"Al parecer quiere tomar medidas, pero en las actuales condiciones no puede"

Arafat debilitado por los palestinos radicales

«Pienso que está mucho más débil (políticamente) que nunca, antes de la Intifada», que comenzó el 28 de setiembre de 2000, declaró a la AFP un experto palestino, Jalil Shikaki.

Sometido a intensas presiones de la comunidad internacional y en particular de Estados Unidos, tras los atentados terroristas del 11 de setiembre en Nueva York y Washington, sin hablar de las presiones militares israelíes, Arafat se comprometió el 26 de setiembre pasado a hacer respetar un cese el fuego con Israel, que proclamó el 18 de octubre, en particular mediante la detención de activistas que violarían sus instrucciones.

Desde entonces, varias decenas de militantes palestinos fueron detenidos, sobre todo luego del 17 de octubre, día en que fue asesinado el ministro israelí de Turismo, Rehavam Zeevi, para vengar el asesinato del jefe de un movimiento radical palestino, generando un descontento creciente y cada vez más popular en los territorios.

El ejemplo más reciente de ello fue la detención, el miércoles en Jenín (norte de Cisjordania) de Mahmud Taualbé, jefe del brazo militar del movimiento islámico Jihad Islámico para esa región, que provocó que unas 3.000 personas atacaran un puesto de la policía palestina.

Israel acusa a Taualbé de ser el responsable de una decena de atentados suicidas. Al parecer, seguía detenido la tarde de este jueves, aunque un responsable del Jihad afirmó que la Autoridad Palestina se había comprometido a ponerlo en libertad este mismo día. Esa promesa fue la que permitió poner fin a los disturbios del miércoles por la noche.

Esas escenas de violencia ilustraron muy claramente la situación imposible en la cual las presiones internacional colocaron a Arafat, poniéndolo en vilo ante una opinión pública radicalizada por una represión militar israelí feroz.

Jenín y otra ciudad autónoma vecina, Tulkarem, seguían este jueves ocupadas parcialmente por el ejército israelí, que mantiene un bloqueo que asfixia a todas las localidades de los territorios transformando la vida cotidiana de los palestinos en una verdadera pesadilla.

En esas condiciones, detener a los activistas israelíes se ha convertido en una apuesta imposible, e inclusive en un suicidio político.

Sin embargo, el compromiso de Arafat de luchar contra la violencia es «muy serio», según un miembro independiente del Consejo Legislativo Palestino (Parlamento), el politólogo Ziad Abú Amr.

«Los cese el fuego anterior al 11 de septiembre eran tácticos, pero éste es estratégico», afirmó Abú Amr a la AFP.

«Al parecer quiere tomar medidas, pero en las actuales condiciones, no puede», apuntó Shikaki.

Para Arafat, los más preocupante en los disturbios de Jenín es el hecho de que los palestinos que estaban dispuestos a enfrentarse con las fuerzas de seguridad (palestinas) para obtener la liberación de Taualbé no sólo eran militantes islámicos.

Muchos militantes del Fatah, el movimiento de Arafat, estaban entre la multitud, según testigos.

Si intentara hacer respetar totalmente el cese el fuego «lo que vimos ayer (en Jenín) se produciría por todos lados», aseguró Shikaki.

«Si lo lograra, sería visto como un colaborador que hace el trabajo de los israelíes, y si fracasara, todo hace pensar que habría una guerra civil», continuó, declarándose casi seguro de que en tal caso, Arafat elegiría la prudencia.

En medios diplomáticos occidentales, son perfectamente conscientes de los riesgos políticos que esas presiones internacionales significan para Arafat.

«Es necesario encontrar un equilibrio», comentó un diplomático, para quien el dirigente palestino hace realmente «serios esfuerzos», pero aún puede hacer más, sin por ello alcanzar el punto en que su régimen y la estabilidad de los territorios estén en peligro. *

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