La odisea de la liberación de los ocho occidentales
Georg Taubmann explicó a la prensa que él y sus siete colegas –seis mujeres y dos hombres– fueron encarcelados en Ghazni, a unos 140 kilómetros al sur de Kabul, después de que los talibanes se retiraran el martes de la capital, controlada desde entonces por las tropas de la Alianza del Norte.
Ghazni fue entonces escenario de un levantamiento contra los talibanes, y los comandantes mujaidines entraron en la cárcel de la ciudad.
«Entraron en la cárcel y abrieron las puertas. Pasamos mucho miedo porque creímos que se trataba de talibanes y que iban a llevarnos a Kandahar (su feudo en el sur)», dijo Taubmann.
«Salimos de la cárcel, y en las calles, la gente nos aplaudía y nos abrazaba», prosiguió.
«No estaban al corriente de que habían extranjeros en la cárcel. Fue como una gran fiesta. Creo que se convertirá en uno de los días más grandes de mi vida», concluyó.
También salieron de la cárcel los dieciséis afganos que habían sido detenidos con los miembros de Shelter Now International y otros 1.500 presos, declaró uno de ellos a la AFP en Kabul.
Por la noche, en un lugar desierto, los ocho extranjeros, que gozaban en apariencia de buena salud, quemaron sus ropas, incluidas las burkas que vestían las mujeres del grupo, para guiar a los tres helicópteros norteamericanos que vinieron a buscarles, explicó Taubmann.
Aparentemente, los mismos aparatos llevaron a los miembros de Shelter Now International a una base aérea militar cerca de Islamabad.
Fueron recibidos por la embajadora estadounidense Wendy Chamberlin, y trasladados a sus legaciones diplomáticas respectivas para descansar.
Se trata de cuatro alemanes –un hombre, Georg Taubmann, y tres mujeres, Margrit Stebnar, Kati Jelinek y Silke Duerrkopf–, dos norteamericanas, Dayna Curry y Heather Mercer, y dos australianos, Peter Bunch y su colega Diana Thomas.
Su proceso empezó en setiembre, pero fue suspendido a causa de los bombardeos estadounidenses contra Afganistán, iniciados el 7 de octubre en respuesta a los atentados del 11 de setiembre.
El delito del que les acusaban podía pagarse con la horca bajo el régimen talibán.
El presidente estadounidense George W. Bush se felicitó por la liberación de los ocho trabajadores humanitarios.
Por su parte, un portavoz del Comité internacional de la Cruz Roja (CICR), Bernard Barrett, explicó el origen de la operación de rescate.
«Recibimos una llamada del comandante militar local de Ghazni. Nos informó que había recogido a los ocho cooperantes y nos pidió si podíamos proporcionar asistencia para solucionar su evacuación o contactos con sus gobiernos», dijo a la cadena de televisión estadounidense CNN .
«A partir de entonces, nuestra tarea fue facilitar la comunicación entre las embajadas respectivas en Islamabad y la gente de Ghazni», dijo Barrett, que añadió que el contacto inicial con el comandante local, cuya identidad no fue precisada, tuvo lugar el martes.
Mientras transcurrieron las negociaciones, se decidió que lo más seguro era que los cooperantes permaneciesen donde estaban, más que tratar de evacuarlos inmediatamente.
Llegado «el momento (el miércoles), se decidió que el modo más rápido y seguro sería evacuarlos por vía aérea, y en ese momento nos retiramos de la operación», añadió el portavoz del CICR. *
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