Se levanta el velo para las mujeres de la capital
Leyla tiene 19 años y es ambiciosa. Sin acceso a la educación y al trabajo por la estricta y peculiar interpretación que hizo el gobierno Talibán del Islam, la joven afgana comenzó un negocio en secreto en su casa, hace dos años.
En la pequeña habitación al fondo de la casa de su madre, en un pobre suburbio de la capital afgana, Leyla instaló su propio salón de belleza.
Amigas y vecinas hacían fila para arreglarse el pelo y las uñas y maquillarse.
«Estaba aburrida. Cerraron nuestra escuela y sólo estaba sentada en la casa todo el día», contó Leyla. «Por eso decidí comenzar mi negocio. A todas mis amigas les gustó y tenía clientas todo el día».
Hace sólo dos meses, la milicia del Talibán, patrullando las calles en busca de violaciones al estricto código religioso que impuso, allanó el salón, confiscó espejos, materiales de maquillaje y el secador de pelo, tal vez la posesión más preciosa para Leyla.
Su familia estaba aterrorizada y la joven pensó que su negocio estaba acabado. Pero los dramáticos sucesos de esta semana al parecer le han dado una segunda oportunidad.
El lunes en la noche, las fuerzas del Talibán huyeron de Kabul después que la opositora Alianza del Norte desarticuló su línea del frente al norte de la capital.
Ahora la Alianza controla la ciudad, y promete, entre otras cosas, plenos derechos para las mujeres. El velo burqa, que cubre de pies a cabeza, es opcional, y se permitirá que las mujeres estudien, trabajen y voten. En Kabul ellas ya están caminando solas por las calles, y algunas han sustituido el pesado traje azul burqa por pañuelos de cabeza y largos vestidos o trajes con pantalones.
La Alianza les ha pedido a las médicas, maestras y empleadas civiles que regresen a sus trabajos.
«No puedo creer que las cosas hayan cambiado tan rápidamente», dice Leyla, con su largo cabello castaño recogido con ganchillos de diamante. «Ahora podemos hacer lo que decidamos».
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