Talibanes arrinconados
En Kandahar la situación era incierta este jueves, mientras se producían violentos combates en sus suburbios entre talibanes y grupos tribales.
La Alianza del Norte afirmó a través del general Mohammad Daud que habló desde Taloqan (noreste) que los talibanes habían abandonado su bastión de Kandahar, pero ya el miércoles, la oposición a los talibanes había hecho una declaración similar que luego fue desmentida por los estudiantes de teología.
Allegados al ex rey afgano Mohammed Zaher Sha, exiliado en Roma desde 1973, indicaron que una delegación de jefes de tribus que representan a seis provincias afganas, debían viajar a Kandahar para negociar una rendición pacífica de los talibanes.
Hamid Karzai, importante jefe pashtún cercano al ex soberano, había dicho antes por teléfono satelital a la AFP desde la provincia de Uruzgan (centro-este) que intentaba negociar la rendición de los talibanes.
La aviación norteamericana bombardeó intensamente Kandahar, indicó la agencia Afghan Islamic Press (AIP).
En el norte del país se mantiene un solo foco de resistencia, en Kunduz, donde miles de talibanes están arrinconados. Según el general Daud «hasta 30.000 talibanes, entre ellos más de 10.000 mercenarios extranjeros, chechenos, paquistaníes y uigures están atrincherados».
Este jueves, un bombardero pesado estadounidense B52 bombardeó posiciones talibanes en torno a Kunduz.
El general afirmó que el alcalde de Kunduz había «pedido un plazo de dos días antes de pasar al ataque» para que los civiles pudieran abandonar la ciudad. Miles de combatientes mujaidines se concentraron en los alrededores esperando la orden para atacar.
Las tres provincias afganas fronterizas de Irán: Herat (norte), Farah (centro) y Nimruz (sur), fueron «liberadas» de los talibanes, pero «algunos enfrentamientos» continúan cerca de Farah, indicó la mañana de este jueves a la AFP el embajador de Afganistán en Teherán, Mohammad Jairjah.
El jefe supremo de los talibanes, el molá Omar, ahora con la soga al cuello, prometió «la destrucción de Estados Unidos (…) en corto plazo» y advirtió que prefiere «morir que participar en un gobierno dañino», en una entrevista difundida por la radio de la BBC.
El molá Omar pidió a sus tropas que se retiren de la provincia de Ghazni (sudeste), ubicada entre Kabul y Kandahar.
Mientras la Alianza del Norte, coalición heteróclita compuesta por etnias minoritarias tayika, uzbeka y hazara, acentúa su control en la capital y ya tiene en su poder los dos tercios del país, los jefes pashtunes, opuestos a los talibanes, están apoderándose de las provincias del sur y del este en una carrera contra reloj para preservar su lugar en el tablero político afgano.
Un responsable de la Alianza del Norte, Massud Jalili, embajador del gobierno afgano reconocido por la ONU en la India y cercano al asesinado comandante Ahmed Sha Massud, pidió a los comandantes de las provincias mayoritariamente pashtunes del sur y del este (entre ellas Nangarhar y su capital, Jalalabad) que discutan sin demora un «acuerdo político» en Kabul.
Dos importantes comandante pashtunes, Haji Mohammad Zaman Ghamshareek y Haji Deen Muhammad, hermano de Abdul Haq, otro líder pashtun ejecutado en octubre por los talibanes, partieron este jueves de Peshawar (Pakistán) al frente de un convoy de varios miles de hombres rumbo a Jalalabad, donde la seguridad aún no fue totalmente restablecida.
El comandante Zaman dijo a la AFP antes de partir que la «primera etapa» era llegar a Jalalabad, antes de pensar en negociaciones con la Alianza del Norte.
«Ni la Alianza del Norte ni quien sea debería intentar entrar en la provincia de Nangarhar (este)», había declarado el miércoles uno de los principales jefes locales que retomó el control de Jalalabad, Yunis Jalis, jefe del partido Hezb-e-Islami.
Otro responsable afgano, el general Abdul Samad Momand, reafirmó este jueves que los talibanes fueron expulsados de cuatro provincias del este: Nurestan, Laghman, Kunar y Nangarhar, donde los comandantes locales tomaron el poder.
A partir de ahora, las provincias de Logar (sudeste) y de Uruzgan (centro-este), están bajo control de las «poblaciones locales».
Según otros líderes afganos en el exilio en Peshawar, una reunión celebrada la noche del miércoles de la asamblea tradicional (chura) sentó las bases de un comité central para las cuatro provincias nuevamente conquistadas, dijo Hadji Amin Waqad y en la que participa Abdul Haq.
También se creó un «comité para la paz» que representa a las cuatro provincias.
En tanto, el Consejo de Seguridad de la ONU ratificó por unanimidad la noche del miércoles el plan de Naciones Unidas sobre Afganistán presentado por el representante especial onusiano, Lajdar Brahimi, para establecer una autoridad provisional y abrir paso al envío de una fuerza internacional de seguridad.
Gran Bretaña y Francia anunciaron que participarán en ella. También enviarán contingentes Italia y Australia.
Jordania anunció que enviará tropas para una misión humanitaria y Turquía comenzó los preparativos para enviar un contingente para el mantenimiento de la paz.
El enviado especial estadounidense encargado de Afganistán, James Dobbins, continuó este jueves sus reuniones en Islamabad con miras a la transición política en Afganistán. Las calificó de «fructíferas».
A principios de octubre, luego de prolongadas conversaciones entre el ex rey y una delegación de la Alianza del Norte, alcanzaron un acuerdo para formar un Consejo Supremo de Unidad Nacional de 120 miembros.
Ese Consejo podría ser un paso importante hacia un gobierno pos-talibán.
Entre tanto, Estados Unidos sigue buscando a los jefes de la red Al Qaeda, liderada por el fundamentalista islámico Osama bin Laden, principal sospechoso de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos y de los jefes talibanes, que estarían en el sur.
El portavoz de los talibanes, Tayeb Agha, dijo la víspera al canal de televisión qatarí Al Jazira, que Bin Laden y el molá Omar están «en Afganistán» y gozan «de buena salud».
El Pentágono afirmó que dirigentes talibanes y de Al Qaeda murieron en los bombardeos estadounidenses de los últimos días sobre Kabul y Kandahar, pero no Bin Laden ni el molá Omar.
El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur), anunció que reabrirá las oficinas en Afganistán y que la primera entrega de ayuda desde Termez (Uzbekistán), hacia Afganistán, llegará el jueves a Hairatan (norte).
Tanques calcinados y un reguero de cadáveres forman parte del paisaje de la carretera que conduce de Taloqán a Kunduz, la capital de la provincia homónima del noreste afgano, donde los talibanes defienden una de sus últimas posesiones de los ataques de la Alianza del Norte.
La ciudad de Kunduz es el último foco de resistencia talibán en el norte del país, después de que la capital Kabul cayese el martes en manos de la oposición sin apenas resistencia.
Los talibanes controlan un perímetro de unos veinte kilómetros alrededor de la ciudad, un lugar estratégico en medio de dos grandes carreteras, la que va de Kabul a Tadjikistán y la de Mazar-i-Sharif (norte) a Taloqán (noreste), capital de la provincia de Tajar, que el pasado fin de semana cayó en manos de la oposición. *
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