Impopular en el exterior y acosado en el interior

Milosevic aún tiene el poder

Belgrado, ANSA

Aislado por la comunidad internacional, encausado por el Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya y último abanderado europeo del socialismo real (contaminado, de todos modos, por los manejos económicos), Milosevic fue despojándose progresivamente de la careta democrática.

Lanzó una campaña durísima contra la prensa independiente, sumergió a los ciudadanos de retórica nacionalista presentando el aislamiento internacional como título de mérito, controló cada vez más estrechamente las instituciones estatales y la vida social con la ayuda de la Policía y las Fuerzas Armadas, obligó a los profesores universitarios a firmar un compromiso de fidelidad.

Por otro lado, con un mensaje rotundo al cuarto congreso de su Partido Socialista excluyó todo diálogo con la oposición y dividió a los ciudadanos en «patriotas» y «traidores» y el mundo entero en «esclavos de los estadounidenses» y «progresistas», pero evitó referirse a las dificultades económicas que el país vive para ponderar los «milagros» de la reconstrucción.

La oposición, desgarrada por las contradicciones internas, está sumergida en escándalos por la administración poco clara de las ciudades que controla y resulta cada vez menos creíble para los ciudadanos. Una gran manifestación de 150.000 personas, que el 19 de agosto protestaron contra el régimen en Belgrado, quedó ahogada por las polémicas y luchas entre el Movimiento por la Renovación Serbia de, Vuk Draskovic, y la Alianza por el Cambio, de Zoran Djindjic.

A Draskovic, antaño aliado del régimen, los belgradeses lo consideran «chantajeable». Djindjic, en los últimos meses, tuvo que dedicarse más bien a parar los golpes de sus aspirantes a sucesores que a estudiar estrategias para el cambio democrático.

Estos dos personajes se sentaron alrededor de una mesa el 10 de enero tras fuertes presiones internacionales y, al cabo de cinco inútiles reuniones, fijaron para el 14 de abril una manifestación conjunta de toda la oposición.

Ante semejante desbarajuste, Milosevic consiguió que se aprobara una ley que priva a los municipios dirigidos por la oposición de toda influencia y de buena parte de las financiaciones.

Del mismo modo, Milosevic desconoció la solicitud opositora para que haya elecciones a todos los niveles y se prepara a celebrar comicios locales con una ley que le es favorable y quizá le permita reconquistar las cuarenta ciudades administradas ahora por la oposición.

Tales elecciones deberían servir al régimen como banco de prueba para verificar la amplitud del disenso sin exponerse a perder el poder. De todos modos, fuentes cercanas al gobierno dijeron que no se tomó aún ninguna decisión sobre estos comicios porque parecen desanconsejarlo las encuestas.

Este año, el régimen deberá afrontar las urnas para renovar el Parlamento federal. De todos modos, las relaciones con Montenegro (que, con Serbia, constituye la Federación Yugoslava) son pésimas, por lo que también estos comicios son muy improbables.

Muchos comentaristas consideran que, para sobrevivir, Milosevic podría provocar una guerra civil con el Estado «hermano» de Montenegro para poder declarar el estado de excepción y gobernar sin ningún vínculo constitucional.

La OTAN sigue defendiendo oficialmente la validez de su intervención en Kosovo, comenzada el 24 de marzo de 1999, pero se ve obligada a afrontar cierto «revisionismo» en sus filas.

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