estime que los 2.018 cadáveres hallados por el Tribunal Penal Internacional sobre Yugoslavia correspondan a albaneses asesinados por razones étnicas, es la quinta parte de la cifra dada por el Foreign Office, 50 veces menor a la citada por William Cohen y 250 veces menor de la State Department». Y agregan que incluso esta apreciación no se justifica, entre otras cosas porque muchas de esas muertes son resultado de los ataques de los terroristas del UCK albanés.

La mención de la UCK no es arbitraria, por cuanto también se demuestra documentalmente que las cifras divulgadas por el mundo (incluso las proporcionadas por Jamie Shea) provenían de Kosovo Press, la agencia de la UCK.

Agregan este dato, importante e igualmente documentado: la mayor parte de estos atentados se produjeron en el clima de tensión extrema generado a partir de los bombardeos de la OTAN, o sea después del 24 de marzo.

De Bush y Fitzwater a Clinton y Holbrooke

Richard Holbrooke, gestor de la política de EEUU en los Balkanes, declaró en relación a la guerra de Kosovo: «la cobertura mediática del New York Times, del Washington Post, de NBC, CBS, ABC, CNN y de las revistas ha sido extraordinaria y ejemplar». Después de la guerra del Golfo, el 28 de marzo de 1991, el portavoz de la Casa Blanca, Marlin Fitzwater, señalaba ante la CNN: «El presidente Bush opina que la cobertura mediática del este conflicto ha sido extraordinaria».

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje